Un perverso sistema en contra de inversores como usted

Federico Tessore

Los políticos son unos de los peores enemigos de los inversores individuales. Si nos sigue hace un tiempo en este newsletter semanal de inversiones, seguramente habrá leído innumerables veces nuestra crítica contra estos funcionarios públicos que sólo tienen poder y dinero porque se lo quitan a personas como usted.

Ahora, cada vez que insistimos sobre este punto, varios lectores nos escriben criticando nuestra visión, pero además, acusando como los verdaderos “malvados” de la película a las grandes corporaciones, banqueros, economistas y abogados que trabajan para estas organizaciones.

Estos lectores además nos acusan de defender intereses “ocultos” o secretos con nuestro argumento. Se creen que yo personalmente, o InversorGlobal como organización, “defendemos” los intereses de estas grandes empresas al proclamar que estamos en contra de la intervención del Estado en los mercados y a favor de la libre iniciativa y el libre mercado.

La realidad es que esto no es cierto. Estamos tan en contra de los políticos que viven de nuestro dinero como de estos grandes bancos u organizaciones financieras que se aprovechan del dinero del inversor individual para subsistir y hacer muy buenos negocios, independientemente de si son rentables o no. 

Es que en definitiva, estamos hablando de lo mismo. Tanto políticos como representantes de los bancos e instituciones globales defienden un sistema donde la clave es crear nuevas formas para mantener e incrementar sus privilegios.

¿O qué le parece lo que logró el sistema financiero estadounidense en el año 2008, cuando hizo que la Reserva Federal de Estados Unidos los salvara, prestándoles billones de dólares para que no quebraran?

¿Usted se cree que ese dinero es gratis? No, nada es gratis en este mundo. Siempre alguien tiene que pagar la cuenta. Y no dude que en ese caso la cuenta la están pagando los millones de estadounidenses y personas de otras partes que usan el dólar como moneda para guardar su patrimonio. Los bancos se salvaron, sus representantes siguieron cobrando millonarios bonus, pero el patrimonio de millones de personas vale menos hoy que antes de esa crisis.

Los bancos se las arreglan para influir en los políticos, para lograr favores que hagan crecer sus negocios; y los políticos favorecen a sus amigos banqueros para perpetuarse en el poder y esconder sus propios problemas. Ambos se apañan y se protegen creando un sistema perverso que sólo los beneficia a ellos. 

Existe una gran confusión -especialmente entre los argentinos- entre defender el libre mercado y la libre iniciativa, y defender a los poderosos de turno -incluyendo a los bancos-, sus economistas y los “amigos del poder”.

La creencia general es que el libre mercado favorece a esta élite. Y la realidad es que esto es totalmente al revés. Defender el libre mercado implica atacar a este pequeño grupo que se aprovecha de sus influencias y redes de contactos en el poder de turno para hacer mucho, mucho dinero.

Vamos a algunos ejemplos concretos. 

Miremos el negocio de los medios en la Argentina. ¿Usted se preguntó alguna vez por qué el negocio de los medios en la Argentina está en su mayoría en manos de empresarios petroleros, industriales, financieros o de cualquier rubro menos el de los medios?

La respuesta es simple. Como el principal ingreso de muchos medios es la publicidad del Estado, sólo puede comprar un gran medio de comunicación aquél que tenga el favor del Estado. Si uno no tiene el guiño oficial, no puede mantener un medio independiente y rentable por mucho tiempo.

Por ello, los empresarios “amigos del poder” son los que terminan comprando los grandes medios de comunicación. Pero no sólo porque consiguen publicidad del Estado, sino que estos empresarios tienen un objetivo más ambicioso aún con la compra de estos medios.

Ordenan a sus redacciones publicar noticias favorables al Gobierno de turno y de esta forma se congracian con los funcionarios, que en “agradecimiento” les acercan negocios paralelos y muy rentables. Estos empresarios terminan “ganando” licitaciones públicas u obras de construcción con el Estado. Allí es donde hacen el verdadero dinero.

La ecuación es simple. Sólo acceden a estos grandes y muy rentables negocios aquéllos que tengan relaciones con el poder de turno. No importa la capacidad, los antecedentes o la historia. Si uno se las arregla para conocer y “convencer” a la persona indicada, accede a un negocio millonario.

Le pregunto, ¿eso significa libre mercado?

Nada más alejado. Esta “economía de amigos” no tiene nada que ver con eso.

En un sistema de libre mercado la distribución de publicidad por parte del Gobierno se basaría en criterios objetivos o estaría en manos de funcionarios técnicos sin intervención política. Esto crearía la plataforma para que aquellos emprendedores argentinos que tengan las agallas y la perseverancia suficiente para lanzar medios de comunicación que gusten a sus lectores, con el tiempo, se conviertan en grandes empresarios de medios de comunicación. 

El Gobierno ya no determinaría qué empresario puede acceder a un gran medio o no. La creatividad, el empeño y la eficiencia de los emprendedores lo dictarían. Y en última instancia, lo determinaría el mercado, que no es ni más ni menos que usted o yo tomando decisiones todos los días sobre lo que nos gusta o no.

Lo mismo pasa en el resto de las industrias. ¿Qué pasaría si en vez de que el Estado gaste US$ 2 millones por día para mantener a Aerolíneas Argentinas con vida, no pone a disposición de emprendedores argentinos ese dinero, mediante líneas de crédito o facilidades para acceder al capital necesario, para que los argentinos que estén capacitados y se animen puedan lanzar una línea aérea privada? Asumiendo riesgos con su propio patrimonio y dejando a los consumidores que decidan si el negocio va a funcionar o no.

Es que en definitiva, es el verdadero “libre mercado”, al contrario de lo que la gran mayoría de argentinos piensa, el que destruiría los privilegios de los políticos y de los “amigos del poder” que tanto nos insultan y enervan.

El problema es que, para los argentinos más jóvenes, el único recuerdo que tenemos del “libre mercado” es la década menemista con sus excesos y privilegios. Y para los más viejos, el recuerdo más fuerte que tienen de “libre mercado” es la nefasta era de las dictaduras argentinas y sus terribles limitaciones a las libertades individuales.

Esos dos ejemplos explican en gran parte el perjuicio y el “odio” que el argentino promedio tiene sobre sistemas que implementan otros países cercanos, como Chile o Brasil, o más lejanos como Singapur o Corea, para progresar y crecer.

Y hablando del mundo, el tema se pone más divertido aún, porque éste es el argumento que muchas personas usan para justamente “demostrar” cómo la “libertad económica” sería el mal de todos los problemas que están experimentando muchos países desarrollados en la actualidad.

Los que critican la idea de que las personas podamos vivir libremente, sin intervención del Estado en áreas que excedan a la justicia y la seguridad, ponen el ejemplo de la crisis que se da desde el año 2008 en el mundo desarrollado.

Nos proponen que miremos lo que pasa en Estados Unidos, España o Grecia para darnos a entender que la libertad económica no funciona ni en el mundo desarrollado, que el capitalismo está en extinción y que es el causante de las grandes desigualdades que existen en este mundo. 

Ahora me pregunto, ¿es c

ierta esta visión?

¿No será que en realidad estos países en crisis no estaban implementando un verdadero capitalismo? ¿O que en realidad estaban implementando un capitalismo incompleto y parcial?

¿No será que estos países entraron en crisis por un exceso de intervención del Estado, por dirigismo y por gastos de los Gobiernos que no se pueden mantener?

Porque en países como Estados Unidos o España las instituciones también están presentes en la mayoría de los aspectos de la vida de sus ciudadanos, y cuando esto pasa estamos hablando de Estados que gastan mucho dinero.

La realidad es que para solventar estos Estados cada vez más grandes, cada vez más determinantes en nuestras vidas, hay que encontrar formas para financiar el gasto. Y, lamentablemente, para lograr esto sólo existen tres alternativas: o los gobernantes le sacan cada vez más dinero a sus ciudadanos, o emiten cada vez más deuda, o emiten cada vez más dinero sin respaldo.

Y esto por supuesto termina en crisis que pueden tardar un poco más o un poco menos en explotar, pero que no dude de que terminarán de ocurrir a medida que los déficits fiscales crecen y la deuda se hace impagable.

¿O qué le parece que representa la enorme deuda y el enorme déficit fiscal que tienen estos países y que precipitó cada una de esas crisis?

No es ni más ni menos una representación clara del exceso de gasto de estos políticos y empresarios que quieren mantener sus privilegios y mantener sus negocios ineficientes.

Los políticos en todo el mundo viajan en aviones privados, viven en lujosas embajadas, se manejan con impresionantes comitivas de funcionarios, custodios y peluqueros. Es que estos “reyes” del siglo XXI son especialmente inteligentes. Tienen la habilidad de vivir como “reyes” pero con plata ajena.

Nuestro dinero financia estos excesos y despilfarros.

Y no tenga duda de que nosotros, hablo por todos los ciudadanos de cada una de estas naciones, somos sus grandes cómplices. Muchos de nosotros creemos que el Estado es el responsable de arreglarnos nuestras vidas.

Muchos de nosotros, la gran mayoría digamos, criticamos al Estado cuando algo no nos sale o nos sale mal. Pensamos: “El estado es el que nos va a salvar”. Y si un Gobierno no lo logra, buscamos otro salvador. 

Y en esta búsqueda de salvadores surgen los grandes líderes populistas de nuestra era, incluyendo al ex presidente de Venezuela Hugo Chávez, o a la propia familia Kirchner en la Argentina. Líderes que se arrogan el poder de salvarnos y en esta gesta patriótica, se creen en el derecho de decidir por nosotros en casi todo lo que quieran.

“Nosotros sabemos qué es lo que está bien para ustedes”, parece dictar los principios de las acciones de estos líderes “salvadores”. Y la mayoría de la población los vota en una búsqueda desesperada de salvación. Una salvación instantánea, paternal, sin esfuerzo, una mera ilusión de bienestar que tarde o temprano terminará en una dolorosa explosión. Una droga que nos convierte en adictos y dependientes.

Lo que me pregunto ante la realidad que nos toca vivir y leer en los diarios todas las semanas: ¿no será  hora de cambiar de receta? ¿No será hora de empezar a buscar políticos que no quieran salvarnos sino que sólo se limiten a gobernar dentro de las normas y focalizados en brindarnos justicia y seguridad?

¿No será hora de ocuparnos nosotros mismos del resto de los temas de nuestra vida?

En esta línea, sólo le pido que piense el impacto de las siguientes tres medidas en una sociedad. Supongamos que los ciudadanos de un país se movilizan y logran imponer esto en la constitución del país:

1 – Límite a la deuda: Se prohíbe la posibilidad de que un Gobierno tome deuda pública, ya que esto implica asumir obligaciones futuras por generaciones que hoy ni siquiera existen y que no pueden opinar. Por lo tanto, no es un sistema justo y se elimina completamente.

2 – Límite a los impuestos: Se prohíbe al Gobierno la posibilidad de crear impuestos que representen más del 25%, por ejemplo, de los ingresos de los ciudadanos. Hoy en la Argentina la carga impositiva supera el 50% y crece año tras año. Esta nueva reglamentación limita fuertemente la posibilidad de incrementar los impuestos por los Gobernantes de turno.

3 – Abolición del déficit fiscal: Se prohíbe el déficit fiscal. El Estado sólo puede gastar lo que le ingresa, ni un peso más, nunca más.

¿Imagina la realidad de un país regido por estas tres nuevas, rígidas y simples medidas?

Tal vez nos permitan imaginar a funcionarios viajando en vuelos de línea, sin peluqueros ni estilistas, a un Estado vendiendo las mansiones que tiene en todo el mundo como alojamiento de sus embajadas, a Gobiernos que no pueden favorecer más a sus “amigos” porque se quedaron sin dinero…

Y mucho más importante aún, son medidas que permiten imaginar a una población dueña de su propio futuro y responsable de su progreso, ciudadanos con muchos más ingresos en sus bolsillos, con muchas más posibilidades de hacer negocios, de convertir proyectos en realidad. Con muchas más posibilidades de generar empleos productivos y dignos. En fin, un país lleno de oportunidades para quienes estén dispuestos a esforzarse y trabajar.

¿Queda desanimado luego de este panorama que le doy? Nada más alejado de mi intención. Aunque no lo crea, hoy tenemos a nuestro alcance dos herramientas únicas para salir de este perverso sistema que le relaté en esta columna.

Hoy tenemos dos grandes armas a nuestra disposición:

1 – El conocimiento y el acceso a la información: Éste es un golpe de knockoutpara las élites. ¿Quién hubiera imaginado que cualquier ciudadano de este planeta puede hoy subir un video a internet y comunicar sus ideas a millones de ciudadanos en todos los rincones del mundo? Absolutamente nadie. Y esto tiene y tendrá cada vez más efectos muy profundos sobre nuestras vidas. 

Los políticos y los “amigos del poder” estarán cada vez más expuestos a que sus atropellos se den a conocer. Y además -y más importante-, ya no serán los únicos que tengan la fórmula para conocer cómo hacer negocios, cómo comerciar, cómo invertir.

Por supuesto que necesita el conocimiento adecuado para usar esa información cada vez más accesible. ¡Pero el conocimiento también tiene un acceso más fácil y económico!

Con sólo una conexión a internet y una computadora podemos acceder a información en todas partes del mundo, de todas las disciplinas y de una forma muy económica y veloz.

La tecnología democratizó el acceso al conocimiento y esto nos iguala a todos de una manera determinante.

2 – La libertad financiera: Esto que pasa en el mundo de la tecnología y la comunicación nos da una enorme oportunidad para lograr una completa libertad financiera en nuestras vidas. Estoy hablando de aquel tipo de libertad que nos permite no depender de ningún Gobierno ni funcionario de turno.

No estoy hablando sólo del argentino, estoy hablando de todos los Gobiernos. La verdadera libertad financiera implica ser totalmente independiente de autoridades y crisis que puedan ocurrir.

Implica construir una cartera de inversiones a prueba de políticos, a prueba de corporaciones y a prueba de banqueros.

Hoy aunque parezca mentira esto no es imposible. Cualquier inversor de cualquier parte del mundo y que pueda acceder a ese conocimiento y a las herramientas adecuadas lo puede hacer.

Por ello, si usted aún no es suscriptor de la Revista InversorGlobal conviértase en uno ahora mismo. En la revista le mostramos todos los meses ideas y herramientas que puede utilizar para lograr este objetivo.

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Porque hoy más que nunca, en esta era donde las grandes desigualdades salen publicadas en YouTube y el conocimiento está a un click de su alcance, la oportunidad para ser financieramente libres y no depender del favor de los Estados corruptos y depredadores es una realidad cada vez más cercana.

Le deseo un excelente fin de semana,

Federico Tessore.
Para InversorGlobal Argentina.

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