Lluvia de dólares podría transformarse en leves precipitaciones

Soja Argentina DolaresJugando al tenis siempre fui un perro. No obstante, con brillante tozudez, mi madre no renunciaba al sueño de tener un hijo tenista. Me mandó con el mejor profesor que su sueldo permitió conseguir. “Flaco, no inventes golpes, drive y revés”, solía decirme este hacedor de campeones para el cual fui uno de sus principales fracasos. Yo hacía mi magia, inventaba tiros y creaba nuevas jugadas que se traducían sistemáticamente en derrotas.

Con el paso del tiempo, mi madre asumió que no había engendrado al futuro Pete Sampras, pero a mí me quedaron grabadas a fuego las palabras de mi entrenador: “No inventes golpes…”

En la economía, sucede algo similar. Ante un problema existen tres grandes grupos de políticas a través de las cuales poder resolverlo: la fiscal (ingreso y gasto, como cualquier familia), la monetaria (cantidad de dinero circulante y tasa de interés) y la cambiaria (cotización del peso, contra otras monedas).

Mucho más no hay…

Cuando uno se sale del libreto original, es lógico esperar que las consecuencias también sean de lo menos ortodoxas.

Si cuando tenemos inflación, en vez de atender las causas, intervenimos a la entidad encargada de medirla, estamos inventando golpes. Si luego de la intervención, esas mediciones se tornan poco confiables y no se tienen en cuenta para las negociaciones salariales, la presión sobre la inflación no se reduce. Poco podría influir en las expectativas de la gente un congelamiento de precios que no vaya acompañado de otras medidas. Estamos inventando golpes…

Si en 2011 descubrimos que la importación de hidrocarburos y la fuga de capitales están afectando la balanza comercial y -en consecuencia- instauramos en noviembre un cepo cambiario; entonces estamos inventando golpes. Estas maniobras se pueden escudar detrás de patrióticas pesificaciones. Nadie discute que una economía en pesos sería más sana. No obstante, el argentino nunca respondió bien a las imposiciones y -por otra parte- la raíz de la enfermedad sigue ahí.

TÍPICO: UN METEORÓLOGO FALLANDO SU PRONÓSTICO

Como le venía contando, cuando un Gobierno intenta resolver los problemas económicos con políticas que están fuera del libreto, las consecuencias también lo están. Hoy, todos estamos cruzando los dedos para que la liquidación de la cosecha de soja -que culmina en mayo- se traduzca en una lluvia de dólares. Todas nuestras plegarias apuntan a un solo santo: “el yuyo”. Sin embargo, el último pronóstico parece contradecir al anterior. Todos esperábamos una cosecha récord (me incluyo).

Siguiendo las estimaciones de las principales consultoras, todo parecía indicar que la cosecha cerraría en 55 millones de toneladas. Iba a ser el mayor volumen en 12 años. Con lo que no contábamos era con que las lluvias y las inundaciones afectarían los rindes de la oleaginosa. Si bien la cosecha que se espera es buena, ahora se estima que sea un 13% menor (48 millones de toneladas, un 20% superior a la campaña anterior), no es la salvación de la que se hablaba. A esto hay que sumarle el hecho de que algunos productores no quieren liquidar todavía, apelando a las posibilidades de stockeo que le permite la revolución tecnológica del silo bolsa.

Un informe de la consultora Abeceb así lo explica: “la demora en la liquidación de soja resulta evidente, dado que hasta el momento se habría vendido aproximadamente un 30%, cuando en cualquier otro período a esta altura del año suelen observarse ventas por alrededor de un 45% del total. Incluso, hay que tener en cuenta que la producción puede conservarse sin demasiadas dificultades por hasta dos años con una pérdida mínima de 4%/5% (que hasta podría reducirse a 0% con el uso de cierta tecnología disponible). De hecho, en 2013 esa estrategia podría conducir a los productores a retener hasta 8 millones de las 48 millones de toneladas proyectadas para el año (o sea casi un 20%)”.

EL CEPO PATRIÓTICO

Bien sabe usted que el cepo cambiario no nació del deseo patriótico de un Gobierno que quiere manejarse con los Roca (hora Evita). La balanza comercial, como puede ver en el siguiente gráfico, sufrió la presión de un país que pasó de ser referente hidrocarburífero a importador de combustibles.

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Casualmente, la semana pasada hubo un cruce entre el diario La Nación con el ministro de Planificación, Julio de Vido. El matutino anticipó que este año serían US$ 15 mil millones los que insumiera la importación de combustible, un número que el funcionario desmintió categóricamente. Podemos diferir en los pronósticos, pero el año pasado se necesitaron US$ 9.000 millones para este ítem, lo cual es una barbaridad.  En el primer bimestre de este año -según Abeceb-  ya se necesitaron US$ 847 millones más que en igual período de 2012 para comprar combustible. El incendio de una de las destilerías de YPF no mejora el panorama. Los expertos dicen que en 2013 obligará a compras adicionales de gasoil por US$ 500 millones (para los más optimistas).

El cepo se ajusta, pero el problema de fondo sigue. Y vale aclarar algo, esto no se tradujo en un Banco Central que acumula reservas para defender al peso, no creció la espalda de la entidad que conduce Mercedes Marcó del Pont.

El miércoles pasado se perforó el piso psicológico de los US$ 40 mil millones de reservas. Las consultoras están revisando sus proyecciones a la baja y al banco estadounidense JP Morgan no le tembló el pulso a la hora de indicar que este año cerrarían en US$ 37.500 millones, US$ 5.500 millones menos que el año anterior.

Un escenario que parecía más holgado mutó en uno donde la escasez de divisas será una vez más protagonista de la novela del blue.

Esto será así hasta tanto no se ataquen las causas reales, hasta tanto no inventemos más golpes…

Un saludo cordial,

Ignacio.

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