La soberbia y los pecados del inversor

Aumento de los salarios reales y baja del desempleo a niveles históricos. El Gobierno festeja y la oposición se tira los pelos para tratar de mostrar el “lado oculto” de estas cifras, poniendo énfasis en la desigualdad en la distribución del ingreso. “Está bien, pero no es suficiente”, parecen decir.

(Que no lo hayan hecho ellos cuando estuvieron en el Gobierno… bueno, ése es otro asunto). 

Lo que me interesa acá es hablar de un tema que poco a poco va ganando espacio en los medios pero que los candidatos no parecen tomar en cuenta.

Se trata de la deuda en que muchos chilenos siguen cayendo y que para el futuro podría transformarse en un gran problema, tanto para la economía en general como para las familias en particular.

Veamos algunos datos. Hace un par de semanas el diario El Mercurio publicó que tras el “borrón y cuenta nueva” de 2012 para los deudores de Dicom, la deuda promedio de los morosos registrados por el temido boletín comercial aumentó en un 40%, desde $948 mil a $1,3 millones. 

Y la cuota promedio de esa deuda total subió a casi el doble, desde $133 mil del año pasado a $268 mil en la actualidad. 

La conclusión rápida es que si bien los chilenos tienen mayores ingresos, su deuda aumenta a un ritmo aún más acelerado que el crecimiento de los mismos. Y esto infla un globo que, eventualmente, deberá explotar.

      Según sus datos, existen 2,43 millones de RUT en Dicom, el doble de los 1,18 millones de personas con deudas impagas que se mantuvieron en el sistema en febrero de 2012, luego del “borrón” de datos que generó la Ley 20.575 sobre uso de información comercial, conocida como “Ley no más Dicom” y que favoreció a 2,9 millones de morosos con deudas bajo los $2,5 millones, las que fueron borradas de un registro de 4,6 millones de RUT.

      A un año de la polémica medida, el debate en torno a su impacto se mantiene. El gerente general de la Cámara de Comercio de Santiago, Cristián García-Huidobro, muestra su preocupación por el alza de la morosidad en casas comerciales. “No es que la gente no pueda pagar, sino que no quiere. Este cambio se enmarca dentro de una corriente mayor que es la exacerbación de los derechos con abandono de los deberes”, afirma.

      (…)

      Así como la morosidad avanza, los niveles de endeudamiento de los chilenos son un patrón a considerar. Cifras de agentes de la banca indican que los 4.044.713 deudores de créditos de consumo exhiben una deuda promedio de $3.787.000, aunque con una “dispersión bastante marcada por rango de deudas”, según explican. Del total, un 25% debe entre $1 millón y $3 millones; el 24%, entre $3 millones y $5 millones, y el 23%, menos de $300 mil.

      (…)

      El superintendente de bancos, Raphael Bergoeing, corrobora la visión de la industria indicando que, por ahora, “no hay preocupación, sino que hay una ocupación” respecto a la morosidad y endeudamiento, que han evolucionado en línea con el ciclo de expansión económica del país. Esto, sin embargo, no elimina “la obligación” de mantener una mirada prudencial que considere posibles problemas a futuro.
Pocos días después de publicada esta nota, el diario La Tercera fue a buscar al gerente de comité de retail financiero, Claudio Ortiz, para profundizar en el tema instalado previamente por el diario de la competencia. Si bien Ortiz no entregó demasiado, sí planteó que desde su sector estaban evaluando si el aumento en la morosidad del sector se debía a un tema coyuntural o estructural.

También apuntó a que las facilidades que el intercambio financiero electrónico da a los consumidores para efectuar transacciones podrían, al mismo tiempo, ser en parte causa de un desorden en sus cuentas que los estaría llevando a endeudarse más de lo que deberían.

Sin embargo, sí deslizó una preocupación con una frase del tipo “honestidad brutal”:

      “Es sorprendente que con una economía robusta y pleno empleo esto acontezca. Por esta razón, estamos evaluando este fenómeno y tratando de concluir si se trata de una situación estructural o coyuntural”.


Repito, se gana más. Pero la gente se endeuda todavía más.

Lo cierto es que en una situación de mayores ingresos y sin problemas de empleo esto no debería causar demasiados problemas a la estructura económica en general. Como se dice en el mercado del retail, los chilenos son “buenos pagadores” y aunque la morosidad haya aumentado, de todos modos existe una cierta voluntad de pago que los prestadores no ignoran y que se traduce, al mismo tiempo, en una “voluntad de préstamo” de parte suya hacia los consumidores.

En pocas palabras, aunque se vea que los niveles de deuda y morosidad suban, si los sueldos también lo hacen es poco probable que haya problemas en el sentido de conseguir eventuales repactaciones o nuevos préstamos para pagar los anteriores. Es poco probable que se deban tomar medidas como la limpieza de carteras vencidas de los estados contables que pongan en peligro. En nuestra nota “Los bancos siempre ganan”, publicada en la edición mensual de la revista InversorGlobal Chile, mostramos las razones de su actual solidez financiera y por qué se prefiguran como una de las mejores apuestas para 2013. 

Sin embargo, la cara negativa de que el crédito siga fluyendo hacia los consumidores es que el nivel de gasto no baja. Y en ese sentido los números de una economía impulsada por la demanda siguen su curso ascendente de manera tal que ya más de uno ha comenzado a hablar de un posible “recalentamiento”.

Veamos qué dijo hace unos días La Tercera:

      El mayor dinamismo que presentó la economía chilena en el último trimestre de 2012 y a comienzos de 2013 llevó a que el Banco Central (BC) elevara su proyección de crecimiento para este año, pasando desde el rango de 4,25%-5,25% estimado en diciembre, a 4,5% a 5,5%. También subió la expectativa para la demanda interna de 5,7% a 6,1%, la que sería impulsada por la inversión (7,2%) y el consumo (5,7%), a la vez que redujo levemente la estimación de inflación para el año de 2,9% a 2,8%.

      Pese a este mayor dinamismo, el presidente del ente rector, Rodrigo Vergara, desestimó que la economía chilena esté sobrecalentada, como lo han señalado algunos analistas, aunque sí planteó que se debe seguir de cerca cómo evoluciona la demanda interna en los próximos meses.


Si hay algo que he aprendido en Argentina es que si un político dice que A no va a pasar, hay que prepararse para la llegada de A. Porque, ¿para qué hablar de un problema que no existe?

Y esto queda reforzado cuando en el dominical del mismo diario aparece el consejero del banco, Enrique Marshall, diciendo que no ve “ningún peligro de tardanza” en el accionar del instituto rector como regulador del “tiraje” de la economía chilena. 

El problema de no ajustar las variables económicas para evitar sobresaltos es que, cuando la realidad de un sobrecalentamiento llega –y su primer síntoma es la aparición de procesos inflacionarios-, entra sin golpear a la puerta ni pedir permiso.

Y ante esa realidad se debe estar resguardado, porque cuando las tasas de interés suben se corta el chorro del crédito y el estilo de vida -para quienes estaban basados en esta variable- cambia de manera radical. 

“Nosotros pensamos que e

l IPC está perfectamente bien calculado”, dice Marshall, ante la pregunta de si podría haber errores en el cálculo del índice que podrían estar conduciendo a eventuales malas apreciaciones de la realidad económica.

La soberbia es mala consejera y los que la tienen a su lado suelen, tarde o temprano, tropezarse con las piedras dejadas, por descuido, en el camino.

El hombre está completamente seguro de sí mismo y de su labor, ¿usted puede decir lo mismo de su billetera y finanzas personales?

Si la respuesta es  “no”, lo invito a hacer click acá.  

Saludos,

Felipe.

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