Impresión en 3D: La imaginación es el límite

Juan Pablo De Santis

Las impresoras podrían reconvertirse para pasar a crear objetos en tres dimensiones. La venta de computadoras para los hogares ha creado un mercado mundial de tinta y el papel para que los usuarios puedan sacar de su máquina a sus escritos y dibujos. Desde hace diez años, algunos inversores se convencieron de que el futuro de este sector bien podría estar en periféricos capaces de “imprimir” objetos a partir de un diseño digital.

Bienvenido a la impresión en 3D: una máquina con la capacidad de fabricar productos tales como piezas, prótesis o hasta adornos utilizando la superposición de capas de diversos tipos de materiales. Esta tecnología ha eclosionado en 2003, cuando comenzó a recibir fuertes inversiones, ya que la investigación permitió generar equipos más eficientes (en tiempo y costo) que otros dispositivos de manufactura.

Los métodos disponibles para imprimir en estas máquinas -de precisión milimétrica- se ajustan a cada necesidad: desde polvos que se solidifican formando capas hasta polímeros líquidos. En la actualidad cada tipo de máquina se ajusta a las necesidades del comprador, que puede provenir desde negocios como la joyería o la industria automotriz hasta la ingeniería civil o la medicina anatómica.

Una apuesta a la escalabilidad

Como toda tecnología emergente, los inversores han visto en las impresoras 3D la posibilidad de generar negocios por abaratamiento de costos. Todas estas ideas, además de operar en el plano de la investigación, también lo hacen en el terreno de las ganancias potenciales. Imagine que es dueño de una fábrica y en vez de comprar repuestos al exterior, ahora podrá fabricarlos a medida, a menor costo y tiempo cada vez que los necesite. O bien, si desea crear una prótesis médica completamente personalizada y en poco tiempo.

La mayor arma de seducción de esta tecnología es la posibilidad ilimitada de diseñar a medida cualquier tipo de objeto, sin la necesidad de cambiar o mandar a fabricar una matriz. La propagación de esta tecnología despertó el interés de Google, cuyo sitio Sketchup.com brinda la posibilidad de compartir diseños en tres dimensiones que propagan en Internet la capacidad de las personas de fabricar “cosas” en sus propios hogares.

Los cuatro meses que van de 2013 fueron prósperos en noticias que dieron cuenta de la penetración mundial que está teniendo la impresión 3D. El 31 marzo el diario británico The Telegraph dio a conocer la historia de Eric Moger, un gastronómico que tras haber perdido la mitad de su rostro a causa de un tumor logró recuperar su aspecto anterior a la operación gracias a una prótesis facial hecha con una impresora 3D.

Entre las aplicaciones médicas ya se encuentra el diseño de huesos artificiales (dientes incluidos) para implantes en zonas dañadas del cuerpo. Las investigaciones en curso en esta materia sueñan con generar partes de órganos.

Aún es imposible saber con certeza cuándo esta tecnología se extenderá a los hogares o bien cuándo encontraremos por la calle locales que brinden el servicio de impresión 3D por unos pocos dólares. Hasta el momento, en sitios tales como MercadoLibre.com se pueden comprar pequeños dispositivos de generación de objetos tridimensionales por US$ 1.000 o hasta 1.900 aproximadamente.

A nivel mundial, el proyecto Replicating Rapid-prototyper (RepRap) -que se inició en 2006- está al tope de las preferencias de los consumidores hogareños. Se trata de una pequeña máquina capaz de generar piezas a partir de un diseño de computadora. Por ejemplo, un coleccionista de autos a escala podría descargarse modelos digitales para hacerlos realidad en algunos minutos en el garaje de su casa.

Esta máquina cuesta unos US$ 453 en el mercado internacional y permitiría en el futuro comercializarla con comunidades o personas para que creen y/o impriman objetos necesarios para su vida cotidiana (como partes de una máquina) sin la necesidad de apelar a grandes procesos industriales.

A mucha mayor escalada, el modelo RepRap es tomado por industrias militares y aeronáuticas. La construcción de máquinas que fabriquen piezas para replicarse a sí mismas permite alivianar las cargas y hacer más versátiles a misiones militares o espaciales: dado que no obligaría a transportar grandes existencias de repuestos, sino que tan sólo un bien de capital que pueda fabricar en el momento cualquier pieza dañada.

Asia, un player que quiere pisar fuerte

La mayor parte de las empresas dedicadas a este rubro están basadas en Estados Unidos y Europa. Recientemente, los gobiernos asiáticos decidieron hacer grandes apuestas al desarrollo de este segmento de negocios, prometedor por su capacidad de innovación.

El 5 de febrero, China anunció una inversión por US$ 80 millones para la creación de un centro de innovación para impresión 3D. El proyecto está localizado en Chengdi (al sudoeste del país) y es liderado por la Universidad de Ciencia y Tecnología de Huazhong, la Universidad de Aeronáutica y Austronáutica de Beijing y la Universidad Tsinghua.

El 25 de marzo, el Gobierno de Singapur inició una apuesta mucho más ambiciosa: invertirá US$ 500 millones para capacitación de personal, desarrollo de software y financiamiento de equipos mecánicos para el desarrollo de la industria de la impresión 3D.

Esta clase de créditos públicos sirve básicamente para estimular al sector privado interesado en el segmento. Uno de los ejemplos más notables es el de Mark Lim, un ingeniero aeroespacial de 27 años que se instaló en Singapur para abrir las puertas de 3D Matters, una firma que brinda servicios de impresión para quienes realizan diseños y buscan una terminal moderna y barata para hacerlos tridimensionales.

Para continuar leyendo esta nota y aprender más sobre inversiones en tecnología de innovación,  haga click aquí y suscribase a la revista InversorGlobal. 

O haga click aquí para suscribirse a InversorGlobal Chile.

Deja tu respuesta