Compremos Ferraris

Apenas podemos respirar. No podemos parar de reír.

La semana pasada, Japón anunció que llevaría a cabo un experimento audaz y radical. Después de 23 años de idas y venidas de deflaciones, decidió que estaba cansado de que los artículos y productos fueran cada vez más baratos. El país imprimirá dinero hasta que la inflación alcance 2%. Esto, según creen sus bancos centrales, animará a la gente a gastar. La economía va a despegar.

¿Por qué es mejor para la gente gastar más hoy de lo que gastará mañana? ¿Por qué es mejor que los precios suban 2% en vez de bajar 2%? ¿Por qué una economía que “despega” es mejor que una que se sienta tranquilamente en la pista?

Pero estas cuestiones tendrán que esperar para ser formuladas otro día, porque nadie se molesta en preguntar hoy. Los economistas dicen que el secreto de la prosperidad es estimular la demanda. Se piensa que todo lo que estimula la “demanda” es una buena cosa.

No parece importarles que esta proposición es una clara tontería. La gente siempre quiere cosas. La “demanda” es infinita. El Gobierno no tiene que estimularla.

Lo que realmente importa es el poder adquisitivo y éste es limitado. Las autoridades tratan de resolver el problema mediante la impresión de más dinero. Entonces, con estos nuevos billetes en la mano, ¡es casi como si la gente tuviera la demanda real!

Pero eso es lo que es tan impresionante y tan gracioso de esta época en la que vivimos: ¿quién cree realmente que puede aumentar la demanda y hacer a la gente más rica con sólo imprimir más dinero? ¿Quién cree realmente que puede darle a la gente un mayor poder adquisitivo dándoles más pedazos de papel?

Al parecer, ¡casi todo el mundo! Ja, ja, ja…

La demanda real depende de los ingresos reales, no sólo de más divisas. La gente compra cosas cuando produce cosas. Ésa es la “Ley de Say”, llamada así por Jean-Baptiste Say. El poder de compra -o la demanda- proviene de la producción, no de los pedazos de papel.

Los economistas y los banqueros centrales no pueden incrementar la demanda real. ¡Pero seguro que la pueden mover un poco!

Dar dinero a los países pobres -la llamada ayuda extranjera- no los hace más ricos, sino que en realidad debilita a las industrias locales y los hace más pobres. Pero algunas personas se hacen más ricas. Los concesionarios de Mercedes Benz en África se dieron cuenta de que cada vez que un nuevo programa de ayuda extranjera se anunciaba, la venta de sus modelos de gama alta se disparaba. Los infiltrados sabían que podían robar millones de esos planes de asistencia.

Ahora que se anuncian los nuevos programas de expansión monetaria (Quantitative Easing) en Japón, las ventas de Ferrari se disparan. A continuación un artículo en Bloomberg:

      Los registros de la marca ultra-lujosa del Grupo Fiat aumentaron un 40%, a 144 vehículos en Japón en el último trimestre, según la Asociación de Importadores de Automóviles del país. Eso es más del doble del ritmo que se muestra en el mercado de Estados Unidos, mientras que la demanda está cayendo en China y en toda Europa.

      El aumento de la demanda de autos de lujo se suma a los signos de que el primer ministro, Shinzo Abe, y el Gobernador del Banco de Japón, Haruhiko Kuroda, están teniendo éxito en la reactivación del gasto en el país. Los precios de las acciones están subiendo de nuevo a los niveles presentados antes del colapso de Lehman Brothers Holdings Inc. en septiembre de 2008 y los hogares han mostrado más confianza en cuanto a las perspectivas económicas.

      “El crecimiento es muy prometedor, y creo que podemos esperar que grandes marcas de autos de lujo introduzcan modelos que no habían traído antes a Japón y fortalezcan sus redes de distribución”, dijo Yoshiaki Kawano, analista automotriz de IHS Automotive, investigador de la industria, con sede en Tokio. “El optimismo por la recuperación económica se está extendiendo”.

      Para sostener el crecimiento, Ferrari ha abierto una nueva oficina en Japón, dijo Herbert Appleroth, jefe de operaciones de la compañía en ese país.


Cuando se imprime dinero, es como si hubiera emisión de nuevas acciones en una empresa pública. Las acciones actuales valen menos que antes, porque cada una representa menos del total de la compañía.

Del mismo modo, la moneda de una nación representa los bienes y servicios que produce. Se imprimen más billetes y cada unidad tendrá menos bienes y servicios detrás de ella.

Pero algunas personas obtienen las nuevas acciones -o el dinero nuevo- y son más ricas. Todos los demás pueden ser más pobres, pero las primeras personas de la fila para recibir el dinero libre salen adelante. Los economistas y otros analistas ven con buenos ojos el incremento en ventas de Ferrari.

Citando nuevamente a Bloomberg: “Parece que la demanda vuelve”, dijo Michiaki Ishida, un portavoz de la Asociación de Importadores de Automóviles. “Algunas personas están reaccionando a Abenomics, por lo que la tendencia puede continuar”.

Lo que no ven es que mientras que la “demanda” de gama alta aumenta, la demanda real en realidad ha bajado. El nuevo dinero reduce el poder adquisitivo del dinero viejo. A excepción de los pocos infiltrados y los especuladores que están primeros para obtener la plata fácil, todo el mundo se vuelve más pobre.

¿No es eso gracioso?

Un saludo,

Bill Bonner.

Bill Bonner es fundador y presidente de Agora Financial Inc., con sede en Baltimore, Estados Unidos.

Deja tu respuesta