Una extraña población que está siguiendo un plan

Federico Tessore

Reportando desde Santiago de Chile

No escuché planes revolucionarios ni peleas épicas. Tampoco me enteré de que existan malvados que quieran el mal de la nación y mucho menos conocí de reproches al mundo desarrollado.

Sí escuché a personas más tranquilas. Menos apasionadas, más equilibradas también. Sí, por supuesto escuche críticas y temores.

También vi los símbolos de desigualdad que son denominador común en todas las ciudades latinoamericanas: enormes e imponentes rascacielos en las partes más pudientes de la ciudad (cuando digo enormes no exagero, se está construyendo el edificio más alto de América Latina en Santiago…). Y por otro lado, en camino al aeropuerto vi las típicas villas miserias que podemos encontrar en ciudades como Buenos Aires, San Pablo o Montevideo. Más ordenadas -es cierto-, pero casitas con techo de chapa y muy pocas comodidades al fin.

Mi primer viaje a Santiago, donde la edición chilena de InversorGlobal ya cumplió dos meses, estuvo repleto de charlas e intercambios de vivencias con inversores locales muy interesantes.

Como siempre pasa en todas las economías del mundo, hay algunas personas que son un poco más optimistas y otras un poco más negativas. Hay algunos que ven los problemas y otros que ven las oportunidades.

Usted me preguntará: ¿cuáles son los problemas de un país como Chile, que acumula más de treinta años de políticas económicas previsibles con Gobiernos de izquierda y derecha, que mantuvieron el orden macroeconómico y las reglas del juego?

Bueno, los hay. La pobreza y la desigualdad son los más importantes. Si bien la pobreza bajó -pasó del 21% en 1999 al 11% actual- sigue siendo evidente.

Además, los problemas que generan los monopolios de las grandes corporaciones no se quedan atrás. 

Como comentaba CMR en su última nota en el newsletter chileno de InversorGlobal:

      Chile crece a tasas que superan el 5% y que durante 2012 alcanzó un PIB de USD 319.000 millones, logrando un PIB per cápita que fluctúa entre los USD 18.000 y USD 20.000, casi como un país desarrollado (pero “pobre entre los ricos”, como Portugal o Grecia).

      No obstante, hay datos que es mejor ponerlos en un contexto, todo sea para evitar que las personas como usted o como yo caigamos en equívocos. Por ejemplo, en Chile viven alrededor de 4 millones de familias, lo que totaliza, más o menos, los cerca de 17 millones de personas. De esas 4 millones de familias, sólo ocho acaparan casi el 19% de la producción total del país.


Un reducido número de familias se queda con los negocios más importantes de Chile. Estas familias -amigas del poder de turno- logran mantener sus privilegios en todos los Gobiernos que pasan. Y mientras esto ocurre, una parte importante del crecimiento se queda en pocas manos.

Pero el gran problema de los chilenos que están dentro del sistema es uno que nosotros como argentinos también conocemos: cómo armar una jubilación respetable.

Si bien en Chile hace más de 30 años que el sistema de las AFP -nuestras antiguas AFJPs- sigue funcionando y ya lleva acumulados más de US$ 150.000 millones, esto no es suficiente.

Las personas hoy se están jubilando con un promedio del 35% de su ingreso, cuando la promesa era el doble, el 70%. Algo está fallando en este sistema que Chile supo exportar a gran parte del mundo.

Ahora, como verá, a diferencia de lo que puede leer en otros medios, estamos hablando de los problemas del “milagro chileno”. ¿Esto quiere decir que se está haciendo todo mal en ese país, por lo tanto hay que cambiar todo y hacer lo contrario?

Bueno, ésa sería la solución “argentina” de los problemas. Romper lo que hizo un Gobierno anterior y hacer todo lo contrario. Y así empezar de nuevo cada ocho años aproximadamente.

La solución chilena es otra. La solución chilena implica respetar el proceso de desarrollo que comenzaron tres décadas atrás e intentar mejorarlo año tras año. ¿O a usted le parece que el camino del crecimiento es corto, fácil e instantáneo?

Ya no hablo sólo de los países. Piense en su vida personal o laboral. ¿Usted logró sus objetivos de un día para el otro y sin perseverancia? ¿Usted claudicó y cambió todo ante la aparición de los primeros problemas?

Seguramente no. La única forma de lograr objetivos es respetando procesos. Construyendo y mejorando a medida que toma forma. Ajustando, analizando, evaluando y luego siguiendo adelante en pos de una meta clara y alcanzable.

En esta línea, la solución “argentina” del problema de las AFJPs chilenas -las AFP- sería cerrar este sistema y estatizarlo, por ejemplo. Tirar por la borda 30 años de trabajo y darle la responsabilidad al Estado para que encuentre la solución “mágica” y la más “justa” para el pueblo…

La respuesta chilena debe ser mejorar el sistema, lograr que las AFP sean más eficientes en la administración de los fondos, que los incentivos para que estas empresas inviertan bien el dinero de los aportantes sean más claros. Es decir, no romper un sistema, sino mejorarlo.

Romper el sistema es equivalente a que usted decida sacarle Internet a su hijo porque tiene miedo que encuentre información no apropiada para su edad. ¿Y si en vez de prohibirle Internet no implementa un filtro de contenidos?

Hay soluciones inteligentes a los problemas -que permiten mantener los beneficios y eliminar los riesgos- y soluciones tontas a los problemas -que eliminan los riesgos, pero también los beneficios. El país parece estar empecinado en aplicar soluciones inteligentes a sus dificultades.

El otro gran desafío de Chile en este momento parece ser su mercado inmobiliario. 

A cada lugar que uno mira en Santiago ve grúas de construcción. En todos lados, según comentaba Felipe Ramírez, editor de la versión chilena de InversorGlobal en su último newsletter

      En dos días seguidos, dos personas nos dijeron exactamente lo mismo: “yo me compré un departamento hace tres años y hoy vale un 30% más de lo que pagué”.   

      Al preguntar por las razones, el desconcierto era calcado. “No tengo idea”, nos dijeron ambos, con un día de diferencia y cada uno entre risas por la excelente inversión hecha. “Ahora tiene tres años de uso, debería ser al revés”, dijo uno refiriéndose a la obvia depreciación del bien, que no encontraba correlato en su valuación comercial. “Pero el suelo ha subido su precio y los departamentos nuevos que se construyen en el barrio siguen subiendo”, remató.

      El otro nos habló de una especie de teoría conspirativa respecto de una supuesta colusión entre los desarrolladores, los bancos y los tasadores. “Si el tasador pone el precio muy abajo, entonces el banco no puede prestar tanto como quiere y el desarrollador no puede cobrar tanto como quiere. Entonces si alguien tasa un inmueble muy abajo, el banco va a ir donde otro tasador que le ponga a la propiedad un precio más alto que haga cerrar el negocio”. Cuando lo encuentra, los precios, las comisiones y los pagos por intereses son más altos para todos. De ser cierto, este esquema tiene -para ellos- muchas ventajas y pocos puntos flacos. 

      “Claro, el mejor negocio se hizo hace cinco años, pero todavía queda espacio para ganar antes de que todo explote”, me dijo otro, sin falso cinismo.

El diario chileno El Mercurio, en su edición del viern

es pasado, titulaba su sección de economía con “Chile está entre los países donde más subió el precio de las viviendas en el mundo en los últimos seis años”.

Con un alza de 40% sólo era superado por Brasil, Hong Kong, Colombia, Israel y Perú. Los especialistas consultados en la nota explicaban que esto no era una burbuja, cosa que me preocupó, ya que generalmente cuando alguien tiene que explicar que algo no es una burbuja, pasa todo lo contrario…

Pero los argumentos de los especialistas parecían sólidos. En la década de 1990 y 2000, los precios de las propiedades estuvieron estancados en Chile, y en este nuevo lapso de tiempo que inició en 2010 las propiedades están recuperando terreno. Como la economía sigue creciendo, el poder adquisitivo subiendo y las tierras disponibles cada vez son menores, todo parece ser coherente.

Lo único que uno se pregunta al ver tanta construcción por todos lados, apoyada en un fuerte crecimiento de la economía y en un endeudamiento muy alto es qué puede pasar ante una crisis. Por ejemplo, ¿qué pasa si Chile tiene que atravesar por una fuerte baja en su producto de exportación estrella, el cobre? Las exportaciones de este metal representan el 50% de lo que se envía al exterior.

Como en los otros sectores de la economía chilena existen riesgos y problemas, pero en definitiva se trata de problemas que a un país le gustaría tener, problemas que vienen a partir del desarrollo de un plan que se viene implementando por más de 30 años por Gobiernos de diferentes signos políticos. Problemas que se pueden resolver y que seguramente acercarán a Chile cada vez más al mundo desarrollado.

A pesar de los problemas y desafíos, es la envidia de otras naciones.

Le deseo una excelente semana de inversiones,

Federico Tessore.

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