Pensando un poco en la inflación

En Chile la inflación no es un problema. 

Lo dicen los economistas y analistas del mercado local.

Todo el mundo parece estar de acuerdo. Estamos bien y seguiremos mejor. 

Pero, de pronto, nos encontramos con informaciones como ésta, publicada en La Tercera:

      Las sucesivas alzas que ha experimentado el precio de los combustibles durante las últimas cuatro semanas incidirá en la inflación de febrero. Así por lo menos lo había adelantado el mercado, que proyectaba que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) se ubicará entre 0,3% y 0,5%.

      La Encuesta de Operadores Financieros del Banco Central (BC) proyectó que el IPC del segundo mes del año será de 0,3%, mientras que para el año las expectativas se mantienen en 3%.

      Respecto de la trayectoria que tendrá la Tasa de Política Monetaria (TPM), que ha completado 13 meses en 5%, los operadores esperan que se mantenga en ese nivel durante 2013. Para comienzos de 2014, estiman las primeras alzas en 25 puntos bases.

      Para el tipo de cambio, el mercado augura que se mantendrá en niveles de $ 474 durante los próximos siete días, $ 478 en los próximos tres meses y $ 485 hacia fines de 2013.

      La encuesta se realiza con frecuencia quincenal y está dirigida a las personas responsables de las decisiones financieras de la industria bancaria local, a las administradoras de fondos de pensiones, compañías de seguros, corredoras de Bolsa, agentes de valores y fondos mutuos, entre otros.


A ver, pasemos en limpio.

Tuvimos una inflación de 0,3% en febrero. Multiplicado por 12, nos da 3,6% para el año. Eso, en el rango bajo de la estimación del mercado, que en su rango alto podría ser del 0,5% mensual. 

Que multiplicado por 12, es 6%: el doble de la meta del banco central. 

Lo sé. Estoy siendo exagerado y, tal vez, un poco alarmista. 

¿Pero no le decían eso a Nouriel Roubini cuando predicaba en el desierto sobre que en Estados Unidos se estaba gestando una crisis crediticia a mediados de la década pasada?

No me quiero comparar con el hoy célebre Dr. Doom, pero fue el primer ejemplo que se me vino a la cabeza. 

Tampoco me quiero poner parches antes de las heridas, pero lo cierto es que se trata de un tema de lo más delicado. 

Los más grandes se acordarán de lo que fue vivir en el proceso inflacionario desencadenado con la crisis de la deuda a comienzos de los años 80. 

A las luces de la pérdida de valor de la moneda, peso que entraba, peso que se gastaba.

Porque la inflación es eso: la pérdida de valor de la moneda. 

Yo, que vivo con un pie en Santiago y otro en Buenos Aires, puedo dar fe de ello. Hoy Argentina vive con una inflación de 25-30% anual. 

Y no es un espectáculo lindo de ver. 

Muchas veces nos quedamos en el fenómeno nominal del aumento de los precios y nos olvidamos de la otra cara del espejo: si algo sube es, al mismo tiempo, que su contrario baja. 

En ese caso, aunque un peso siga siendo un peso, no es el mismo peso porque ese peso ya no alcanza para comprar X cuestión. Si necesitábamos 1 peso para comprar X y ahora necesitamos 2, también podemos decir que la moneda se depreció a la mitad. 

Entonces, en realidad, aunque diga 1 peso, ese peso ahora son 50 centavos… 

¿Adónde voy con todo esto?

Me interesa pensar, en conjunto con la inflación, en la posibilidad de la depreciación del peso. 

Hasta ahora, durante los últimos dos años hemos sido testigos y en muchos casos beneficiarios de la APRECIACIÓN de la moneda chilena, por ejemplo, contra el dólar. Hoy un dólar es más barato de lo que era hace un par de años. 

Eso permite acceder a productos importados más baratos o, por ejemplo, que salir al extranjero sea más barato. Y mantener controlados los precios internos. 

Pero este proceso no puede durar para siempre. La economía se mueve en ciclos y el ciclo actual, de peso fuerte, tiene, eventualmente y en cierto punto, que llegar a un final.

Y ante ese final hay que estar preparado. Una preparación que, como primer paso, requiere sacar lo que sea que tenga debajo del colchón y hacer algo con ello. 

Ya sabemos que este año puede cerrar con una inflación de 3%. Los $ 100 que tenía el 1 de enero serán $ 97 el 31 de diciembre. 

Pero esto, en un escenario “feliz”. 

Porque ya vimos, y no es descabellado, que ese 3% pueda transformarse en un 6%. 

Así, los $ 100 serán sólo $ 94. Entonces, si tiene $ 100 mil, la pérdida será de $ 6 mil.

Si tiene $ 1 millón, de $ 60 mil…

¿Vio? ¿Ese 6% ya no parece tan insignificante, no?

El tema es qué hacer. Y cómo. ¿Quién le dará consejos que no le cuesten, de partida, un 6%? Muchas personas que quieren ver aumentar sus ahorros gastan más plata de la que ganan en pagar a asesores que les ayuden a administrar su plata, muchas veces más preocupados por las comisiones que por el patrimonio de la persona. 

Pero hay otra respuesta. 

Para saberlo, lo invito a hacer click acá

UN COMENTARIO ADICIONAL…

Dos palabras sobre una pequeña nota que me llamó mucho la atención esta semana. Sobre Daniel Flores, un turista santiaguino que, perdido en la isla de Chiloé sobrevivió 22 días comiendo hormigas, zancudos y yerbas raras que encontró por ahí.

Me hizo pensar en la resistencia física y determinación psicológica de los seres humanos cuando se lo proponen. 

El tipo se perdió y resistió como pudo. No se rindió nunca y, eventualmente, se encontró con un bote que iba paseando en la laguna Huelde. Con fuerzas sacadas sólo del espíritu, logró llamar la atención de los ocupantes, que no iban por la orilla, lo que finalmente le permitió ser rescatado. 

¿Qué pasaría si nosotros, que estamos cómodos y bien alimentados en nuestras casas, fuéramos puestos frente a una prueba de este tipo?

Bueno, no exageremos. 

Lo que quiero es que piense en la determinación y fortaleza utilizada por Daniel Flores, tome un mínimo porcentaje de ella, y piense lo que podría lograr si la dedicara a planificar su futuro. 

Buen fin de semana,

Felipe.

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