La batalla entre la Bolsa y el inversor

Los que pregonan una administración pasiva del portafolio sostienen que es imposible obtener rendimientos superiores a los del índice bursátil en el largo plazo. Por este motivo es que prefieren aplicar una estrategia de “indexación” de la cartera y descansar sobre las bondades que ofrece el índice.

Del lado opuesto tenemos a aquellos inversores más amigables con la estrategia activa del portafolio, a partir de la creencia de que sí es posible obtener un mejor resultado que el índice, si manejamos activamente la cartera de inversión.

Ellos sostienen que el mercado ofrece imperfecciones en el corto plazo y que las mismas se pueden explotar en beneficio propio, de manera de lograr rendimientos extraordinarios en un lapso breve.

Se trata de un tema de debate central en el mundo de las finanzas globales. Y quizás el factor más relevante está vinculado en cómo los precios de los activos incorporan el nuevo y permanente caudal de información.

Cuando hay noticias económicas capaces de alterar el curso de los acontecimientos y los precios de los activos lo reflejan instantáneamente, entonces el índice bursátil, conformado por una cartera teórica constituida por una vasta cantidad de acciones, sería el mecanismo de inversión que se acerca más a la perfección y la administración activa del portafolio no tendría razón de ser.

Un estudio reciente de Mebane Faber Research muestra evidencias favorables hacia la administración pasiva del portafolio.

La investigación se basa en el análisis del retorno anual de los últimos 20 años de diversos activos y su correspondiente comparación con el retorno promedio obtenido por la cartera de un inversor minorista. Los resultados parecen evidentes:

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Como observamos, las acciones estadounidenses del S&P 500 rindieron casi cuatro veces más que la cartera de un inversor promedio minorista (7,8% vs 2,1%), los bonos más de tres veces y las acciones internacionales más de dos veces, entre otros.

A estos resultados se le suma un estudio complementario de Longboard Asset Management, donde se analizaron los retornos de las 3.000 acciones más importantes entre 1983 y 2007. Se llegó a las siguientes conclusiones:

-39% de esas acciones fueron una mala inversión.

-19% de las acciones perdieron, al menos, el 75% de su valor.

-64% de las acciones tuvieron un retorno inferior al del índice.

-25% de las acciones fueron responsables de la totalidad de las ganancias del mercado.


Con todo lo anterior, el informe concluye que existe un 64% de probabilidad de que un inversor minorista obtenga menor rendimiento al del índice si no indexa su portafolio a él y un 40% de probabilidad de perder dinero.

¿Es tan contundente la realidad respecto a la administración activa por parte de un inversor minorista? ¿Hay posibilidad de revertir esas cifras?

EL CAMINO CORRECTO DEBERÍA EQUILIBRAR LOS EXTREMOS

No se trata ni de ser un fundamentalista de la administración pasiva, ni de ser un fanático de la administración activa. Se necesita ser prudente y buscar una relación riesgo/retorno que se adapte al perfil de cada uno.

En este sentido, uno de los cambios es adoptar una estrategia del tipo “mixta”, donde parte de las inversiones estén “indexadas” al índice bursátil y otra parte sea de manejo más discrecional, lo que puede incluir bonos, commodities, acciones extranjeras, propiedades, etc.

Personalmente creo que hay mucho valor en activos que podrían ser denominados como “perlitas” y que el inversor promedio no logra detectar.

Es por eso que en InversorGlobal tenemos el servicio de recomendaciones de inversión, Crisis & Oportunidad, a través del cual sus suscriptores han podido disfrutar, a partir de nuestras sugerencias, de rentabilidades muy superiores a las que ofreció el mercado en los últimos meses.

Sin ir más lejos, un ejemplo concreto fue una inversión recomendada el 9 de mayo de 2012 que generó un retorno de 119% contra el 46,9% que subió el índice Merval en el mismo período.

Si usted está interesado, lo invito a recibir más información aquí.

Un saludo.

Diego.

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