El sushi y el tango, casi gemelos

Durante la última semana, las Bolsas estadounidenses han estado en boca de todos los analistas e inversores de Wall Street, debido a que tanto el Dow Jones como el S&P 500 se encuentran apenas unos puntos por debajo de sus niveles más altos de la historia.

Algunos consideran que esto marca, desde el punto de vista bursátil, la total recuperación de los mercados de los efectos nocivos que tuvo la crisis de hipotecas en Estados Unidos. Sin embargo, la economía de ese país no avanza en ese sentido…

Pero también existen Bolsas de países desarrollados que todavía están muy lejos de sus máximos niveles históricos…

Un caso que está acaparando toda la atención es el del Nikkei, la Bolsa de Japón, que a pesar de haber subido un 29% en los últimos cuatro meses, todavía se encuentra 37% por debajo de su máximo histórico.

Pese a esta espectacular suba, la economía nipona sigue navegando en las turbulentas aguas de la deflación y el estancamiento. Los sucesivos Gobiernos japoneses y gobernadores del banco central no pueden, por ningún medio, hacer subir la inflación en esa nación.

Sí, escuchó bien. Japón no puede lograr tener inflación y eso desincentiva a los empresarios a invertir mayores recursos y lograr expandir la actividad económica.

Sin embargo, algo estaría cambiando en la consideración de los inversores. Ocurre que hace unas semanas, el nuevo Gobierno de Japón designó a Haruhiko Kuroda al frente del banco central de ese país, un funcionario muy alineado a las políticas monetarias expansivas para estimular la economía.

Y entonces, ¿por qué la Bolsa japonesa está de “moda”?

El mismo motivo que invita a ilusionar a los inversores puede ser un arma de doble filo para sus aspiraciones. Todo gira alrededor de la moneda japonesa, el yen.

Sucede que la estructura de la economía de esa nación tiene un alto nivel de dependencia de las empresas locales con perfil exportador. Mucho del nivel de actividad y de la creación de empleo recae sobre estas firmas que venden sus productos fuera de Japón.

Todo el sistema de “reinvención” de la economía se sustenta sobre la base de que el nuevo gobernador del Banco Central de Japón emitirá más yenes para dinamizar la actividad, lo que generará una mayor depreciación de la moneda japonesa, mejorando la competitividad de las mencionadas compañías exportadoras.

Pero en la medida en que el yen se deprecia, los inversores pierden dinero…

Si el 31 de octubre de 2012 cambiaba USD 1.000 por 79.680 yenes y lo invertía en el índice Nikkei, el 28 de febrero de 2013 hubiera tenido 102.627 yenes, lo que implicaría obtener un 28,8% más de yenes respecto de lo invertido originalmente. Sin dudas, una excelente noticia…

Sin embargo, el análisis no termina allí, ya que no tendría 28,8% más de dólares.

El yen japonés se depreció un 11,3% contra el dólar en el mismo período, por lo que con los 102.627 yenes “sólo” hubiera podido comprar USD 1.097, mostrando la inversión un rendimiento de 9,7% medido en moneda dura.

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UN MISMO CASO, PERO MÁS CERCANO PARA LOS LATINOS…

Para obtener ejemplos como el japonés no hay que navegar las aguas de tantos océanos o volar una gran cantidad de millas hasta la tierra del sol naciente.

En la región encontramos un caso muy similar, por no decir prácticamente gemelo…

Se trata del índice Merval de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires. El paralelismo es realmente asombroso cuando realizamos un análisis semejante al del Nikkei japonés.

Claro que hay un matiz de gran relevancia que hay que aclarar. La inexistencia en Argentina de un mercado único y libre de cambios ha generado distorsiones sobre el verdadero valor del tipo de cambio en este país.

Al 31 de octubre de 2012 el valor del dólar implícito que surgía de la relación entre una acción de Grupo Galicia en Buenos Aires y un ADR de la misma firma en el exterior era de ARS 6,65.

Si hubiéramos cambiado USD 1.000 por ARS 6,650 y los invertíamos en el índice Merval, al 28 de febrero de 2013 habríamos obtenido un rendimiento de 31,2% por la inversión, totalizando ARS 8.724,8. Nuevamente parece haber sido un gran negocio.

Sin embargo, el peso argentino perdió mucho valor en ese período. Cuando queremos comprar dólares con el resultado de la inversión, nos encontramos que sólo podemos comprar USD 1.090,6 ya que el tipo de cambio implícito en febrero era de ARS 8. Por lo tanto, en dólares, nuestra inversión hubiera rendido “sólo” 9,06%.

Como observamos, el caso japonés y el argentino son casi idénticos…

La enseñanza de lo anterior es que cuando hablamos de rendimientos de una inversión debemos considerar no sólo el porcentaje en términos absolutos, sino también en términos relativos. Lo que parece ser una extraordinaria inversión en un principio, quizás no lo es cuando hacemos un análisis más completo.

Además, quedó demostrado que la trayectoria futura de la moneda en la que hacemos la inversión es una variable muy importante a considerar. No sólo importa la potencialidad del activo a invertir, sino también las variables que pueden alterar el curso de su rendimiento.

Un saludo,

Diego.

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