El costo real del blue

Litros de tinta corren semana a semana de un tema del cual realmente es difícil tener certezas. La gente se despierta y así como chequea en el informativo el pronóstico del tiempo para ese día, se fija en la cotización del dólar blue: una moneda que sube, pero que la semana pasada casi no se transó.

Cueveros de la city entregaban el precio a sus clientes, pero no se desprendían de las divisas. No son ingenuos, es difícil desprenderse de un activo que en tan sólo horas puede subir 48 centavos…  

Detrás del valor del dólar paralelo se esconden factores psicológicos, expectativas devaluatorias, pero también algunos argumentos bien concretos. El año pasado, el ahorrista pudo ganar -en tan sólo dos semanas- lo mismo que con un plazo fijo en doce meses. 

En este contexto es muy difícil llevar adelante una política pesificadora como la que quiere establecer el Gobierno. La economía es una criatura que responde a los incentivos. El dinero no se mueve por sentimientos patrióticos o filantrópicos. Los inversores apuntan a los rendimientos como los mosquitos a las lámparas. 

La gente prefiere estar lo más líquida posible y no tiene incentivos para prestarle su dinero a los bancos por períodos prolongados de tiempo. En un contexto de tasa de interés congelada, es lógico que los argentinos aumentaran en un 60% los plazos fijos a menos de 60 días, como consigna el diario Ámbito Financiero. El dinero que se coloca a ese plazo pasó de representar el 55% (un nivel ya muy alto) a conformar el 60,2% del total. 

Con una tasa de interés que establece plazos fijos del orden del 15% y con una inflación del 25% (tasa negativa del 10%), la batalla entre dólar blue y plazo fijo tiene un claro vencedor. 

FLACOS INCENTIVOS

Medidas como las tomadas por la AFIP de subir el recargo por la utilización del dólar tarjeta (el que sale de utilizar la tarjeta de crédito o débito en el exterior) del 15% al 20% quedan totalmente desdibujadas. Mientras el Gobierno establece un dólar tarjeta en torno a los $ 6,15 para desmotivar el turismo en el extranjero y la fuga de capitales, en la mente de los argentinos ya figura una cotización que -al menos- es $ 2,3 mayor. Insólita estrategia de seducción. 

Un informe de la consultora Analytica explica:  

      El resultado del balance turístico seguirá siendo deficitario. La demanda de dólares en el mercado de cambios para la realización de viajes en el exterior se disparó US$ 7.300 millones en 2012, subiendo 54% respecto del año anterior. La explicación más relevante fue la utilización del dólar tarjeta (el oficial + 15% de recargo). Por otro lado, los ingresos por los gastos de turistas extranjeros se ubicaron en US$ 2.600 millones, 27% menos que en 2011. La lógica es simple: los turistas que llegan del exterior prefieren utilizar el efectivo (divisas que pueden convertir al tipo de cambio blue) en detrimento de las tarjetas de crédito (que tienen que saldar en su país convirtiendo sus monedas al tipo de cambio oficial). De esta forma los dólares que ingresan quedan en poder del sector privado y los que salen los tiene que financiar el BCRA.


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Nada hace pensar, por el momento, que esta situación debería cambiar en 2013. No se ven los incentivos para que esto suceda.

Por otra parte, esta brecha cambiaria que ronda el 66% tiene que ver con un mercado que -como bien dice el Gobierno- es marginal. Se estima que se transan $ 30 millones diarios. No obstante, tiene repercusiones que no lo son.

Más allá del impacto que tiene en el ahorrista, es difícil pensar que una empresa extranjera importante quiera invertir en nuevos proyectos en el país, teniendo en cuenta un dólar a $ 5,12. El atraso cambiario es difícil de camuflar. 

Eso, sumado a algunas reglas de juego que todavía no son del todo claras, se transforma en el mejor paraguas para esta lluvia de dólares que azota a la región. O como dijo el economista, Miguel Broda: “en el medio de una lluvia torrencial, los únicos que nos morimos de sed somos nosotros”.

Un saludo cordial,

Ignacio.

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