Argentina: el segundo semestre vendrá con un tsunami de emisión

Nicolás Billia

En los tiempos de superávit que brindaba la soja el Gobierno ni siquiera tenía en su cabeza la alternativa de financiar sus gastos a través de emisión monetaria. Las reservas estaban cerca de máximos históricos –en julio de 2010 alcanzaban los 49.876 millones, cerca del pico récord de 50.500 millones de marzo de 2008- y el único uso que tenía la famosa “maquinita” era imprimir pesos para comprar los dólares de la cosecha al agro. De financiar el sector público ni se hablaba; a fin de cuenta, eran tiempos de prosperidad y de tasas chinas.

Pero ese escenario de luces de colores cambió y el fantasma del déficit fiscal empezó a aparecer en su peor faceta en 2009. A la salida de la crisis el Gobierno no puso el ejército a trabajar para recuperar el superávit, y con la exclusión de los mercados, sólo quedó la alternativa más pragmática, aunque la más cancerígena: emisión monetaria a velocidad de fórmula uno.

En 2007, cuando la situación era risueña, la variación de la base monetaria había sido apenas de 18.912 millones de pesos y la participación del sector público en ese total era de -28%. Es decir, como había superávit fiscal, el Gobierno no sólo no necesitaba de la maquinita sino que usaba el excedente monetario para comprar dólares para pagar servicios de deuda. En ese sentido, esos pesos que captaba el Banco Central a cambio de esos dólares quedaban fuera de circulación, contrayendo así la base monetaria.

Y la contracara de esto fue 2012, cuando se los requerimientos de pesos llevaron a emitir la colosal cifra 84.430 millones de pesos, de los cuales el 56% fue a parar al pago del déficit gubernamental. Es decir, entre la participación negativa del sector público en 2007 y la excesiva incumbencia del mismo en 2012 mostraron que las cifras anuales de variación en la base monetaria crecieron 78%. En palabras más rayanas, se emitió un 78% más que en 2007.

Y para 2013 no se espera que el escenario cambie. Según las expectativas del mercado, citadas por revista Apertura, se inyectarán en el sistema más de $ 100.000 millones. Esto será injerido principalmente por un escenario electoral que podrá a trabajar la impresora a su máxima capacidad.

Por el lado de los analistas privados esperan que la tasa de emisión no crezca menos del 35%. La emisión de dinero del Banco Central llegó a tocar máximos de 42 por ciento en algunos momentos del último año.

La estacionalidad de la emisión

Otro dato interesante a tener en cuenta es que, desde 2010, cuando el Gobierno por primera vez tuvo una participación de dos dígitos en la base monetaria (51% contra 2% en 2009), la emisión empezó a presentar un comportamiento que viene perdurando hasta la actualidad.

Según un informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), “lo emitido para el fisco hasta el mes de junio inclusive no supera el 10% del total anual. Esto pone de manifiesto que el 90% de la emisión de dinero primario para asistir al fisco se hizo en el segundo semestre. Analizando puntualmente el mes de diciembre, la importancia relativa de este mes osciló entre el 27% en 2011 y el 57% en 2010”.

En ese sentido, vuelve a aparecer el estigma de la inflación, a pesar de que actualmente los precios en los supermercados se encuentran artificialmente congelados –en la práctica los costos de las empresas están indexados a una inflación de 25%, por lo que se busca pinchar precios con agujas y no con fundamentos macroeconómicos sólidos.

Es por eso que si el Gobierno planea seguir imprimiendo a ritmo galopante en el segundo semestre –teniendo en cuenta las elecciones y la tendencia de estacionalidad que se viene viendo desde 2010-, no habrá acuerdo de precios que valga.

En ese sentido, Nadin Argañaraz, director del IARAF, resume que “el deterioro fiscal continúa y por ende la cuantía de la necesidad de financiar el bache se mantiene elevada. Sin embargo, la estacionalidad de la necesidad de fondos, puede jugar a favor del gobierno en el intento por calmar expectativas de subas de precios a la hora de las negociaciones salariales. Aunque en el segundo semestre, la masa monetaria excedente indefectiblemente se hará presente”.

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