A través del espejo y lo que Chile encontró allí

Santiago de Chile

“Perú es el Chile de los 90”, dijo uno de los comensales.

“Sí, puede ser. Pero también tengo la sensación de que Chile es como la España de los 2000”, agregó otro, con tono sombrío.

Silencio.

Cada uno tomó su vaso y bebió un poco. No fue incómodo, pero el hombre había planteado -y plantado– una idea.

“¿Y eso por qué?”, preguntó el que había comparado a la Lima de hoy con la Santiago de ayer.

“La verdad es que no estoy seguro, es más que nada una sensación. Como que se respira un triunfalismo que no estoy seguro si está del todo justificado”, respondió el que había soltado la bomba.

“Y nada puede ser para siempre tampoco”, dijo otro, subiéndose al carro de la derrota.

“De hecho, si lo pensamos en cuanto a la economía”, continuó el primero, “la verdad es que hay varias cosas donde encontrar similitudes. Aunque no creo que en Chile se viva hoy una burbuja inmobiliaria como la que se estaba gestando en España hace diez años, sí es evidente que hay un problema que tiene que ver con la instalación del crédito como forma de vida. Para muchos es casi natural usar todo su sueldo para pagar por todo lo que ya compraron, incluyendo a los que tienen ahorros o que sean de plata, que parece que les va estupendo”.

“El papá de una amiga murió hace poco dejando millones en deudas. Ahora las hijas están buscando vender la casa y cambiar a su mamá a algo más chico porque es imposible continuar con el estilo de vida que tenía hasta ahora”, fue su remate.

“Pero en Chile las cuentas fiscales están ordenadas y los riesgos crediticios bajaron bastante después de que explotara lo de La Polar hace un par de años”, acotó el que había instalado el tema en un principio.

“Sí, no estoy diciendo que esté todo mal o a punto de explotar, sino que más que nada desconfío de la sensación de triunfalismo. En buen chileno, como que la gente anda levantá ‘e raja. Y de hecho, tampoco podemos confiar ciegamente en una economía que basa dos tercios de sus ingresos en la exportaciones del cobre y casi todo el tercio restante en forestal y pesca”.

“Si se cae alguno de esos elementos se te puede desarmar todo el castillo. En ese sentido, seguro que Perú es hoy como el Chile de los 90, porque ellos basan su estructura productiva en los mismos pilares”.

Todos, nuevamente, bebieron otro trago de su cerveza.

Aclaremos. El diálogo, por si se siente un poco perdido, se dio el pasado jueves por la noche en un bar del centro de Santiago, entre quien escribe y el equipo de periodistas que colabora con IG en Chile. Estoy citando de memoria, pero espero que se entienda la idea.

SOBREVIVIENDO EN LA INFORMACIÓN

Es interesante reunirse con personas que tienen la misma actividad pero no exactamente la misma actividad. Todo el grupo del jueves trabaja o ha pasado por las secciones de finanzas de los principales medios del país, años de trabajo donde aprendieron los vericuetos de los mercados y muchas mañas y estrategias para conseguir información.

También supieron de censuras y autocensuras debido a las políticas editoriales de los grandes medios, siempre sensibles -sobre todo- a sus auspiciantes. Algunos dejaron las redacciones para lanzarse, con valentía, al difícil mundo del freelance y otros continúan su labor “del otro lado del mostrador”, trabajando en agencias de prensa. Asesorando a los poderosos para que no digan lo que no quieren decir.

“Es difícil, pero muy interesante”, me dijo uno de los que está en esa situación.

Por eso, en buena parte, el equipo de IG en Chile valora la posibilidad de escribir en la revista. Nadie lo hace gratis, claro, esto no es una beneficencia. Pero una cosa que se disfruta, como periodista, de poder escribir en este espacio es, sin duda, la libertad e independencia, un valor cada vez más escaso en el periodismo chileno.

Otro me contaba, por ejemplo, de un proyecto en el cual se embarcó hace unos meses. El objetivo es generar un medio que sea crítico del actual sistema de información y de la manera en que se enfocan los temas económico-financieros.

Pero el problema es que los auspiciantes que le dan vida al negocio son los mismos actores que este mismo medio les dice deberían ser fiscalizados por la prensa. “La democratización de la información es inevitable”, argumentan, ante la mirada escéptica de sus financistas.

Entonces, el jueves hablamos de inversiones y oportunidades. Hablamos de problemas y desafíos. Tratamos, entre risas y al calor de una muy de moda cerveza artesanal en una fresca terraza de otoño, de cuestionarnos a nosotros mismos.

Personalmente, creo que esa es, en buena parte, mi tarea.

Y todo esto me llevó a pensar un par de cosas que hoy me interesa compartir.

CHILE FRENTE A SUS ESPEJOS

Si hay un libro que me gusta en serio ése es Alicia en el país de las maravillas. Es muy conocido aunque, a decir verdad, poco leído. Las adaptaciones cinematográficas, que cada tanto aparecen, creo que finalmente provocan que la gente se aleje en vez de acercarse a la obra original de Lewis Carroll.

Y si me gusta Alicia en el país de las maravillas, entonces A través del espejo, y lo que Alicia encontró allí, me resulta fascinante.

La secuela de la obra original publicada en 1865 es tan atrapante como aterradora. Nos presenta una mirada inquietante y retorcida de la realidad, una mirada cuestionadora que nos deja con más preguntas que respuestas sobre la materialidad y, sobre todo, la estabilidad de las cosas.

En la segunda parte lo que yo veo cada vez es a Alicia realmente enfrentada a sus miedos, al miedo de verlo todo de nuevo pero de manera distinta y, por lo tanto, nueva. Un texto que creo en buena forma es, por ejemplo, precursor del psicoanálisis. Fue publicado en 1871, 29 años antes que La interpretación de los sueños, de Sigmund Freud. Y, por qué no, también lo veo como precursor de los trabajos de Albert Einstein en torno al tiempo y la relatividad.

La famosa teoría del físico alemán no vio la luz hasta 1915, pero las preguntas, en cierta forma parte de un espíritu de época que obligaba a la intelectualidad europea a cuestionarlo todo, estaban ya, pienso, en los textos de Carroll.

También el psicoanalista francés Jacques Lacan, mucho después, a través de su célebre escrito El estadio del espejo en la formación del yo, pondría hincapié en la importancia que estos objetos tienen en la conformación de los sujetos.

Un objeto -el espejo- que define al sujeto.

Una mirada “objetiva” que funciona como gatillo de lo “subjetivo”.

En definitiva, de todos nosotros.

Ojo, que no me estoy desviando del tema, sé que esto es una columna de economía y finanzas personales.

Y todo este rodeo que estoy haciendo se produce a partir de las comparaciones que mencionaba al comienzo.

De un Chile que -según uno de los comensales-, en Perú, ve su pasado.

Y que según otro debería ver, en España, a su futuro.

Es una mirada de espejo, construyendo la identidad actual a través de la mirada de los otros, o sobre los otros.

Y la verdad es que, más allá de las diferencias estructurales o las particularidades económicas de cada uno, hoy en Chile yo también siento una especie de sintonía de época con la España previa a la crisis actual.

Yo veo en el espejo chileno del Chile de hoy a la España del pasado.

Y temo porque la España de hoy refleje al Chile del futuro.

Una España donde todo el mundo se sentía un ganador, donde el euro los hacía finalmente parte de una Europa que siempre los había rechazado, tratándolos como bárbaros subdesarrollados que habían tenido la suerte de estar cerca de países como Francia, Alemania o Inglaterra.

Recuerdo estar, junto a otra cerveza, en otro bar muy lejos de acá, conversando en 2010 con la directora de una revista de política en Madrid. “Acá muchos creían que porque teníamos en el bolsillo la misma moneda que los alemanes, éramos como los alemanes. Pero ahora ha quedado demostrado que nunca fue así. Para Alemania nunca fuimos más que un lugar donde pasar sus vacaciones”.

Ésa era ya una España desencantada, una España que se decía a sí misma “qué necios fuimos por no querer haber visto la realidad”. Y una España que en medio de la crisis tuvo que enfrentarse con problemas con los que nunca había tenido que lidiar y que para alemanes o ingleses eran cuestiones recurrentes desde hace décadas.

Por ejemplo, la inmigración que llegó al país producto de la bonanza económica en busca de un futuro mejor. El Norte de África, Europa del Este y buena parte de América Latina enviaron manos trabajadoras con poca calificación para hacerse cargo de aquellos trabajos que para los españoles ya no resultaban atractivos, como limpieza, construcción o en las temporadas de cosecha de frutas y otros productos agrícolas.

Hoy, en un país con una tasa de paro que se empina por sobre el 20%, buena parte de esos trabajadores se volvieron o se están volviendo a sus países de origen.

Pero un problema es que durante esos años, por ejemplo, muchos de esos trabajadores se emparejaron y formaron familias mixtas con españoles y españolas. Hoy, esos trabajadores no se pueden volver a casa.

Porque hoy España ES SU CASA, y ahora es desafío de ESA NUEVA CASA encontrar la forma de acogerlos en este momento en que las cosas no van bien.

Esto lo menciono porque en el Chile de hoy uno tiene la oportunidad de encontrarse con muchos extranjeros cumpliendo con los oficios más diversos. Incluyendo a muchos españoles que han venido, buscando escapar del desempleo en su propia tierra -lo que parece un chiste cruel y admonitorio-, hay inmigrantes de varios países de América Latina. Más allá de la ya grande y consolidada comunidad peruana, hay cada vez más colombianos, argentinos, cubanos o haitianos.

Todos éstos son rasgos de un país que avanza hacia el desarrollo, eso es un hecho.

Pero que nada es para siempre, también lo es.

Y pensar en ESE futuro es algo que, hasta donde yo sé, muy pocos están haciendo.

Ayudarlo a conseguirlo es el empeño a seguir.

Buen fin de semana,

Felipe.

Deja tu respuesta