Recompra de acciones: ¿confianza o inflación artificial?

Los programas de recompra de acciones por parte de las empresas suelen crear controversia entre los analistas. Mientras que los detractores consideran que se trata de una simple artimaña para sostener altos los precios de las acciones de manera artificial, por otro lado aparecen quienes señalan que se trata de una opción estratégica para brindarles capital a los accionistas y maximizar el ratio de retorno sobre la inversión.

Básicamente, una recompra se produce cuando las empresas compran sus propias acciones. Esto puede hacerse en ofertas directas, pero lo más habitual es que la compañía participe como un comprador más en el mercado accionario de manera recurrente. Cuando una firma tiene sus propias acciones en el balance, el efecto es similar al que podríamos imaginar si esas acciones se anularan o dejaran de existir.

Luego de que se realiza este movimiento la empresa mantiene la capitalización bursátil vigente, gana la misma cuantía de dinero, pero la cantidad de acciones en circulación, mejor conocido como free float, es menor, lo cual incrementa el valor de las mismas. Haciendo una metáfora simple pero efectiva: la torta vale lo mismo, pero está repartida en menor cantidad de porciones, por lo tanto el valor de cada porción es mayor.

Desde el punto de vista práctico, un anuncio de recompra de acciones  suele tener un impacto positivo en el precio de las acciones de la compañía. En ese sentido, los inversores suelen dar el visto bueno a los anuncios de una recompra.

Sin embargo, es importante tener en cuenta que las recompras tienen un precio –a veces bastante elevado- y los recursos de las empresas no son ilimitados. Por lo tanto, no siempre una recompra de acciones representa el uso más redituable para los recursos financieros de una compañía.

La empresa pionera del negocio de video online en los Estados Unidos, Netflix (NFLX) puede ser un ejemplo a tener en cuenta sobre los riesgos de estas políticas. La firma recompraba acciones a precios superiores a los 200 dólares en períodos de optimismo, cuando la marcha del negocio era auspiciosa y los flujos de caja del negocio permitían financiar esta operatoria.

Sin embargo, tras algunos traspiés de corte estratégico, las acciones tocaron un mínimo de 60 dólares a finales de 2011. Para sanear este movimiento equívoco, Netflix requirió de una nueva ronda de capitalización para financiar sus planes de expansión, por lo que terminó comprando sus propias acciones a precios con una prima elevada, para luego emitirlas nuevamente a precios sensiblemente más bajos. El corolario de esto fue un efecto destructivo sobre el valor de la compañía a largo plazo.

Berkshire Hathaway (BRKB), en cambio, ha hecho pública una política de recompra mucho más transparente y beneficiosa para el accionista. El holding de inversiones de Warren Buffett solamente recompra sus acciones si estas se encuentran por debajo de un valor conveniente, definido por Buffett como 1,2 veces el valor contable de esas acciones.

De esta manera, el magnate traza un estándar de precio que está dispuesto a pagar por las acciones de su empresa, sorteando así un problema muy habitual que tiende a darse. Los directivos de las empresas suelen sobreestimar el valor de las mismas, lo cual muchas veces los obnubila y los lleva a recomprar acciones a precios demasiado elevados.

Al mismo tiempo, Berkshire cuenta con más de 42 mil millones de dólares de flujo de caja en su balance, lo cual infiere una enorme cantidad de recursos para llevar a cabo estos programas por un largo tiempo, sin necesidad de captar recursos adicionales.  A fin de cuentas, esto brinda tranquilidad al respecto de la sustentabilidad y conveniencia de la decisión tomada por Buffett.

En definitiva, cuando la empresa tiene en sus arcas una estructura financiera sólida y el precio de compra es atractivo, las recompras pueden ser una jugada sumamente estratégica y beneficiosa para el accionista. En caso contrario, pueden tener un efecto positivo de corto plazo sobre el precio de las acciones a cambio de destruir el patrimonio de la compañía a largo plazo.

Fuente: Sala de Inversión

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