Lo que debe saber para invertir en oro

Hasta que el tema apareció en un medio chileno.

Porque es algo de lo que se viene hablando hace bastante en el mundo pero a lo que bastante poca bola se le ha dado en esta la larga y angosta faja de tierra…

La crisis financiera que explotó en Estados Unidos en octubre de 2008, coronada con la quiebra del emblemático banco Lehman Brothers, provocó una fuerte recesión en Estados Unidos, cuyo efecto contagio pegó fuerte en todo el mundo, incluyendo Chile, al año siguiente.

¿Se acuerda de lo complicado que fue 2009?

¿Y de que fue ese año en que las Bolsas comenzaron a ocupar un lugar cada vez más importante en los noticieros, que trataban de explicar a las personas por qué la plata de sus jubilaciones parecía desvanecerse?

Porque la plata de las jubilaciones está invertida en los mercados bursátiles…

Pero volvamos a lo nuestro:

Los bancos estadounidenses, que durante años habían prestado plata a cualquiera que pasara por una sucursal, y que habían creado complejos instrumentos financieros para conseguir que las personas de a pie fueran comprando esa deuda como si fuera la gran inversión de sus vidas, de un día para otro se dieron cuenta de que ya eran incobrables.

Y que sus sofisticados instrumentos no valían nada.

El Gobierno de Estados Unidos dejó caer a los bancos Lehman Brothers y Bear Stearns, pero antes de que la sangre siguiera llegando al río, puso un dique y cauterizó la herida.

La forma de operar fue rescatando al un buen grupo de bancos y aseguradoras a través de un paquete de liquidez de USD 700 mil millones.

Platita fresca. Y gratis.

Con eso se evitaron más quiebras de bancos, pero la economía real sufrió un impacto que, según los encargados de conducir a la mayor economía del mundo, sólo podía ser solucionado con enormes inyecciones de liquidez.

La Reserva Federal (el banco central de Estados Unidos) bajó sus tasas de interés a mínimos históricos y vinieron los paquetes de “quantitative easing”, o relajamiento cuantitativo, planes a través de los cuales se han impreso cantidades impens`bles de dólares.

Todo esto, para darle dinero a los bancos y que las empresas se arriesguen a tomar préstamos que reactiven sus negocios y, con ello, el empleo y la economía.

Más platita fresca. Casi gratis.

Verá, las tasas de interés, que nos marcan un porcentaje de referencia respecto del interés que deberían tener los préstamos bancarios, no nos indican otra cosa que “el precio” del dinero. Muchas veces pensamos en el dinero como un instrumento para facilitar el intercambio de bienes y servicios, pero pocas veces nos detenemos a pensar en el propio dinero que, en el funcionamiento general de la economía, termina siendo la cristalización de las riquezas y hasta un bien en sí mismo.

Entonces, tasas de interés bajas nos dicen que es EL DINERO el que está barato, porque en un plazo determinado tendremos que pagar poco por obtener, justamente, dinero. Ese interés es su costo.

Y como las tasas de interés no pueden bajar de 0% (actualmente la Fed las tiene en el rango entre 0% y 0,25%, el más bajo posible para un banco central), porque eso sería “pagarle” a la gente por llevarse la plata, entonces la otra salida de la entidad ha sido emitir y emitir más dólares.

Al llenar un mercado X con un bien determinado, por aumento de la oferta, baja su precio…

Y esta conducta ha sido imitada por otros grandes bancos centrales, como el Banco Central Europeo, el Banco de Inglaterra, el Banco de Japón o el Banco Central de Suiza.

Todos están “regalando” la plata. Esto es lo que ha sido bautizado como la “guerra de las monedas”. Nadie quiere que su moneda se aprecie demasiado porque afecta a sus exportadores e industria local, algo que hemos visto en Chile, donde los exportadores reclaman constantemente, pidiendo que el banco central intervenga para detener la apreciación del peso.

EL DÓLAR Y LAS GRANDES MONEDAS, ¿TIENEN FUTURO?

Ahora, la pregunta es qué pasa en un escenario mundial donde las divisas que siempre fueron consideradas como refugio para el ahorro ya no valen lo que valían hace unos años.

Esto cambia todo. Y se deben buscar otras formas de ahorro e inversión.

O, al contrario, volver atrás. A la forma más clásica y antigua de ahorro.

Muchos dedos apuntan hacia el oro.

Verá, a medida que el dólar se deprecia, los grandes inversionistas del mundo corren hacia lo que siempre ha sido catalogado como refugio, o puerto seguro.

Corren de vuelta hacia el oro.

Le muestro. En los últimos diez años, a la par de la pérdida de credibilidad en las principales economías del mundo, la onza de oro se ha apreciado más de un 479%:

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Un ejemplo claro de la reacción de los inversionistas globales fue el año 2011, cuando se temió por un posible default de Estados Unidos y la agencia de calificación Standard & Poor’s le bajó la calificación de su deuda soberana de AAA a AA+.

Ese año, entre el 1 de julio y el 6 de septiembre, en medio de la confusión respecto de la salud de la deuda de Estados Unidos, la cotización de la onza subió un 28%:

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Fortunas se hicieron en esos dos meses…

Y es algo que podría volver a suceder en cualquier momento. Los fundamentos están dados.

EL ORO HACIA ADELANTE

Arranqué esta columna diciendo que finalmente un medio chileno tomaba en serio el tema. Bueno, fue en La Tercera de este domingo donde se publicó la nota “Se perpetúa el dinero fácil en los países ricos y los mercados lo celebran”, de la cual me gustaría compartir un extracto:

      EEUU, Europa y Japón están apostando por condiciones monetarias laxas, definidas por tasas de interés en mínimos históricos e inyecciones periódicas de dinero mediante la compra de bonos en el mercado, conocidas como relajo cuantitativo. Las autoridades creen que esto puede mantener a tales economías a flote.

      Estas condiciones de dinero fácil fueron ratificadas el jueves, al menos en el caso de EEUU, después de la primera reunión del comité de política monetaria de la Reserva Federal (Fed). En la ocasión se votó por la mantención de este set de medidas, que consisten en un rango de tasa referencial de entre 0% y 0,25%, y la compra de bonos del Tesoro americano por USD 40.000 millones al mes.

      De hecho, una reciente encuesta entre inversionistas que realizó la agencia Bloomberg indica que la mayoría de los agentes de mercado espera que esta tercera fase de relajo cuantitativo (más conocida como QE3, por su nombre en inglés) se extienda hasta el cuarto trimestre de este año. La apuesta del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), de Washington, va aún más lejos: cree que estas condiciones ultralaxas durarán hasta el tercer trimestre de 2014.

      En Europa, la estabilización de los países problema de la periferia no es suficiente para que el Banco Central Europeo (BCE) revierta su política, basada en una tasa referencial de interés de 0,75% y en la promesa de la institución de adquirir bonos soberanos cuando sea necesario. Esa promesa ha mantenido las tasas de refinanciación de los Gobiernos español e italiano en niveles sostenibles.

      Más importante aún, el BCE está comprometido a no reducir su balance, de USD 3.800.000 millones, pues equivaldría a retirarle liquidez al mercado, en circunstancias que el crédito en la atribulada eurozona fluye muy poco.


Esto le encanta al “mercado”. La semana pasada el índice industrial Dow Jones tocó los 14.000 puntos y muchos inversionistas ganaron como no lo hacían hace mucho tiempo, algo que se replicó en todos los mercados bursátiles alrededor del mundo.

La euforia tuvo su correlato en el IPSA de Santiago, que entre martes y viernes subió un 1,09%.

Ahora, si bien se pueden festejar victorias por la suba en los precios de las acciones, de todos modos los inversionistas deben estar preparados para cuando la moneda en que están nominadas –sobre todo el dólar en las acciones de Estados Unidos- vuelva a caer frente a su contraparte dorada.

En resumen, si bien es astuto aprovechar la suba en los precios de las acciones, es doblemente astuto hacerlo mientras, al mismo tiempo, se toman posiciones en oro antes de que siga subiendo.

Y no soy un loco que anda predicando en el desierto. Mire esto que salió ayer en el diarioEl Mostrador:

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Bueno, pero muchas malas noticias y poca enjundia, ¿no? Porque la gracia es saber cómo implementar todo esto.

Entonces, le digo que sí es posible, sin ser un súper millonario, poner los ahorros en oro.

“Claro, voy a una joyería y compro, ¿cuál es la gracia?”, dirá aquel lector rápido y afecto al sarcasmo.

Pero si hace eso tiene más de un problema. Primero, que una vez comprado el oro hay que almacenarlo. Y a menos que desee correr el riesgo de tenerlo en su casa, deberá pagar por honorarios de custodia en algún banco o caja de seguridad autorizada para tal fin.

Y a menos que compre una onza pura, no trabajada, será difícil cuantificar su valor en el futuro.

La mejor forma de poner los ahorros en oro, sin necesidad de comprar oro, está en el informe “La Biblia del oro para los Inversionistas”, que viene de regalo con la suscripción a la revista InversorGlobal Chile. Allí podrá revisar en profundidad algunos de los argumentos expuestos en esta columna y conocer, en palabras simples, cómo hacer para ahorrar en el metal precioso.

Si después de leer ese informe no sale corriendo a comprar oro, es porque usted es muy incrédulo.

Como le digo, esto no se vende, sino que es parte de los informes de regalo que acompañan a la suscripción a la revista InversorGlobal Chile, a la que puede acceder haciendo click acá.

Y ya que estamos, le cuento que para complementar, también podrá acceder a los informes “Cómo hacerse rico gracias a la revolución del grafeno” y “Los secretos del mercado de la plata”, y al curso “Cómo abrir una cuenta para operar en Bolsa”.

Todo esto además del producto principal, la revista InversorGlobal Chile, que cada mes le acercará más de 70 páginas con todos los tips y novedades del mercado en un lenguaje claro que apunta exclusivamente al inversionista individual.

Si usted ya es suscriptor y no lo vio, acceda al informe a través de un click acá.

Después no diga que no le avisé.

Buena semana,

Felipe.

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  1. irene galli
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  4. irene galli

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