La Argentina según Moreno

Poco a poco empiezo a creer que existen dos realidades paralelas: la que habitamos usted y yo -en la que llenar el changuito se vuelve cada mes más complicado- y en la que se encuentra el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, junto con su grupo de asesores y equipo técnico. A esta altura posiblemente le parezca una obviedad lo que estoy diciendo, pero hay puntos que vale la pena analizar juntos. Acompáñeme…

En el mundo según Moreno, la inflación es de “apenas” 10,8% interanual, mientras que las consultoras dicen que sólo en enero el aumento récord que se registró llegó a los 2,58%. En cuatro meses ya tendríamos un equivalente a la inflación oficial de todo el año. Amparándose en sus fueros, los senadores difundieron un promedio de los estudios privados en el cual señalaron que la suba de precios interanual del primer mes de 2013 alcanzó 26,28%. Lo puedo aburrir con muchos números más para graficar la diferencia entre las dos realidades, pero no viene al caso.

Hablemos de ejemplos concretos, porque al parecer ni los propios habitantes de Morenolandia están de acuerdo con la visión de su líder. “No somos cómplices de la mentira”, sostuvieron en un texto -difundido por la prensa- un grupo de trabajadores del INDEC, enrolados en una junta interna de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) desde que comenzó la intervención del organismo de estadísticas en 2007. 

Se transformó en “un ícono de la estafa y la mentira”, denuncian los trabajadores. “Frente a la imperiosa necesidad de contar con una referencia para actualizar diferentes valores, especialmente los salarios, y dada la carencia absoluta de datos fiables por la manipulación estadística denunciada por los trabajadores del INDEC, se realiza un ejercicio de estimación para acercarse a lo que serían actualmente los verdaderos valores de canastas, alternativas a las oficialmente en uso”, señala el documento al que tuvo acceso Ámbito Financiero. Según sostiene el texto, una familia tipo (pareja con dos hijos) no debería percibir menos de ARS 7.006,10. De ese total, ARS 2.233,40 corresponden a la “Canasta alimentaria mínima”, mientras que ARS 4.772,70 son para “Otros bienes y consumos mínimos”. 

Dejando de lado las diferencias metodológicas que puedan existir, vale la pena recordar que en diciembre el INDEC reveló que la “Canasta Básica alimentaria para que una familia no se convierta en indigente se ubicó en ARS 719,07, mientras que la “Canasta Básica Total” (incluye bienes y servicios, y determina la línea de pobreza) fue de ARS 1.613,42. 

No obstante, hay que reconocer que algo está cambiando. El Gobierno se morderá la lengua antes de reconocer públicamente que la inflación está llegando a niveles preocupantes, pero está tomando nota de su importancia. El pedido de Moreno de congelar los precios de los alimentos en los supermercados por dos meses es una muestra de ello. Sin embargo, no hay tratamiento correcto sin un diagnóstico adecuado. 

Tras un relevamiento que realizaron los colaboradores del Supersecretario este fin de semana en los supermercados, Moreno se dio cuenta de que el congelamiento de precios se tradujo en faltante de ciertos productos. Rápido de reflejos, el secretario de Comercio Interior llamará a unas 25 grandes compañías productoras de alimentos, bebidas y artículos de uso personal para que respondan ante el desabastecimiento de dicha mercadería. 

NI LAS RECETAS DEL FMI NI LA FIESTA DE LA EMISIÓN

No se confunda, no creo en las recetas de clásico ajuste -al mejor estilo Fondo Monetario Internacional (FMI)- ni pido que para retornar al sano crecimiento económico pasemos por una recesión. Un congelamiento de precios temporal puede tener un efecto simbólico y a la vez muy importante si es acompañado de otras medidas. Puede ser el empujón que rompa la inercia.

Durante los primeros instantes del Plan Austral en 1985, el control de precios ayudó a estabilizar la economía por escasos meses. Claro que luego se descontroló la situación fiscal y el final fue el fracaso que todos conocemos, con hiperinflación incluida. 

Sin embargo, si al control de precios se le agregara un acuerdo nacional; si se fuera a las bases causantes de la inflación y la señal al mercado fuera contundente; si el Gobierno la llamara por su nombre: IN-FLA-CIÓN, y nos diera a entender que está dispuesto a combatirla realmente; el resultado sería otro. Para eso hay algunas variables que ajustar: es inviable vivir con una expansión monetaria anual del 40% ad eternum. Es necesario tener un acuerdo serio de salarios (si es que hay voluntad real de combatir los otros frentes mencionados, de lo contrario el trabajador se sentirá estafado) y es clave tener un mercado abierto y libre de cambios con un precio claro del dólar.

Aunque muchos sostengan con justa razón que el mercado del dólar blue es marginal porque opera entre USD 30 millones y USD 50 millones diarios, el costo psicológico de esta variable es muy elevado y el Gobierno lo está subestimando. El valor es seguido día a día por los argentinos a través de los titulares de los diarios, los video-graphs de los noticieros y las notas de los portales de internet. El argentino asimila este precio, con una brecha con el oficial que por momentos supera el 50% y que amenaza con contaminar las negociaciones paritarias.

Le hago una pregunta simple. Si llega un amigo suyo de otro país a visitarlo y le pregunta por curiosidad cómo están los sueldos en Argentina y cuánto gana usted en dólares, ¿qué le responde? ¿Toma en cuenta la divisa oficial, la blue o una celeste (en el medio de ambas cotizaciones)?

Pesificar la economía es una idea loable y con la que estoy de acuerdo, pero no se hace de la noche a la mañana ni por la fuerza.

La disparada del blue es un tema que no va a desestabilizar la economía por sí solo, pero que merece una pronta atención.

El consultor económico y profesor de la UBA, Matías Tombolini, sugirió una propuesta muy creativa para reabrir el mercado cambiario, sin que en dos horas los argentinos nos llevemos puestas las reservas del banco central.

Ésta es la idea de Tombolini, recogida en una nota del diario El Cronista:

¿Qué sucedería si la compra de dólares fuera posible siempre y cuando dichos dólares, para poder salir de los bancos en forma de billetes, debieran estar depositados al menos dos años? ¿Y si se desea que salgan antes, sólo lo pueden hacer en pesos al tipo de cambio oficial?

La idea es la siguiente, volver a habilitar la compra de dólares como estaba vigente antes del 5 de julio de 2012, en cuentas de ahorro con un formato jurídico diseñado a tal efecto, permitiendo el atesoramiento de moneda extranjera, pero con las restricciones que estaban vigentes luego del finales de octubre de 2011, lo cual limita la cantidad de dólares que se puede adquirir según la capacidad adquisitiva del comprador. 

A eso se le agrega la característica que quien compra dólares sólo lo puede hacer si los deja depositados durante 2 años. Dichos depósitos pueden ser canjeados por pesos al tipo de cambio oficial en cualquier momento, o bien se pueden usar para adquirir bienes registrables como casas y autos. Al adquirir dichos bienes, el comprador cede la propiedad de dicho depósito al tiempo que el vendedor que toma esos fondos, sólo los puede utilizar 2 años después de haberlos recibido o retirar los pesos al tipo de cambio oficial. 

Esto
tiene como idea además, que los bancos tomadores de dichos dólares podrían prestar fondos calzados contra los depósitos mencionados que tendrán una tasa de interés real negativa, de modo que se podría exigir a los bancos que brinden financiamiento para la construcción a tasas muy bajas, por períodos de 24/36 meses. 

Los ahorristas podrán pensar que esto implica confiar en que al cabo de 2 años, esto podría no cumplirse, pero lo cierto que es con una brecha de más de 50% el incentivo que se genera es altísimo.

Sé lo que está pensando: “¿volver a confiar en un banco a más de dos años con lo que pasó en 2001?”. Por algún lado hay que empezar. Tenemos dos Argentinas para unir: la que habitamos usted y yo, y la de las estadísticas oficiales.

Un saludo,

Ignacio.

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