¿Es un pecado poner todos los huevos en la misma canasta?

Cuando uno lee una publicación con recomendaciones o análisis de inversores institucionales, la gran mayoría de éstos sugiere estar posicionado 100% en acciones, principalmente para aprovechar la apreciación de capital de éstas. Y si bien los mercados ya llevan un alza pronunciada consecuente de la performance de 2012, luego de un crecimiento nulo en 2011, los analistas estiman que todavía podría quedar resto para 2013.

Hay una frase célebre en los mercados que es citada por aquéllos que sostienen la teoría de “100% en renta variable”, la cual señala que “en el largo plazo, la renta variable presenta mejor performance que los bonos y la liquidez, por lo que alocar todo tu portafolio en acciones impulsará tu rendimiento”.

En ese sentido, Investopedia, una página de educación financiera, apunta a que esta premisa proviene de una base de datos de la firma Ibbotson Associates, cuyos estudios han demostrado que las acciones en el tiempo han dado más retornos que los bonos y el efectivo. Y muchos analistas y especialistas han dado el visto bueno a esta publicación. No obstante, siempre hay que intentar ir un poco más allá de los estudios teóricos y analizar en la práctica las implicancias de optar por un 100% en acciones.

En primer lugar, hay que desagregar el análisis de Ibbotson, ya que no es lo suficientemente robusto como para llegar a una conclusión de tal magnitud. La realidad es que se toma la performance desde 1926 al día de análisis, sin tener en cuenta los inicios de Wall Street, que datan por 1817. Por lo que no es literal que históricamente las acciones han rendido más que otros activos.

Quizás muchos se basen en los rendimientos de carteras de gurúes de las inversiones, que han apostado todo su capital a acciones y han obtenido réditos interesantes, como es el caso de Warren Buffett, cuya fortuna fue cimentada a base de renta variable. Histórico contrario del oro y de bonos, su estrategia de value investing lo ha hecho siempre animarse a arriesgar un poco más. Y los resultados están a la vista.

Pero esta adrenalina no es para cualquiera, ya que se necesita una cierta espalda financiera, porque si bien el mercado de acciones puede ser muy redituable en el largo plazo, en el corto puede ser lapidario.

En ese sentido, si quiere evitarse dolores de cabeza por ver su porción de renta variable derretirse en el corto plazo, lo recomendable es que diversifique en algo su cartera con otro tipo de activos. Esto podrá ayudarlo a capear escenarios adversos y cubrir su patrimonio variable en el largo plazo.

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