Analizando los costos del pensamiento cortoplacista

Los plazos de inversión dentro del mundo financiero históricamente fueron comprendidos en la terna de corto, mediano y largo plazo. Muchas personas llevan sus ahorros a asesores financieros debido a que tienen poco tiempo para manejar sus inversiones y además consideran que los profesionales van a darle retornos más suculentos en poco tiempo.

La cuestión aquí es que cuando usted decide depositar su confianza –léase su dinero- está jugándose a que se dé un conflicto de intereses y de pensamientos con el asesor.

Uno de los principales problemas que se genera en torno a esta cuestión es que los asesores tienden a tomar posiciones de más corto plazo o de trading para lograr rendimientos abultados para su cliente. En esta sintonía, los profesionales dejan de lado la posibilidad de ganar con la apreciación del capital en el largo plazo, ya que muchas veces venden sus servicios prometiendo retornos de dos dígitos en apenas meses.

Varios portfolio managers muchas veces pagan el precio de no seguir esta tendencia del corto plazo y de la inmediatez. Por ejemplo, aquéllos que se mantuvieron alejados de la burbuja puntocom entre 1997 y 2000, el período donde se vio la mayor suba, fueron castigados por el mercado por no seguir la moda. No obstante, cuando este fenómeno explotó, estos analistas, que miraron el largo plazo y vieron que esa escalada era artificial, lograron mejores rindes que aquéllos que apostaron por la inmediatez y los retornos abultados del trading cortoplacista.

Sumado a esto, hay un tema que lo perjudica a usted y beneficia altamente al broker. Cuando decide hacer transacciones diarias en forma seguida, lo que uno no se da cuenta es que la ganancia del asesor sube en detrimento de la suya, debido a que está expuesto a pagar altas comisiones por comprar y vender hartas veces en apenas un día.

De la teoría a la práctica

Ejemplos concretos de esta tendencia podrían verse tanto en aquéllos que se subieron también a la burbuja financiera que inició en 2006 y culminó con el crash de 2008. El fondo Fairholme había apostado fuerte a instituciones financieras estadounidenses durante esa época a través de Bank of America y AIG, aduciendo que estaban altamente subvaluados y que tenían valor en el largo plazo. El tiempo pasó y en 2008 estas dos firmas se derrumbaron, asustando a los inversores de este fondo, quienes sacaron miles de millones de dólares del mismo.

No obstante, el administrador de Fairholme mantuvo sus fundamentos de largo plazo y conservó los papeles a pesar del derrumbe de 2008. Y su visión le dio la razón: luego de tocar un piso de 3 dólares en marzo de 2009, la acción subió 600% hasta 18 dólares en 2010. Lo mismo ocurrió con AIG, que luego de la crisis cayó a 7 dólares y tuvo que ser salvado por el Tesoro estadounidense. La realidad es que la aseguradora al día de hoy subió casi 400% desde el mínimo del crash.

Como verá, el corto plazo es la perdición de muchos y el largo plazo es el beneficio de pocos. 

Deja tu respuesta