Todos quieren su dinero

Federico Tessore

Tener dinero no es fácil. Si usted se deja llevar por los impulsos y deseos, su dinero se evaporará rápidamente. Es que la tendencia natural provoca que desaparezca. 

Primero y principal, es muy difícil controlar los grandes incentivos que el capitalismo y la tecnología inventaron para que consumamos cada vez más. Las ofertas y tentaciones están por todos lados. 

Todos quieren nuestro dinero. Y a cambio están dispuestos a ofrecernos cualquier cosa.

Ahora, supongamos que usted tiene una disciplina de acero y vence la gran mayoría de esas tentaciones. No cambia el auto cada vez que puede. No se compra relojes. No compra la última televisión o computadora. No compra ropa compulsivamente para sentirse mejor. En definitiva, no se deja llevar por las publicidades que invaden nuestra vida.

Buena noticia: le quedó algo de dinero para ahorrar. Mala noticia: invertir ese dinero no es nada fácil.

Nuevamente, todos quieren una parte de sus ahorros.

Ahora no es el turno de las marcas de lujo ni de las empresas de moda o de esparcimiento. Los que entran en la batalla, con toda su artillería, son los bancos y las entidades financieras en general.

Estas empresas son expertas en tomar parte del dinero de sus clientes sin que se den cuenta. Eso sí, todo esto se da dentro de un clima de respeto, formalidad y elegancia.

Por eso los bancos le ofrecen cuentas corrientes. Cajas de ahorro. Luego tarjetas de débito. Varias tarjetas de crédito de colores varios. Cajas de seguridad. Seguros para esas tarjetas y esas cajas de seguridad…

Luego le ofrecen un crédito, aunque no lo necesite. Si se resiste a ellos, le ofrecen un fondo de inversión o un plazo fijo. Luego le ofrecen comprar una acción. Y luego otra. Y luego un fondo. Un bono. Inmediatamente le sugieren vender esas inversiones y comprar otras acciones y así hasta que se imagine…

O mejor dicho, hasta que se quede sin dinero.

Si usted logra vencer la tentación de consumir esos productos financieros y no toma ningún ofrecimiento, buena noticia: el banco lo echa. No es más interesante como cliente, la maquinaria entra a funcionar para exprimir a otra víctima.

Ahora, cuidado. Esto pasa en todo el mundo. No es un fenómeno único argentino. La globalización masificó a la sociedad de consumo. Las técnicas y estrategias son iguales en todas partes del mundo, y los grandes bancos y financieras funcionan igual en todos los países. 

Lo que sí es un fenómeno bien argentino es el prejuicio negativo que existe sobre las personas que logran tener ahorros. No estoy hablando de los millonarios, estoy hablando de personas comunes y corrientes: comerciantes, profesionales, empleados, etc.

SÓLO PIENSE EN SU FUTURO FINANCIERO

Los inversores en la Argentina no sólo son mal vistos por la sociedad, sino que también las conductas que toman esas personas para proteger sus ahorros son vistas como egoístas y poco patrióticas. 

Es como que si un ahorrista realmente quiere ser respetado en su comunidad, no debería considerar su propio interés, sino el de todo el pueblo a la hora de invertir su dinero.

Debería destinar sus ahorros personales al “bienestar general”…

Y esto es un gran problema para todos esos pequeños inversores, ya que cada vez que tienen que tomar decisiones con su dinero se ven ante una especie de dilema moral. 

No sólo deben tratar de decidir cómo proteger su dinero, sino también deben estar atentos a no enojar a nadie con su conducta “egoísta”.

Si usted está en esa posición o alguna vez pasó por esta situación, le pido un único favor: olvídese de ese pensamiento.

No sólo es falso e injusto, sino que es mucho peor, es un pensamiento que termina perjudicando a todo el país en su conjunto. Es decir, si usted sigue esta línea de conducta va a estar en el peor de los mundos. 

No sólo va a perjudicarse usted y a su familia, perdiendo casi con seguridad sus ahorros, sino que también va a perjudicar el futuro de su país.

¿Por qué?

En primer lugar, analicemos la acusación de “egoísta” que reciben los inversores. 

Como mínimo es injusta. Usted ganó su dinero en buena ley y con mucho esfuerzo. ¿Por qué no tiene el derecho de invertir su dinero como mejor le parezca? ¿Por qué no va a poder descartar las inversiones riesgosas y elegir las más rentables y seguras?

Verá, antes que el grupo de personas que componen un país, están usted y su familia. Ésa es la única prioridad. No se olvide de eso. 

Usted no puede funcionar como un superhéroe que puede salvar el futuro financiero de toda una nación. Ya bastante difícil es lidiar con sus propios problemas, como para que tenga que cargar otras mochilas.

Por ello, cuando invierta su dinero, sólo busque seguridad y rentabilidad para su propia familia. Ésa es la prioridad en ese momento. Y su mayor responsabilidad. 

En definitiva, lo peor que le puede hacer a su país es perder su dinero. Porque si lo pierde todo, se va a transformar en una carga que otros deben asumir y solucionar. Si usted no tiene dinero para pagar sus gastos y los de su familia, alguien más va a tener que hacerlo. 

Y esto nos lleva al segundo punto del impacto de sus decisiones individuales sobre el futuro de su país. Vamos a un ejemplo concreto para ilustrarlo.

Supongamos que usted compra bonos argentinos porque le parece que es una forma de ayudar a la nación. Hace esto a pesar de que usted sabe que el Estado está en una situación financiera muy mala y que el riesgo de que no pueda devolver ese dinero es muy alto. 

Es decir, sabe que se trata de una mala inversión antes de invertir. A pesar de saber esto, usted se sacrifica. Sabe que puede perder todo, pero decide hacer un “gesto patriótico” para ayudar a su país y compra los bonos argentinos.

Si analizamos los escenarios probables como consecuencia de esta inversión, nos damos cuenta de que -al final- todos pierden. Tanto el país en su conjunto como usted mismo.

Veamos los siguientes dos escenarios:

Escenario 1 – El estado no puede pagar la deuda: Finalmente, como todo el mundo esperaba, ese bono no se paga. A pesar de que usted hizo su pequeña contribución entregándole sus ahorros al Gobierno, esto no fue suficiente. Y el Estado decide reprogramar, cancelar o hacerle una quita a los bonos. Como hizo Argentina en el año 2001. 

Por supuesto, usted pierde parte o todos sus ahorros y, de esta forma, si no puede mantener su empleo, se convierte en una carga para su familia y su país.

Pero lo peor es que todo el pueblo -aquél que usted quería ayudar con su inversión- también sufre, y mucho, ya que tiene que pasar por las consecuencias de una crisis financiera total: alto desempleo, mayor pobreza, destrucción…

En este escenario, tanto usted como la nación pierden. 

Si usted no apostaba su dinero en los bonos argentinos, el daño era menor. El país sufría, eso usted no lo puede evitar, pero por lo menos usted y su familia continúan a flote. Y más importante aún, el Estado no tiene que ocuparse de mantenerlo.

Escenario 2 – El estado paga su deuda: Ahora, supongamos que el Gobierno finalmente paga. Es decir, usted recupera su dinero más una ganancia. 

Sea consciente de que, si bien salvó su dinero, expuso a su familia a un riesgo desmedido. Jugó a la ruleta rusa con su futuro financiero…

Y si bien puede pensar que con su inversión aportó su “granito de arena” para que el país no haya caído en default,  lo concreto es

que con su conducta no “castigó” a los políticos como se merecían.

Esto provocará que esos políticos no tengan problema en seguir tomando medidas irresponsables que impliquen exponer al Estado a gastar más de lo que le ingresa. Total, saben que siempre va a haber alguien dispuesto a asumir un riesgo desproporcionado para tapar sus errores.

Lo importante es saber que esa conducta no es sostenible en el tiempo. Tarde o temprano vivir por arriba de nuestros medios termina mal. En el caso de los Estados, los destruye. En el caso de las empresas, las quiebra. 

Es que siempre alguien tiene que pagar los excesos, alguien tiene que poner la plata. Y en el caso de los excesos cometidos por un Gobierno, los termina pagando la gente, no los políticos.

Conclusión: usted recuperó su dinero, pero “apoyó”  la conducta irresponsable de los políticos que gobiernan su país. 

Si usted no invertía en bonos argentinos, en primer lugar no corría un riesgo innecesario con su inversión y en segundo lugar contribuía a que los funcionarios de turno no encuentren una solución fácil a sus conductas irresponsables.

DEJE FUNCIONAR AL SISTEMA DE PRECIOS

Por ello, antes de comprar bonos de un Estado financieramente irresponsable,  piénselo bien. ¿Es realmente una buena inversión? ¿Tiene sentido el riesgo que está asumiendo?

Usted no querrá ser cómplice de un Gobierno que toma malas decisiones, hipoteca el futuro de su país y además pone en riesgo su propio futuro financiero.

Al final del camino, y si vamos a las causas más profundas de este análisis, de lo que se trata es de que contribuyamos con nuestras decisiones de inversión a que el sistema de precios funcione. 

Es que los precios en definitiva son una forma que tienen las personas para votar sobre un determinado producto o servicio. Si nadie quiere los bonos argentinos y el Estado está desesperado por vender bonos argentinos, esto se va a ver reflejado en el precio. Mucha oferta, baja demanda, los precios caen.

Y si usted toma decisiones sobre este tema sin tener en cuenta esta lógica, rompe el sistema de precios, rompe las señales del mercado. Se convierte en cómplice de los políticos ineficientes y corruptos.

Por ello, si todos los indicadores señalan que comprar bonos argentinos es muy riesgoso, no invierta. 

Esa decisión no sólo va a ser la mejor para su futuro, sino también va a ser lo mejor para el futuro de su país. Los políticos no conseguirán financiamiento para sus locuras y se tendrán que ir o corregir sus conductas.

Aquel político que lo quiera convencer de lo contrario es muy probable que busque pagar sus propias irresponsabilidades con su propio dinero.

Le deseo una excelente semana de inversiones,

Federico Tessore.
Para InversorGlobal Argentina.

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