Predecir la crisis no era complicado

Federico Tessore

Reportando desde Miami, Estados Unidos

Por ello, durante los próximos dos meses compartiré algunos extractos con usted.

Me alejaré un poco del día a día de nuestra economía e intentaré ver las cosas con un poco más de perspectiva. A continuación, comparto un extracto del primer capítulo. Allí escribo sobre algunas ideas relacionadas a cómo predijimos la crisis que hoy está viviendo la Argentina.

En la actualidad, la crisis no es una novedad. Todos la vivimos y la conocemos. Todos los medios de la Argentina hablan de asuntos como el dólar, las restricciones al comercio y la economía que se detuvo. Pero en septiembre de 2011 nadie lo hacía.

En este primer anexo hablo un poco acerca de cómo surgió la idea de que la economía iba a entrar en una fuerte crisis.

Pero el objetivo del libro no es sólo hablar de economía e inversiones. Al comienzo de cada capítulo, la idea es compartir breves anécdotas personales, experiencias que me tocó vivir durante los últimos años de recorrer el mundo junto a inversores de todo tipo y calibre.

Aquí va el primer extracto. Al final incluyo un enlace para que pueda acercarme sus comentarios, sugerencias e ideas sobre el tema.

– – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – –

      Castillo de Courtomer, Normandía, Francia

Era una tarde de junio de 2011, en la primavera francesa. Un leve rayo de sol entraba por las ventanas del vagón del tren que nos llevaba de París a L’Aigle. El Castillo de Courtomer estaba a unos pocos minutos de este pequeño pueblo. Y ésta sería nuestra morada durante la siguiente semana.

Mientras el tren pasaba por los pintorescos pueblitos franceses, la discusión dentro del vagón iba tomando temperatura. Un británico contaba cómo el Gobierno inglés estaba llevando su economía a una depresión. Un sudafricano relataba los problemas que la “inflación” le estaba trayendo a su país. Una australiana contaba cómo la dependencia de China y los commodities los hacía vulnerables. Y una estadounidense pronosticaba el fin de su país.

Nosotros, en una esquina del vagón, aún no emitíamos una sola opinión. En realidad, estábamos más ocupados en “cuidar” nuestras valijas que habían quedado en el mismo lugar en el que las dejaban todos los pasajeros, al lado de la puerta de entrada al vagón, sin ningún control, candado o seguridad…

Finalmente, un francés interrumpió nuestra preocupación y nos obligó a sacar los ojos de la valija. Nos preguntó: “Y, ¿qué pasa con Argentina? Anda muy bien, ¿no?”

– – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – –


A mediados del año 2011, la economía del país era la envidia de todo el mundo. Luego de la crisis de finales de 2001 y principios de 2002 había entrado en una rápida y fuerte recuperación.

El Estado argentino decía que era un ejemplo para otras naciones, y algunos medios y Gobiernos internacionales lo creían.

Pero, si uno no se dejaba llevar por esa ola avasallante de optimismo, darse cuenta de que la economía estaba entrando en un terreno muy peligroso a mediados de 2011 no era una tarea muy difícil.

Algunos de los números concretos que marcaban una alerta eran bien claros:

 Cinco años con un ratio de inflación promedio del 25% anual.

 Precios que daban señales de estar caros en dólares nuevamente.

 Un festival de gasto del Gobierno, que incluía subsidios descontrolados y crecientes.

 Un déficit fiscal que no paraba de crecer desde el año 2007.

 Una fuga de capitales que se estaba convirtiendo en récord histórico en 2011.

 Un contexto internacional que se estaba complicando nuevamente.

Y por si todo esto fuera poco, estábamos ante un Gobierno que no admitía ningún problema…

Su “estrategia económica” se basaba en convencer a toda la población de que Argentina era un ejemplo para el mundo, que su economía se había recuperado y nada la podía detener.

En definitiva, el Gobierno no tenía una política económica sólida para enfrentar los problemas mencionados, más allá de una estrategia de comunicación.

Pero este marketing económico era muy eficiente. Gracias a él pudimos llegar a septiembre de 2011 sin que gran parte de los argentinos se cuestionase la viabilidad del modelo económico del país.

El marketing podía más que los números concretos. Las apariencias eran más fuertes que los hechos.

Las respuestas que daban los funcionarios de turno cuando algún periodista o analista se animaba a dudar sobre el futuro de la economía argentina me recordaban las respuestas que los protagonistas de las crisis que pasó Estados Unidos en los años 2000 y 2007 daban ante las mismas preguntas.

En marzo del año 2000 el mundo fue testigo de la explosión de la llamada “burbuja punto com”. La revolución de financiar con miles de millones de dólares a empresas que no tenían la mas mínima idea sobre cómo generar ingresos llegaba a su fin de un día para el otro. La burbuja explotaba a pesar de los pronósticos.

Previo a la crisis nacían empresas al calor de la expansión de Internet que recaudaban millones de dólares de inversores que querían participar de este boom, sin siquiera prestar atención a si el negocio era rentable o no. Cuando un inversor que no se dejaba llevar por esta ola preguntaba un poco más sobre la viabilidad del negocio y sobre cuándo iba a generar ganancias, era descalificado rápidamente.

“No entiendes”, le decían. “Estamos ante una revolución, el mundo no es como era antes, ahora las inversiones se analizan de una forma diferente, no importan los gastos ni las ganancias, esto es el futuro…”.

El inversor tradicional parecía un tonto, dudaba. Es cierto, es difícil ir contra la corriente. Pero el escepticismo valió la pena.

Finalmente, cuando la burbuja explotó en marzo del año 2000 y todas estas empresas quebraron en unos pocos meses, estos inversores tradicionales no perdieron un solo dólar.

Lo mismo pasó antes de que explotara la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos en 2007. Cuando un inversor desconfiado, en el año 2005, preguntaba sobre si era sostenible un mercado donde cualquier persona -presentando casi ninguna garantía- podía obtener un crédito por el 110% de una propiedad, era tratado despectivamente.

De nuevo el mismo discurso: “Estamos ante una nueva realidad, hay plata ilimitada, es una oportunidad que nos da una nueva realidad superadora, no entiendes nada si no aprovechas esto…”.

Y para rematar el argumento, estos defensores de las “nuevas realidades” mostraban los extraordinarios números de crecimiento de los años anteriores. Como si esto fuese una garantía de que este crecimiento iba a continuar en el futuro.

En el segundo semestre de 2011 y el primero de 2012 pasó lo mismo en la Argentina. Los funcionarios afirmaban que la nación era un ejemplo para todo el mundo.

“Argentina encontró una nueva manera de manejar la economía, el mundo desarrollado en crisis debe aprender de nosotros”, rezaba el discurso del momento.

Y cualquiera que se animaba a cuestionar esto era un retrogrado que se había quedado en el pasado y que no sabía entender este cambio revolucionario que explicaba el crecimiento de la economía desde el año 2004.

Además, inmediatamente se lo asociaba con lo más bajo que le había pasado a la Argentina durante las últimas décadas: golpista, defensor de la dictadura, de los bancos, de los capitales externos, noventista, anti argentino, enemigo de los pobres y muchos “insultos” más.

En este contexto, a medida que nuestra opinión se empezó a conocer más y más, las criticas crecieron. Aunque, paradójicamente, al mismo tiempo que estas críticas crecían, los números de la economía argentina entraban en una espiral descendente que desembocaron en todos los controles que tuvo que imponer el Gobierno a fines de 2011 y principios de 2012 para evitar la crisis terminal que anunciamos en el informe del “Fin de la Argentina”.

Los medios masivos de comunicación empezaron a ver estos números y cifras concretas y, lentamente, se animaron a hablar cada vez con más fuerza y contundencia sobre los problemas que comenzaba a mostrar la economía. En abril de 2012, la fragilidad de la economía argentina ya era tapa de todos los diarios.

Nuestra idea sobre el “Fin de la Argentina”, que nació como algo contrario y pequeño en septiembre de 2011, se había convertido en una idea grande y principal seis meses después. El dólar, las restricciones y los problemas económicos eran nuevamente la mayor preocupación de gran parte de los ciudadanos.

Nosotros habíamos cumplido nuestro trabajo, le habíamos adelantado a todos nuestros lectores lo que se venía en la economía. Habíamos adelantado la tapa de los diarios con seis meses de anticipación.

Y más importante aún, le habíamos dado tiempo a nuestros lectores para prepararse para pasar la crisis lo mejor posible. Un tiempo invaluable que puede marcar la diferencia entre la ruina y el progreso.

 

– – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – –


La idea de ir publicando estos extractos es que la versión final del libro pueda ser mucho más completa, incluyendo  las experiencias de inversores reales como usted. Por lo tanto, no deje de incluir sus comentarios, sugerencias e ideas en nuestro bloghaciendo click aquí.

Le deseo un muy buen fin de semana,

Federico Tessore.
Para InversorGlobal Argentina.

Comments 6

  1. wilmar
  2. wilmar
  3. ftessore
  4. ftessore
  5. Javier
  6. Javier

Deja tu respuesta