Los 4 culpables de la crisis

Federico Tessore 

Argentina tuvo una impresionante recuperación luego de la crisis del año 2002. Ésta se había apoyado en cuatro columnas vertebrales:

– Los llamados superávit gemelos, que incluían superávit comercial y fiscal.

– Un tipo de cambio competitivo que favorecía a las exportaciones argentinas.

– La confianza de los argentinos en la economía y en el peso.

– Un contexto internacional muy favorable.

En septiembre de 2011 veíamos que esas cuatro variables que habían promovido el desarrollo desde el año 2002 estaban agotadas.  Creíamos que el crecimiento que tenía la economía durante el 2011 no podía seguir basado en estas cuatro variables.

Para continuar había que hacer cambios muy fuertes en la economía. Cambios que el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner parecía que no tenía ganas de hacer. Y por lo tanto, si el Estado seguía en la misma senda, nuestra visión era que iba a chocar contra una pared.

Para entender un poco mejor por qué pensábamos esto, analicemos cada una de estas cuatro variables y su situación en 2011.

EL DÉFICIT FISCAL

Desde el año 2009 el Estado argentino tenía déficit fiscal. Es decir, gastaba más de lo que recaudaba. Si uno analizaba la política de gastos del Gobierno, resultaba fácil entender por qué pasaba esto.

El Gobierno kirchnerista armó durante sus años de gestión una red de subsidios asombrosa. Subsidiaba desde la energía eléctrica o el gas hasta el transporte público. La mayoría de los servicios no habían ajustado sus precios desde la devaluación del año 2002.

Para que se dé una idea, la tarifa industrial de gas en la Argentina era un 73% inferior al promedio de lo que se paga en Brasil, mientras que la tarifa básica residencial equivalía a sólo el 5% de lo que se pagaba en Chile en 2011.

Otro ejemplo: el boleto de colectivo en la Ciudad de Buenos Aires costaba ARS 1,20 en 2011. Si no fuera por los subsidios del Gobierno tendría que costar ARS 3,75. Para llegar a esto tendría que aumentar un 220%.

En 2011 se gastaron ARS 70 mil millones en subsidios, que representaba el 3,1% del PBI argentino. En el año 2006 estos subsidios representaban sólo el 1% del PBI. Un alocado e imparable crecimiento.
            
Si a los subsidios sin límites le sumábamos otros “alocados” gastos como el plan “Fútbol para todos” que insumía ARS 1.200 millones anuales o el mantenimiento de Aerolíneas Argentinas que insumía otros ARS 3.200 millones anuales, entender cómo habíamos pasado de superávit a déficit fiscal era muy simple.

En definitiva, el superávit fiscal que había blindado a la Argentina hasta el año 2008 se había terminado. 

UNA VUELTA AL 1 A 1

A pesar de que el dólar cotizaba en septiembre de 2011 a más de cuatro pesos por unidad, su valor real estaba más cerca de 1.  ¿Cómo ocurre esto?

Hay dos formas de medir el tipo de cambio. La primera y más común es hacerla por el valor nominal del tipo de cambio. Esto muestra a qué precio se cambian las monedas de uno y otro país.

Pero lo realmente interesante es tomar el tipo de cambio real, que es el que mide la relación a la que una persona puede intercambiar los bienes y servicios de un país por los de otro. 

Y para esto tenemos que tener en cuenta la inflación de cada una de las naciones. Además del tipo de cambio nominal.

Vamos a un ejemplo concreto y midamos el tipo de cambio entre Argentina y Estados Unidos en el período anterior a la crisis del 2011.

Por un lado teníamos a la inflación que en la Argentina había sido de alrededor del 100% entre 2007 y 2011.

Por otro lado, la devaluación del tipo de cambio había sido, en promedio, de tan sólo el 8% anual. El 2 de enero de 2008, según datos del BCRA, el dólar estaba en ARS 3,14. Casi cuatro años más tarde, la cotización era de ARS 4,16. 

Es decir, mientras la inflación había subido un 100%, la suba del tipo de cambio había sido de sólo el 30%.

Mientras en Estados Unidos, en ese mismo período, la inflación no había sido superior al 10%.

En base a esto, hagamos los números simplificando un poco los cálculos. 

Si los precios subieron un 100% en la Argentina, y un 10% en Estados Unidos, para que nuestros productos sigan siendo igual de atractivos en ese país, nuestro tipo de cambio nominal tendría que haber subido alrededor del 90%.

Pero el tipo de cambio había subido sólo un 30% en cuatro años.

Por lo tanto, nuestros productos aumentaron un 60% en dólares entre 2008 y 2012. Había cambiado la ecuación de la economía argentina.

Ya no era fácil exportar. Todo lo contrario, era muy difícil. Y lo que era fácil ahora era importar. Nuestros productos estaban baratos nuevamente.

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En concreto, como se desprende del gráfico anterior, podemos ver que el dólar se encontraba solamente un 10% por encima de los valores de la Convertibilidad cuando se lo corregía por la inflación. 

En un prestigioso matutino argentino de la época salía como nota de tapa la “Vuelta del deme dos en Madrid y Miami”, indicando cuan barato estaba el dólar en nuestro país.

LA CONFIANZA PERDIDA

En septiembre de 2011 se daba una situación paradójica. Si bien políticamente el Gobierno que iba a ser reelegido sólo dos meses después tenía apoyo político, esto no estaba tan claro en términos económicos.

Una parte importante de la población mostraba no estar “cómoda” con los pesos. Y esto se veía en las altas cifras de “fuga de capitales” que se comenzaba a acelerar hacia el año 2007.  

Se conoce como “fuga de capitales” a todo dinero de un país transferido a otro país. Este fenómeno -por supuesto- eleva y mucho la demanda de dólares. Dólares que necesitan los argentinos que salen del peso para enviarlos al exterior con el objetivo de proteger sus ahorros. 

¿Protegerse de qué?

Entre otras cosas, de la altísima inflación que desde el año 2006 estaba por arriba del 10% anual. 

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Viendo estas altísimas cifras de inflación anual y teniendo en cuenta que las tasas de interés en la Argentina en ese mismo período no superaban el 10% anual, no es muy difícil entender por qué muchos argentinos compraban dólares y los enviaban al exterior.

Si a esto sumamos el recuerdo de los argentinos de las crisis de 2002 o de 1990, el tema pasaba a estar más claro aún. 

Hacia el año 2011, esta fuga de capitales -que empezó en el año 2007- se hizo frenética. 

Durante el primer semestre del año 2011 se fugaron USD 10 mil millones. Todo hacía pensar que en el segundo semestre del año se iban a ir aún más dólares y de esta forma se iba a superar el monto que se fugó durante el año 2008.

Recordemos que 2008 fue un año complicado no sólo en la Argentina, sino también en el mundo. Por un lado, estallaba una fuertísima crisis financiera global que casi destruye a los grandes
bancos internacionales. A nivel local, la disputa entre el Gobierno y el campo y la estatización de las AFJP creaban un clima muy enrarecido. 

Ese año se fueron USD 23 mil millones.  En 2011 la economía iba en camino a superar ese “récord”.

Veamos el siguiente gráfico para tener más claridad:

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La novedad de aquel proceso de fuga de capitales era que estaba mayoritariamente en manos de personas, de individuos como usted o yo. Según estadísticas del propio banco central en 2007 y 2008, dos tercios de los fondos dolarizados eran de operadores mayoristas.

En 2009 y 2010 las cifras se repartieron por mitades. En cambio, en 2011, el 80% de las compras de dólares eran de minoristas, de personas.

La confianza se había evaporado en muy poco tiempo…

EL CONTEXTO INTERNACIONAL SE COMPLICABA

Otra de las variables que ayudó a la Argentina en la recuperación posterior a la crisis del año 2002 estuvo relacionada al muy positivo contexto internacional de la época. El mundo estaba colaborando para que el país se recuperara y muy rápido. 

Por un lado, Brasil nos dio una gran ayuda con su tipo de cambio cada vez más barato. En 2003, por cada dólar había que entregar 3 reales. En septiembre de 2011 sólo 1,60 reales.

Esto provocaba que nuestros productos fueran baratos en reales. Un producto que Argentina vendía a un precio de un dólar, en 2003 costaba tres reales y en 2011 casi la mitad. Gracias a esto las exportaciones a Brasil aumentaron fuertemente.

En el año 2002 exportamos a Brasil USD 4.848 millones. En el año 2011, USD 17.702 millones, según el INDEC. Y cada vez que Brasil aumentaba el tipo de cambio, estas exportaciones disminuían fuerte. 

Como pasó a fines del año 2008 y principios de 2009 cuando Brasil devaluó y nuestras exportaciones bajaron más de USD 2.000 millones.

Por ello, seguir de cerca qué iba a pasar con nuestro principal socio comercial era muy importante. Todo hacía pensar que Brasil entraría en terrenos complicados para la Argentina.

Por otro lado, la soja era la otra gran variable que estaba ayudando al crecimiento argentino. 

En el año 2002, el llamado “complejo sojero” que incluye a las ventas de granos, aceites y harina de soja, exportó por un total de USD 4.900 millones. En el año 2011 este mismo complejo sojero -que además incluía el biodiesel- lograba exportaciones por USD 22.000 millones.

El precio de la soja, que en el año 2002 estaba en USD 208 la tonelada, en el año 2011 estaba en USD 500. 

En 2011 más de un 25% de las exportaciones argentinas correspondían a la soja. Y los ingresos fiscales -por supuesto- se apoyaban en este crecimiento. Cualquier disminución en el precio de la soja no sólo golpearía los ingresos del Estado sino también el de todos los argentinos.

Hacia el año 2011 había evidencias que indicaban que el precio de la soja podía comenzar a bajar.

Finalmente, la otra gran variable relacionada al contexto internacional que ayudó a la Argentina fue la política de tasa de interés baja que la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos implementó a partir del año 2002, con excepción del período anterior a la crisis de 2008.

Esta era de tasa de interés baja tuvo dos efectos. Por un lado, desalentó a los inversores de países como la Argentina a enviar el dinero al exterior. Ya que si enviaban sus dólares a Estados Unidos, por ejemplo, iban a lograr una rentabilidad muy baja.

Por otro lado, contribuyó a que la llegada de dólares a los países emergentes fuera récord, ya que los inversores de las naciones desarrolladas huían de las inversiones en sus lugares de origen porque no eran rentables. 

Tomar como permanente esta situación de tasas de interés favorables era muy peligroso. Esto podía cambiar en cualquier momento y el impacto sobre la Argentina iba a ser duro.

De hecho, en el año 2008, la economía argentina estuvo a punto de caer como consecuencia de un brusco cambio en el contexto internacional. Ese año la grave crisis financiera en Estados Unidos se contagió en todo el mundo. 

Argentina la pudo sobrepasar porque en la época, aún, los números estaban sólidos.

Pero en el 2011 la situación era otra. ¿Cómo iba a pasar Argentina una crisis similar?

El riesgo era muy grande y nadie lo quería ver.

¿Cómo están esas cuatro variables hoy?

Las primeras tres, déficit fiscal, tipo de cambio y confianza están peor que nunca. El Gobierno lo único que logró con el corralito cambiario y con las restricciones al comercio es contener la situación. Pero el problema no está solucionado. Está mucho más agravado que en noviembre de 2011.

Y el contexto internacional no se complicó como preveíamos un año y medio atrás. El precio de la soja sigue muy alto, el real está en torno a los 2 reales por dólar y las tasas de interés siguen bajas en Estados Unidos.

Por ello, aquel inversor que invierte en la Argentina en esta situación, no debe olvidar que está invirtiendo en “terreno minado”. Si logra pasar las “minas terrestres”, puede llegar a ganar dinero. Pero el riesgo es cada vez más alto.

Le deseo una excelente semana de inversiones,

Federico Tessore.
Para InversorGlobal Argentina.

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