Lo sentimos pero se acabaron las buenas noticias

Lo siento, pero este día no vengo con buenas noticias.

La mañana del domingo ni siquiera tuve que abrir los diarios para ver que la cosa no venía bien:

El titular del diario El Mercurio afirmaba: “Precios de los alimentos suben más que los sueldos en los últimos cuatro años”.

Se acabó la autocomplacencia. Aumento de la inversión extranjera, mejora en la calificación de deuda, precios récord para el cobre, tipo de cambio que se aprecia. A pesar de todo esto y, sobre todo, a pesar de las bajas cifras de desempleo y de crecimiento de los salarios reales, Chile está incubando un problema que muchos parecen no querer ver:

La inflación.

Si lo publicó en portada El Mercurio, un diario “amigo” del Gobierno, podemos leerlo como una clara señal de que el tema en verdad podría estaría comenzando a preocupar en las esferas más cercanas al poder.

Es un llamado de atención, una alerta sobre dónde podría estar uno de los focos de discusión durante este año electoral. A nadie le gusta ver que el sueldo no le alcanza para comer y si el reclamo se comienza a levantar, de seguir las cosas así, la oposición lo hará suyo en la campaña que se avecina…

      El pasado miércoles se supo que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) terminó 2012 con un incremento de 1,5%, pero a los hogares les queda la sensación de que el costo de la vida no ha subido tan poco y ese sentimiento tiene su aval en que detrás del promedio del IPC se esconde una pronunciada alza de precios de los alimentos. De 77 productos alimenticios que registra este indicador, 68 subieron su valor en un año.

      En cuatro años, los alimentos acumulan un alza de 23,8%, por encima de lo que han crecido las remuneraciones en el mismo período, las cuales según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) se elevaron 20,19% nominal desde 2009. Es decir, los sueldos subieron, pero la comida lo hizo más pronunciadamente. Para el bolsillo, especialmente de los encargados de las compras diarias, la sensación de incrementos es mucho mayor de lo que informa el IPC.

Las alzas de precios, cuenta la nota, han provocado una serie de cambios de hábitos en las personas, que buscan mantener, en la medida de lo posible, su nivel de consumo de frutas y verduras. Según cifras de Euromonitor, el consumo de frutas en Chile es de 64 kilos por año por persona, cifra que se eleva a 110 kilos en el caso de las verduras.

Pero lo que me importa destacar, más allá del tema puntual de las frutas y verduras y de las estrategias a las que la población debe recurrir para mantener ciertos niveles de consumo saludable, es que en Chile las cosas no son tan lindas como parecen. Es decir, de qué sirve ganar más si las cosas suben más rápido de lo que se gana. De hecho, esto muchas veces genera una especie de “efecto espejismo” según el cual, al saber que los ingresos aumentan, es frecuente que aumentemos el gasto en bienes y servicios en los que antes no solíamos gastar.

¿O por qué cree que el sushi es tan popular?

¿O que Chile sea el país latinoamericano que vende la mayor cantidad de iPhones por persona?

Y como encima de esto las cosas en las que sí solíamos gastar suben incluso por arriba de lo que aumentaron los ingresos, el único camino con el que las personas tienden a encontrarse es el de la deuda, que si bien muchas veces se presenta como solución, al mismo tiempo tiende a ser un nuevo problema.

Y los alimentos no son lo único.

En otra nota del diario, más pequeña en portada, este domingo también se hablaba de otro aumento de fuerte incidencia en la vida de miles de chilenos:

Gráfico

¿Recuerda que hace un par de años el Tribunal Constitucional prohibió la posibilidad de que las Isapres reajustaran sus planes de acuerdo a la edad o el sexo de los afiliados? 

Bueno, resulta que las Isapres no perdieron un solo peso con la medida. Esto, porque al año siguiente al fallo anotaron un ajuste a sus planes del 6% al alza en promedio. Simple: si no les podemos cobrar más a ancianos y potenciales embarazadas porque es discriminatorio, entonces les cobraremos más a todos por igual. Así no discriminamos.

Ahora la noticia es que la Corte Suprema ha rechazado por unanimidad los ajustes aplicados. Según consigna la nota de El Mercurio:

      “…los argumentos esgrimidos por las Isapres, de aumento de uso y una mayor inflación, no eran suficientes para justificarlos.”

Y si bien es una buena noticia para los usuarios del sistema privado de salud, al mismo tiempo es otra muestra de cómo los costos de vida se fueron encareciendo al mismo tiempo que, en teoría, debería haber mejorado la calidad de vida de los chilenos debido a los mayores niveles de la productividad de la economía en general y de las billeteras familiares en particular.

La plata, al final, no alcanza.

Y quiere que le dé otra noticia: el futuro sólo parece indicar que las cosas serán peores.

JUBILACIÓN ACOMODADA, UNA QUIMERA

Con todo lo anterior, una y otra vez volvían a mi cabeza los comentarios del consejero del Banco Central, Joaquín Vial, quien en un seminario se despachó con una de las bombas más temidas por el establishment económico chileno: el sistema de AFP tiene serios problemas estructurales y las jubilaciones, cuando llegue el momento, serán paupérrimas.

Me permito una historia personal. La semana pasada fue el último día de plazo para que los contribuyentes que trabajan con boleta de honorarios pudieran renunciar a entregar un porcentaje de sus ingresos al sistema de capitalización previsional. Un amigo, el típico “boletero”, pasó por mi casa para que le explicara cómo debía hacer para no aportar. Al trabajar en InversorGlobal me llegan un montón de preguntas similares, por mucho que no sea exactamente lo que hago.

De hecho, yo no lo sabía, pero juntos lo investigamos y así lo “ayudé” a no cotizar. Al menos, hasta que sea obligatorio en un par de años más.

Ahora, volvamos a la nota de la que le hablaba. Según publicó El Mostrador, el mensaje de Vial fue simple y contundente: “la transición demográfica chilena provocará que el sistema, como funciona actualmente, no podrá pagar buenas pensiones”.

      “Cerca del 60% de los cotizantes activos que entraron al sistema en 1981 tiene saldos inferiores a $20 millones (no incluyendo bonos de reconocimiento). Con $20 millones de saldo, se puede aspirar a pensión del orden de $150 mil. Una parte importante de ellos va a caer en APS (Aporte Previsional Solidario)”, dice Vial.

      El consejero del Banco Central explica que el actual sistema tiene 4,7 millones de cotizantes activos, cifra que se compara con 10 millones de afiliados y 1 millón de jubilados en AFP.

      Vial explicó que 400 mil cotizantes activos tienen ingresos iguales o mayores al tope imponible (70,3 UF o más de $1,6 millones) y que sólo 1 millón tiene Ahorro Previsional Voluntario “y de ellos 774 mil tienen menos de $10 millones de saldo”.

Conclusión evidente: casi nadie ahorra más allá de lo estrictamente necesario, de lo que le obliga el sistema. El ejemplo más claro es mi amigo, quien sólo piensa en su devolución de impuestos en abril y apunta a que las cosas, de alguna manera, se arreglarán en el futuro.

Pero cuando llegue el momento, esa plata de la jubilación, lamentablemente, no alcanzará para nada.

Buena semana,

Felipe.


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