La economía en las sombras: los riesgos de la informalidad

Las cifras de empleo “en negro” cayeron significativamente en los últimos años, pero aún se mantienen en niveles muy altos. Tanto es así, que este hecho no sólo afecta al crecimiento del país, sino que a su vez impacta negativamente en la potencialidad de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires.

La mayoría de las personas, e incluso los Gobiernos, asumen al mercado informal como un ámbito que crea puestos de trabajo y de consecuente alivio de algunas tensiones sociales. No obstante, a pesar de que tengamos el beneficio de contener en el corto plazo a una masa de población en puestos laborales -que posiblemente quedarían desempleadas en un circuito formal- las mismas suelen presentar condiciones precarias y muy inestables. Asimismo, la instalación de una amplia franja de la población desenvolviéndose en circuitos informales genera un efecto de contagio en pequeñas y micro empresas que para competir con ese circuito tienden a buscar mecanismos de evasión o elusión impositiva, ampliándose por ende la cantidad de ventas y actividades que salen de la economía formal de un país.

No es ningún secreto que algunas empresas operan parcial o totalmente fuera de la ley por el subregistro de empleo, la evasión de impuestos, pasando por alto normas de calidad de productos y normas de seguridad, infringiendo derechos de autor, e incluso con el no registro como entidades legales. El problema es particularmente grave en los países en desarrollo, pero la problemática está muy extendida en algunos países del Primer Mundo también.

El Banco Mundial estima que el lado informal de la economía genera cerca del 40% del Producto Bruto Nacional (PBN) de los países de bajos ingresos y el 17% del PBN en aquellas naciones de altos ingresos. En algunos sectores, como el comercio minorista y el de la construcción, la informalidad puede representar hasta el 80% del empleo.

La economía informal es el resultado de la operación de factores de muy diversa índole: económicos, sociales, culturales y laborales. Por lo tanto, las políticas públicas destinadas a transitar de una economía informal a una formal requieren del reconocimiento de esta heterogeneidad y de la articulación de estrategias que actúen sobre las distintas dimensiones de este fenómeno, partiendo siempre de la base de lo difícil que es mensurar y tener estadísticas de un segmento negro o gris de las actividades económicas.

Uno podría pensar que es lógico que empresas nacientes tengan algún grado de informalidad en sus primeras fases de desarrollo para poder sobrevivir, y que a medida que crecen empiecen a “blanquear” paulatinamente el total de sus ventas y sus empleados. En Argentina puede observarse que la reducción de la informalidad ha tenido lugar por diversas formas en los últimos años: por la formalización de procesos productivos y blanqueo de trabajadores informales o “en negro”, y en parte por un proceso de incorporación de trabajadores perceptores de programas sociales, como el plan  “Jefes y Jefas de Hogar”. A pesar de estos mecanismos de inclusión y de una mayor presencia del control de la AFIP sobre grandes, pequeños y medianos negocios, aún no es claro que se haya podido atacar el grueso de la informalidad. Mediciones de Fundación Mediterránea dan cuenta de un 34,5% de informalidad laboral en Argentina como último dato.

¿Viveza criolla o decisión por obligación?

En algunos segmentos, la ventaja de menores costos que las empresas informales tienen por evadir impuestos, registros laborales y regulaciones más que compensa su baja productividad y la pequeña escala de producción. Se distorsiona por ende el régimen de libre competencia, porque jugadores informales se perpetúan en el negocio e impacta en que empresas más productivas formales ganen mayor cuota de mercado. Como se puede apreciar en el gráfico a continuación, en los últimos años se registró una caída en los niveles de empleo “en negro”, aunque el porcentaje sigue siendo preocupante.

Haciendo un repaso sobre la historia económica de Argentina es claro que el constante problema que ha acosado a los distintos Gobiernos de turno ha tenido cierto grado de relación con el financiamiento de las erogaciones de los Estados en sus distintas expresiones, sean éstas efectuadas para su funcionamiento, ejecución de obras de infraestructura, pago de los servicios de la deuda, o de otra índole. Esta situación ha obligado a los gobernantes a tener que ejecutar programas de ajuste a fin de poder ordenar -al menos circunstancialmente- las cuentas públicas, sin llegar en la mayoría de las veces a atacar el problema de fondo generador de estos desfaces.

Abstrayéndonos de otros ítems -o como se dice en términos económicos: ceteris paribus– podemos dar cuenta que esta problemática latente y hoy nuevamente presente en la Argentina, es una de las explicaciones de la ciclicidad de la economía local. La recurrencia de periodos de crisis es…

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