El final del dinero está cerca

Mi pasión por la economía y las inversiones no me permite relajarme por completo en ninguna circunstancia, ni siquiera cuando estoy de vacaciones. Y esto sucedió una vez más en mi viaje reciente.

El destino para quien les habla y mi familia fue Nueva York. Abordamos el avión en busca de la tan preciada “Blanca Navidad”, la cual no fue tan nevada como lo esperado, aunque precisamente los primeros copos asomaron el 24 de diciembre, en la víspera de la celebración.

Como experiencia personal ha sido mi segunda vez en la Gran Manzana, aunque la primera con un infante. Y debo admitir que a pesar de que Manhattan deslumbra por su vértigo y por la adrenalina diaria que se asocia mucho con Wall Street y las inversiones, la ciudad no es “muy amable” para pasear con un niña (y menos si está a bordo de un cochecito).

Residentes y turistas parecen estar en su propio mundo y perder cualquier gesto de amabilidad en todo momento en la vía pública. A esta situación se le suma que la infraestructura, sobre todo la del subterráneo, no es para nada “baby friendly”. Pero, a pesar de ello, es Nueva York, con todo lo que eso implica.

En muchas ocasiones se coincide que es la cuna de las tendencias que luego terminan imponiéndose en el mundo, ya sea en lo relativo a la indumentaria, a la gastronomía e incluso a determinados hábitos económicos de los ciudadanos.

Precisamente en este último punto es donde me gustaría hacer hincapié.

Es conocido que la economía estadounidense está fuertemente influenciada por el consumo, variable que explica aproximadamente dos tercios del movimiento de toda la actividad en ese país. Nueva York no es la excepción, a pesar de que muchos creen que esta ciudad cosmopolita no comparte los rasgos característicos de los ciudadanos estadounidenses.

El consumo en la Gran Manzana está presente en todas las esquinas. La multiplicidad de ofertas en lo relativo a ropa, tecnología, sitios de comida, entre otros, es extremadamente elevada. Y es lógico que esto suceda en lo que se manifiesta como la segunda ciudad en el mundo que mayor afluencia de turistas recibe anualmente, sólo por detrás de París. Pero también el consumo es impulsado por los propios residentes de Manhattan, potenciando el movimiento anteriormente descripto.

Por el momento, nada demasiado novedoso. Lo distintivo viene a partir de ahora.

Eso está relacionado en cómo se concretan las operaciones, que está determinado por un proceso electrónico en casi el 100% de las mismas. Desde el gasto más pequeño, que puede ser la compra de una bebida por USD 2, o el más suntuoso, como una joya de más de USD 10 mil, se cierra con dinero electrónico, llámese tarjeta de débito o crédito. Prácticamente no hay manejo de efectivo. Los billetes no se ven, no se utilizan, no se demandan. Se ignoran.

Esto puede parecer extraño para los argentinos, donde el hábito es prácticamente lo contrario. La gente está acostumbrada a manejarse con efectivo y, rara vez, utiliza sus tarjetas para sus compras ordinarias. Esta gran diferencia puede explicarse a partir del hecho de que una gran parte de los trabajadores en el país no está bancarizado, ya que pertenece al sector informal del mercado laboral. Pero también existen aquellas personas que retiran del banco la totalidad de su sueldo en efectivo el primer día hábil del mes y luego lo administran sin utilizar su tarjeta de débito.

Sin embargo, traspasando las fronteras propias de la Argentina, el uso del efectivo para las transacciones es un hábito en extinción en el mundo y tarde o temprano esta tendencia se aplicará a todos por igual.

¿Usted se imagina si en unos años va con dinero en efectivo a realizar una compra a un comercio y el dueño del mismo no aceptara los billetes como contraprestación?

No es tan alocado pensar de esta manera. Desde los países más avanzados a los menos desarrollados están adoptando este procedimiento. Cada uno a diferentes velocidades, pero se avanza en este sentido.

Y como inversores debemos detectar las oportunidades que cada nuevo escenario presenta. Porque todo cambio trascendental a nivel global produce perdedores y ganadores. Y precisamente detectar con anticipación estos ganadores es lo que nos llevará a obtener el mejor rédito para sus ahorros.

Partiendo de lo anterior, entonces, el análisis que debemos considerar es que si en el futuro habrá más plásticos circulando (tarjetas de débito y crédito) que dinero en efectivo, entonces será un proceso muy fructífero para las empresas emisoras de dichas tarjetas que verán crecer exponencialmente la demanda de sus bienes. Entonces, ¿será un buen momento para invertir en estas empresas con un horizonte de largo plazo?

Pero no sólo esto. También he sido testigo de cómo muchas personas utilizaban sus teléfonos celulares en Manhattan. Y lo hacían no sólo para comunicarse con otros individuos o navegar las redes sociales, sino también como billeteras. Aunque a usted le parezca extraño, muchas personas pagaban sus compras con su teléfono celular.

¿Cómo es posible esto? Hay empresas que están desarrollando tecnologías para reemplazar más rápidamente el uso de los billetes en cualquier tipo de transacción para adaptarse a los cambios que se vienen.

Y estas compañías cotizan en Bolsa y uno puede sacar provecho de las mismas.

He aquí dos cuestiones fundamentales: la necesidad de adquirir el conocimiento necesario para anticipar los cambios económicos globales que se vienen y el acceso a los instrumentos financieros disponibles para capitalizar positivamente estos movimientos.

En InversorGlobal combinamos ambos. Nuestro exclusivo Programa Acelerado para invertir como un experto le brinda 40 clases online con todo el conocimiento necesario para lograr su independencia financiera y manejar sus inversiones personales. Pero, adicionalmente, los alumnos acceden a informes especiales con recomendaciones concretas de inversión como el que denominamos “La billetera del futuro”, que precisamente aborda a las empresas que invierten en el desarrollo de procedimientos de pago electrónico que reemplazan paulatinamente al uso de los billetes.

La combinación conocimiento-alternativas de inversión es altamente recomendable para capitalizar sus ahorros a lo largo del tiempo y navegar por las actuales aguas turbulentas de la economía global.

¡Que tenga un feliz 2013!

Un saludo cordial.

Diego.

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