Cuando una golondrina sí anuncia el verano

Si la inversión que ingresa a un país -en este caso, Chile- se traduce en infraestructura o proyectos de largo aliento como los de la industria minera y energética, ésta contribuye a generar un círculo virtuoso que incluye mayor empleo y mejora en el consumo, moviendo a toda la economía. Estos capitales se conocen como fijos, de inversión o de largo plazo y generalmente tienen por objetivo concretar proyectos de larga data, por ejemplo, asociados al ya mencionado sector minero, el retail, el sector agrícola, la banca o los industriales.

Sin embargo, si la inversión extranjera es de corto plazo, o especulativa, es poco lo que contribuye en cuanto a un impacto positivo en el país que la recibe. Éstos son los llamados capitales especulativos de corto plazo, también llamados “capitales golondrina”, que corresponden básicamente a dinero fresco que ingresa a una economía, se realizan dos o tres operaciones con él, liquidan ganancias y después se va a otro lugar.

En este sentido, es sabido que si la inversión extranjera es de corto plazo, o especulativa, no se traduce en mejoras en la economía real. Pero, en este contexto, esto no debe verse como algo negativo o pernicioso, ya que también genera atractivas oportunidades de inversión. Una de ellas se conoce como “carry trade”, donde a través de la compra de divisas se obtienen ganancias por el diferencial de tasas. 

Por ejemplo, hace algunos años la tasa de política monetaria del Banco Central de Brasil, la Tasa Selic, se llegó a ubicar cerca de 12%, mientras que la chilena rondaba el 4% (marzo 2011, Selic Brasil 11,75%, TPM Chile 4%). La estrategia era endeudarse en pesos chilenos, a una tasa poco superior al 4%, comprar reales y depositarlos en Brasil a una tasa cercana al 12%. Eliminando los intereses, y si la operación era “intradía” y por montos importantes, las ganancias podían llegar a ser considerables.

La problemática de este tipo de operaciones es que generaban (y generan) distorsiones en la cotización de las divisas implicadas, ya que las fluctuaciones en los tipos de cambio no se debían a factores macroeconómicos o fundamentales, como sería el caso de la balanza comercial o la productividad. En el caso chileno, estas “burbujas” en los precios terminaban golpeando a sectores de la economía real como la agricultura y el sector exportador.

Frente a ello, economías como Brasil realizaron controles implementando impuestos al ingreso de capitales especulativos. Y si bien es una medida que tiende a alejar a las golondrinas, si el escenario sigue siendo atractivo muchos están dispuestos a pagar el precio. Hoy, por ejemplo, cuando la diferencia de tasas entre ambas economías es sólo 2,25% (Selic 7,25%; TPM 5%), el carry trade entre el real y el peso chileno ya no parece tan atractivo.

Ahora, lo importante para un inversionista “cazador de oportunidades” es determinar cuál es el horizonte de inversión que se tiene en mente. Si el objetivo es a largo plazo, pensando en una jubilación, el pago de un inmueble, ahorro para estudios superiores o simplemente un buen colchón ante contratiempos, el foco debe ubicarse en los capitales de inversión. 

Con este enfoque, los cambios en la coyuntura no deberían afectar un plan de inversión, pero siempre se debe estar atento, ya que nada puede ser considerado absoluto en los mercados. En cambio, si el objetivo es generar ganancias con ese dinero que no está destinado a nada importante, por ende podría desaparecer sin causar daño, una opción válida y a veces muy lucrativa es seguir el comportamiento de los capitales golondrina. Participar de ellos y aprovechar cada fluctuación como una oportunidad.

En los mercados de capitales no hay buenas o malas estrategias por sí solas. Hay relaciones entre contexto, escenario, intereses y estrategia. Defina qué quiere conseguir, en cuánto tiempo, a qué costo y cómo piensa hacerlo. Con estos cuatro cuestionamientos solucionados, está en usted decidir si la golondrina podría traer el verano o no. 

Un saludo cordial.

CMR

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