Mejora en la calificación de riesgo de Chile, ¿y qué?

C.R.M.

Todos descorcharon. La calificación de deuda de largo plazo en moneda extranjera de Chile pasó de AA- desde A+, con una perspectiva de positiva a estable, y la nota para la deuda de largo plazo en moneda local fue de AA hasta AA+.

Para el grueso de los analistas, la buena nueva viene a corroborar el prudente y positivo manejo de la economía nacional. Tal como lo señaló Standard & Poor’s en su informe: “vemos una creciente resistencia de la economía chilena, lo que mejora la capacidad del Gobierno para aplicar políticas contracíclicas de cara a un empeoramiento del panorama externo”. También destacó la “resiliencia de la economía, que continúa fortaleciéndose” y la “estabilidad política” del país.

Sin embargo, nadie reconoce a viva voz que las calificaciones de riesgo miden la capacidad de un país para continuar con sus pagos de deuda externa, nada más. Ejemplos de caídas en la calificación por dificultades para mantener al día el pago de la deuda el mercado nos ha dado varios en los últimos años: Grecia, España e incluso Estados Unidos.

Pero hablan sólo de eso.

En rigor, una mejora en la calificación es una señal de que el país puede continuar con sus pagos externos, lo que le permite seguir siendo confiable en el mercado internacional, algo que a su vez se traduce en facilidades para adquirir créditos y recibir capitales foráneos. O sea, tiene carta blanca para endeudarse y, según diversos autores, poner en juego o simplemente perder su “soberanía financiera”.

La noticia es positiva, ya que ubica a Chile como un destino seguro para la inversión extranjera, no importa si ésta es de capital o especulativa. Las empresas chilenas pueden tener mayor y mejor acceso a capitales internacionales y esto, a juicio del ministro de Hacienda, Felipe Larraín, se traduciría en más inversión, generación de empleo y mejoras salariales. También permite que las colocaciones de bonos soberanos en el extranjero sean a tasas atractivas, como sucedió cuando en octubre pasado Chile logró una tasa de 2,379% en Nueva York, la mejor que ha obtenido una economía emergente y un país de Latinoamérica en la historia para un bono a diez años.

En síntesis, somos un país “buena paga”.

No obstante, sobredimensionar el significado de este cambio en la calificación de riesgo delata dos posibles puntos de vista, uno demagógico y otro de superficialidad y poco rigor teórico. Por ejemplo, decir que estamos al mismo nivel de la tercera economía global, Japón, y por sobre Israel o Corea del Sur sólo considerando la calificación crediticia es lo mismo que asumir la tesis de que por tener ingenieros en tecnología contamos con la capacidad de enviar naves tripuladas al espacio, cuando ni siquiera fuimos capaces de lanzar satélites que funcionaran correctamente.

COEFICIENTE DE GINI

Si queremos tener la soberbia de compararnos con economías como Japón, Israel y Corea del Sur, hay otros indicadores que también deberíamos considerar.

Gráfico

Entre estos indicadores, el único que da señales reales de una economía desarrollada, donde el crecimiento y el progreso van de la mano es el Coeficiente de Gini. Este dato representa el nivel de distribución de ingresos en un país, donde 0 es una distribución equitativa entre todos los habitantes y 1 es una situación (hipotética) donde sólo 1 persona tiene toda la riqueza.

En una lista de 160 países, mientras que Corea del Sur se posiciona 33, Japón ocupa el puesto 73 e Israel es el número 86, Chile se ubica en el lugar 141.

Un Coeficiente de Gini cercano a 0 busca representar a una economía que intenta generar oportunidades de acceso igualitario para sus habitantes, desde los servicios públicos hasta los entornos del emprendimiento, oportunidades que implican el desarrollo de políticas industriales y la generación de activos con valor agregado. Claramente, estas cualidades no describen al Chile actual, aunque sí es necesario reconocer que nuestra economía camina en esa dirección.

Un camino que Corea del Sur, Israel y Japón ya transitaron hace varias décadas.

En síntesis, la mejora en la calificación crediticia permite que Chile puede endeudarse a costos más baratos y posibilita un mayor acceso a capitales extranjeros que, sin son especulativos, entran, generan ganancias y se van. Pero si son de capital, entran, generan industria y la infraestructura a largo plazo que en concreto contribuye en mejoras a la economía real.

Desde el punto de vista del inversionista, un coeficiente de Gini como el de Chile puede implicar, por ejemplo, poco acceso a la información financiera, algo fundamental a la hora de tomar desiciones respecto de la forma en que debemos manejar nuestros ahorros.

Si queremos tener razones para apluadir y abrazarnos, el objetivo es aumentar la competitividad, el desarrollo de políticas industriales que generan activos con valor agregado y la reducción de la desigualdad. Cuando Chile dirija sus políticas hacia la disminución del Coeficiente de Gini, ese sí será motivo para brindar.

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