La fiesta de la emisión, están todos invitados

Pasó Navidad y el lunes nos juntaremos con nuestros seres queridos a celebrar Fin de Año. Platos que escapan al menú tradicional y algún espumante que nos afloja las tensiones acumuladas son los clásicos. Sin embargo, la invitación a continuar con las celebraciones el resto del año está hecha. Le doy la cordial bienvenida a la fiesta de la emisión. 

No hace falta traer turrones ni pan dulce, sólo subirse a esta dinámica y gastar el dinero tan pronto llegue a sus manos, para que la inflación –cercana al 2% mensual para las consultoras- no licue sus ingresos. Minicuotas para el LCD, tarjetas derritiéndose en los Posnet y un Gobierno que encontró en la imprenta un flaco recurso, ponen ritmo a esta rutina. 

Hoy, al mejor jugador del mundo y la avenida más ancha, los argentinos podemos sumar un nuevo motivo de orgullo. El país imprime billetes cinco veces más rápido que los Estados Unidos. Estamos hablando de vencer a un campeón de la imprenta en su cancha, como lo es el gigante del norte a través de sus colosales planes de expansión monetaria (QE1, QE2 y QE3). Sucede que mientras la Reserva Federal amplió el circulante a un ritmo de 7,3% este año, en la Argentina lo hicimos al 39%.

Medios chilenos, brasileños y uruguayos -entre otros países de la región- hicieron eco de esta noticia, tal vez por lo llamativa o porque no se querían perder la fiesta. 

“En Argentina es diferente porque el dinero que se imprime en realidad es gastado por el Gobierno, de manera que eso tiene un impacto directo en la economía y tiende a ser mucho más inflacionario”, indicó Neil Shearing, economista jefe para mercados emergentes en Capital Economics Ltd. a la cadena Bloomberg. 

Tal fue el impacto de esta fiesta de la emisión que el peso argentino fue la moneda que más valor perdió en la región. Los títulos públicos también acusaron el golpe, con una caída de su valor en torno a 13% -medido en dólares-, mientras que en el resto del continente registraron retornos de 16%.

Octubre fue récord. Según cifras oficiales, el dinero en circulación creció un 41,4% interanual y, para esa fecha, el aumento de la cantidad de billetes ya había sido similar a todo lo que creció en 2011 (alrededor de ARS 35.400 millones). Al tenor de un banco central cuya carta orgánica fue recientemente modificada, parece difícil establecer un punto en el que esta impresión compulsiva encuentre su freno. 

En este contexto, crece un fenómeno inusual. Nos estamos quedando sin billetes grandes. Hoy un Roca o un Evita ya no tienen el mismo peso en la billetera. No hace falta que yo se lo explique. Usted lo ve cuando va al supermercado, al peluquero o al mecánico. 

En fríos números, el ex gerente general del Banco Central de la República Argentina y actual titular de la consultora Empiria –Hernán Lacunza- se refirió en iProfesional a la caída del poder adquisitivo de la moneda local. “Nuestro billete de ARS 100 equivale a 0,18% del PBI per cápita. En América Latina, el billete de máxima denominación representa en promedio un 0,73%. Para igualar ese nivel deberíamos tener un billete de ARS 413”.

Los banqueros piden a gritos la creación de un billete de ARS 200 para no tener que pagar tantas recargas de cajeros a Prosegur y políticos como Alfonso Prat-Gay van más lejos, reclamando la impresión no sólo de ARS 200, sino también de ARS 500. Si bien desde el banco central no hubo respuesta a estos reclamos, la realidad indica que ya circulan 6 billetes de ARS 100 por cada uno de ARS 50 y que los primeros componen un 56% del total del circulante. Este nivel era 10 puntos menor apenas dos años atrás.

Detrás de esta dinámica que ni siquiera Gutenberg podría haber imaginado cuando creó la imprenta, se esconde un gasto público que crece al 29% interanual, según los datos de septiembre de la Asociación Argentina de Presupuesto (ASAP).

En tiempos de balances finales y proyecciones para el año próximo cabe preguntarse: ¿continuará la fiesta en 2013 o nos quedaremos sin tinta? Por las dudas vaya planchando su mejor camisa.

Saludos cordiales, 
Ignacio.

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