Impuestos que pagan posgrados

Federico Tessore

Reportando desde Buenos Aires, Argentina

Vamos a empezar el newsletter del día de hoy con buenas noticias: si lo está leyendo, quiere decir que el fin del mundo no llegó…

La predicción maya no se cumplió, por lo menos en cuanto a que ayer era el último día de nuestra civilización. Aunque, sin duda, es una muy buena idea permanecer atentos. No sé si el fin del mundo, pero el fin de Argentina está cada vez más cerca.

Mientras los mayas entretienen al planeta, los políticos argentinos nos “entretienen” a nosotros. Ahora nos enteramos que un violento y autoritario funcionario público en realidad es un manantial de sabiduría.

Como citó el diario La Nación el pasado jueves:

      La secretaria de Comercio Exterior, Beatriz Paglieri, defendió hoy los viajes al exterior organizados por su par de Comercio Interior, Guillermo Moreno, al sostener que los empresarios que participan aprenden ahí “algo que no enseña ningún posgrado”.

Los viajes de Moreno puestos en marcha este año a destinos no tradicionales, como Angola, Vietnam y Azerbaiyán generaron polémica, luego de que videos filmados con teléfonos móviles revelaron que en los vuelos abundaban los cánticos y piropos a las azafatas, como también los ataques a Clarín, entre otros detalles por el estilo.

En esta oportunidad tengo que confesar que estoy de acuerdo con Paglieri…

Le cuento la experiencia de un amigo mío que participó de dos de estos viajes durante este año que termina. Como representante de una empresa cuyos precios están controlados por el “profesor”, una de las principales funciones de este amigo mío es la relación con la secretaria de Comercio de Moreno.

Le diría que lo que mi amigo hace es hoy una de las tareas más importantes de la empresa. Es que un incremento de sólo 1% en sus precios representaba millones de pesos por mes de facturación adicional. Y este aumento sólo lo puede autorizar Moreno. Por lo tanto, lograr la buena voluntad de este funcionario es clave para el crecimiento del negocio de la compañía.

Por lo tanto, mi amigo no tuvo mejor idea que intentar estar en uno de estos exóticos viajes del secretario de Comercio. La verdad es que no tenía nada que hacer en estos viajes, pero con una habilidad que supo desarrollar a la fuerza -y que no había aprendido en los varios posgrados que tuvo el privilegio de cursar-, “inventó” una reunión en este país exótico y logró entrar a la lista de invitados.

Inventar el encuentro no fue fácil. Mi amigo tuvo que entrar a Internet, buscar compañías que podían tener algo en común con la empresa que representa, contactarlas, crear una excusa para entablar una relación, arreglar la reunión e informar a la secretaria de Comercio para conseguir un pasaje.

Esa primera asignatura la superó con éxito. Como bien dice Paglieri, mi amigo desarrolló una habilidad que nunca había aprendido en ningún posgrado y eso fue antes de viajar. Imagine las enseñanzas a las que accedió después…

La segunda materia que tuvo que cursar era la más difícil y se llamaba “Cómo obtener la atención de Paglieri y Moreno por 5 minutos para pedir un aumento de precios”. Ésta es realmente complicada. Como le decían en mi época de la Facultad a este tipo de asignaturas, se trataba de una materia filtro.

Es que hablar con ellos en medio de un viaje de negocios de este tipo no es sencillo. Piense que todos los empresarios están en la misma situación. Todos van al viaje porque necesitan pedirle algo a estos funcionarios para sus empresas. Todos necesitan el sí de estos personajes. Nadie quiere ni le interesa vender nada en estos países exóticos.

Sólo viajan porque quieren tener buena relación con ellos y lograr torcerles sus voluntades. Y para llegar a ese fin, toda estrategia es válida.

Mi amigo, muy habilidoso por cierto, se dio cuenta de una secreta rutina que tenía uno de estos funcionarios. Y un día se anticipó a esta rutina, y logró esos ansiados minutos que necesitaba para explicar por qué era importante que la Secretaria hiciera lo que él necesitaba.

Sin embargo, no fueron completos, ya que al minuto 3 otros tres empresarios se acercaron para intentar hacer lo mismo. Pero él -levantando la voz- gesticuló, hizo chistes y utilizó otras armas secretas para poder ser el protagonista de la conversación durante ese tiempo.

Mi amigo se sacó un 10 en estas dos asignaturas, las pasó con éxito. No sin antes transpirar bastante.

¿Había aprendido estas habilidades en la Facultad?

No, de ninguna manera. Las dos carreras y los posgrados que estudió sólo lo prepararon para los aspectos “teóricos” de trabajar en una empresa que se desempeña en un mercado donde la oferta y la demanda fijan libremente los precios de los productos y servicios.

Pero esto en Argentina no sirve. Ya que los precios los fija un funcionario según su antojo. Y para operar en este tipo de economía la mejor “Universidad” es la que brindan Moreno y su pandilla. Mi amigo está inmensamente agradecido de haber tenido la posibilidad de acceder a esta oportunidad única de capacitación.

Esta historia que le conté no es inventada. Es real y le puedo confirmar que la gran mayoría de los empresarios que van a estos viajes no van a vender al exterior. No les interesa, sólo les importa conseguir favores de Moreno y Paglieri.

Estos dos funcionarios, por supuesto, están en el mejor de los mundos. Tienen a 100 personas en un avión, intentándoles caer bien, cueste lo que cueste. Qué más linda experiencia que es ésta.

Ésa es la Universidad de Paglieri y Moreno, la “Universidad del Control” que crea la “Universidad del Favor del Funcionario de Turno”. Sacarse una maestría en esta Universidad pasa a ser la asignatura más importante para los empresarios argentinos que quieren sobrevivir…

Innovar, ser más eficientes, competir por el beneplácito del consumidor pasan a ser cosas secundarias. La relación con estos empleados públicos es la prioridad.

Ahora, el viaje y todos los lujos que se dan los funcionarios de turno implican dinero. Y alguien tiene que poner ese dinero. Como el Estado no fabrica ni produce nada, sino que sólo se dedica a sacar una parte de lo que produce el resto de los ciudadanos, el dinero lo termina poniendo usted. Esta situación la ilustró una nota de la BBC publicada en La Nación el día jueves:

     Un trabajador en América Latina paga en promedio un quinto de sus ingresos al fisco para estar en regla. Pero en Argentina, el Estado se queda con un tercio de las ganancias de un asalariado.

Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), la Argentina es el país con mayor presión tributaria, una cifra que se mide comparando los ingresos fiscales con el Producto Bruto Interno (PBI) de un país. En un informe publicado en conjunto con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), los organismos revelaron que la presión fiscal de Argentina lo pone a la par de las naciones más desarrolladas del mundo.

Mientras que los 34 países más ricos del planeta (miembros de la OCDE) tuvieron en 2010 una presión tributaria en promedio del 33,8%, en Argentina la cifra fue del 33,5%. Desde entonces, los impuestos han ido en aumento. El Fondo Monetario Internacional (FMI), estima que en 2012 los ingresos fiscales representarán el 38% del PBI argentino.

La cifra supera la presión fiscal calculada este año para el promedio de los países del G-7 (36,2%) y del G-20 (35,7%). También es más alta que la proyección para Estados Unidos (32%), el Reino Unido (37,2%), España (35,7%), Japón (31,1%) y Australia (33,6%), entre otros.

El informe de la Cepal y la OCDE muestra el desarrollo que tuvo la presión tributaria argentina en las últimas dos décadas. Entre 1990 y 2002 se mantuvo por debajo del 22%.

El crecimiento empezó a evidenciarse con la llegada al poder de Néstor Kirchner (2003-2007), cuando la presión subió del 23,4% al 27,4%. Pero las alzas más fuertes llegaron bajo el Gobierno actual de Cristina Fernández de Kirchner: desde 2008 la presión se mantiene por encima del 30%.

La presión impositiva de la gestión de Gobierno de los Kirchner pasó de 22% en el año 2002 a 38% en la actualidad. Esto no es ni más ni menos que menos dinero en su bolsillo y más dinero en el bolsillo de los funcionarios de turno y su séquito de millones de seguidores.

Argentina recauda impuestos como un país rico, pero brinda servicios como un país pobre. De esta forma, el Gobierno argentino logra transformar a gran parte de la nación en un pueblo “zombi”.

Cuidado, los zombis pueden ser buenas personas, con buenas intenciones, pero en definitiva son personas que terminan domesticadas por el sistema político. Tal vez no tengan otra opción, es verdad. La tentación de convertirse en un zombi es muy grande.

¿A qué nos referimos con zombis?

Estamos hablando de empresarios que sólo saben hacer negocios con base en los beneficios del Estado. O de empleados que trabajan poco o son terriblemente ineficientes, pero tienen empleos estatales asegurados de por vida. O de políticos que pueden vivir sus vidas de ricos y poderosos sin ningún problema. O de simples ciudadanos que viven sin trabajar gracias a becas, planes o jubilaciones de privilegio.

Estamos ante un pueblo zombi que lo único que quiere es que no le saquen los beneficios, un pueblo zombi que no produce nada, que sólo se ocupa de intentar mantener su posición de privilegio. Un pueblo de personas influenciadas por un Gobierno que conoce este poder y lo usa para su beneficio.

Si pensamos un poco más acerca de este punto, no es tan descabellado decir que estas personas tienen fuertes conflictos de intereses a la hora de votar. Es que viven de la buena voluntad de un Gobierno que les da de comer. Su subsistencia depende de la supervivencia del Gobierno de turno.

Teniendo en cuenta esto, ¿sería muy descabellado pedir que los zombis no voten?

En definitiva, que voten estas personas es algo muy similar a pedirle a un preso que dicte su propia sentencia o a un árbitro argentino que dirija la final de la Copa del Mundo de fútbol entre Argentina y Brasil…

Es cierto, tal vez no sea tan popular nuestra propuesta de que el pueblo zombi no vote, pero si esto no pasa, es complicado imaginarse cómo esta invasión se puede detener.

Pensándolo bien, lo más probable sea que esta realidad no se pueda detener. Son muchos y tienen mucho poder. Lo que seguramente pase es que se terminarán autodestruyendo solos…

En estas navidades intente olvidarse de la invasión zombi. Intente olvidarse de sus inversiones por lo menos por unos días, y dedíquese a festejar en familia y con sus seres queridos.

Si nos interesa manejar nuestro dinero con inteligencia y sabiduría es justamente para tener el privilegio de poder vivir estos momentos con tranquilidad.

En nombre de todo el equipo de InversorGlobal le deseo unas muy felices fiestas.

Federico Tessore
Para InversorGlobal Argentina

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