Un año de “sintonía fina”

La semana pasada se cumplió un año desde que la Presidente, Cristina de Kirchner, anunciara que se venía una “etapa de sintonía fina”. De acuerdo con las palabras de la propia mandataria, se iban a “estudiar a cada uno de los sectores de acuerdo a su competitividad, que sólo es sustentable con inclusión social”. Es más, según explicó en un evento de la Unión Industrial Argentina (UIA): “algunos entienden que competitividad se hace a costa de bajar salarios o de pagar menos impuestos. Ahora hay que comenzar con sintonía fina a analizar inflación, subsidios y utilidades”.

Un golpe de timón se anunciaba ante la mirada atenta de los industriales.

Pero, ¿qué es la sintonía fina? En una nota del Directorio Argentino de Abogados se realiza un acercamiento interesante. “El término es un eufemismo argentino, ya que proviene de otro similar que es ‘ajuste fino’ o ‘ajuste muy fino’, proveniente de una disputa entre keynesianos y monetaristas. Cuando en los años 70 comienza la crisis del Estado de Bienestar y los monetaristas señalan que hay que hacer la denominada ‘corrección de errores’ (déficit fiscal), para no decir el término ‘ajuste’ que era una palabra (o una mala palabra) usada en la crisis del 30 -que generaba mucha resistencia entre los propios economistas y provocaba temores en la ‘memoria histórica’ de los ciudadanos- es que utilizaron el término ‘ajuste fino’. Incluso, los más ortodoxos se referían a un ‘ajuste muy fino’, pero al igual que la ‘sintonía fina’ se trataba de un ‘ajuste’ al fin.”

Definiciones a un lado, lo que el mercado esperaba era la corrección de ciertas desviaciones económicas que estaban complotando contra el proceso de crecimiento real, desarrollado entre 2003 y 2007. Contener el déficit fiscal, revisar los subsidios, combatir la inflación, detener la fuga de capitales y apuntalar el empleo eran los pilares de esta decisión. 

Sin embargo, en algún punto –entre el discurso y la aplicación práctica- se perdió el rumbo. 

De acuerdo con los datos de la Asociación Argentina de Presupuesto y la Secretaría de Hacienda de la Nación, entre enero y septiembre de este año, el gasto público alcanzó los ARS 416 mil millones, mientras que los ingresos a las arcas fiscales totalizaron los ARS 400 mil millones. Esos ARS 16 mil millones que representan el déficit fiscal pueden buscarse en varios sectores. No obstante –en el mismo período- los subsidios a CAMMESA (electricidad) llegaron a ARS 17 mil millones, mientras que los destinados a ENARSA (gas) concentraron ARS 12 mil millones.

Así lo describe una investigación del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA):

       El déficit es muy alto aun con presión impositiva récord, inédita centralización de recursos públicos a favor de la Nación en desmedro de las provincias y con masivas transferencias de otros organismos del Estado (fundamentalmente el Banco Central y la Anses). En este marco, adquiere especial relevancia el hecho de que los subsidios al gas representan aproximadamente tres cuartas partes del déficit fiscal y los subsidios a la electricidad equivalen a la totalidad del déficit del Estado nacional

      El Gobierno nacional aumentará las tarifas de electricidad y gas. El incremento no es el inicio de un proceso de sinceramiento de tarifas con el fin de desactivar los masivos subsidios a las empresas proveedoras de los servicios. Por el contrario, se plantean como cargos fijos bimensuales –de entre ARS 4 y ARS 150 para el consumo eléctrico, y ARS 4 y ARS 60 para el gas– con destino a un fondo estatal para realizar inversiones. Para justificar la permanencia de los subsidios y el retraso tarifario se planteó el argumento de que por esta vía se mejora el bienestar de los trabajadores, ya que operan como un ‘salario indirecto’.

     Las soluciones pasan por fijar tarifas que reflejen los costos reales junto con un esquema de ‘tarifa social’ para proteger a las familias en situación de vulnerabilidad. En paralelo, reconocer que el déficit de inversiones que no se hicieron en más de una década, no se revierte creando un fondo estatal adicional a los muchos que ya se crearon. Hay que aprender de los países avanzados, incluso Brasil o Chile, que invierten en infraestructura con articulaciones público-privadas. En este esquema, el Estado programa y controla inversión y calidad de los servicios, y los privados aportan financiamiento, hacen las obras y operan el servicio, recuperando el costo dentro de la tarifa.

Fuga y empleo

Otro punto que se esperaba que fuera atacado es la fuga de capitales, para orientar el ahorro a inversiones productivas en el país, en base a incentivos y no por medio de castigos. En este sentido, un dato que llama la atención es que en el segundo trimestre de este año, pese a la solución mágica del cepo cambiario, la fuga creció 22%. Casi USD 2.000 millones abandonaron el circuito en ese período y más de USD 80 mil millones en el último lustro. 

Un gerente de un conocido banco uruguayo reconoció -en charla con sus amigos- que un par de fines de semanas atrás tuvo que realizar un envío récord de camiones de caudales a la ciudad de Carmelo, porque no daban abasto con el dinero que ingresaba. Pero tampoco hay que ser un suscriptor vitalicio de la teoría del complot. Posiblemente, el Departamento (Provincia) de Colonia tuvo un boom de ahorro en dólares por parte de sus habitantes.

Otro de los puntos clave -teniendo en cuenta que como dijo Cristina: “el mundo se nos vino encima”- es la solidez del empleo. Sin duda, es uno de los mejores indicadores del kirchnerismo. Las cifras de desempleo continúan en un dígito y todavía no hay grandes amenazas. Sin embargo, existen algunas advertencias. 

Muchas empresas tienen congeladas sus contrataciones y la nómina no acompaña el dinamismo de su negocio. “En el tercer trimestre, el desempleo creció hasta el 7,6% de la población económicamente activa, 0,4% por encima de los niveles del trimestre anterior y del mismo período del año pasado”, reconoce un informe de la consultora Analytica. 

Para este Think tank los motivos son de dos tipos:

     Hay causas coyunturales que explican el aumento en el desempleo. Por un lado, la construcción, uno de los rubros más demandantes de mano de obra, sufrió en el trimestre su peor caída desde 2003 (-6,3% i.a.), en parte por la incertidumbre generada por la pesificación del mercado. A su vez, la caída en la industria manufacturera, que según la UIA fue de 3% i.a. y para el INDEC de 2.5%, redujo el crecimiento en la ocupación (1,2% i.a.), muy por debajo del ritmo de 2011 (3,1% i.a.).

    Sin embargo, la desaceleración en la creación de puestos de trabajo también responde a causas estructurales. Como lo venimos señalando, la oferta de trabajo crece a un ritmo superior a la demanda. En 2011, a pesar del alto crecimiento, la tasa de desempleo sólo pudo ubicarse por debajo de 7% en el último trimestre del año (6,7%). Si bien una de las razones es que aumentó la productividad en la industria, la lenta creación de puestos de trabajo podría poner un límite a la expansión del mercado interno.

Mientras tanto, el empleo informal (en negro) continúa en rangos de entre 40% y 50%, según los relevamientos que se miren. 

La “sintonía fina” ya se anunció, ahora le quedan tres años a este Gobierno para ajustar las clavijas correctas. La pregunta es si aceptará el costo político…

Un cordial saludo,

Ignacio.

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