Pan para hoy… hambre para mañana

Si a una industria le está yendo bien en Chile, ésa es la industria de los supermercados. En realidad, todo el sector de ventas minoristas, conocido como retail, está pasando por un momento extraordinario. Los chilenos están comprando más y mejor comida, más ropa, más zapatos, más carteras, más muebles, más juguetes y más computadores que en ningún otro momento de la historia.

De alguna forma u otra, por mejora de los salarios y las ganancias de las empresas, o por mayor acceso al crédito, buena parte de los chilenos está pasando por un periodo de bonanza económica y bienestar material para el que cuesta encontrar similitudes en la historia del país.

Y aunque si bien el bienestar que acarrea deudas es un problema al que hay que estar atentos, hoy no quiero ser pájaro de mal agüero. Dejemos ese tema para otro día.

Decíamos, si a una industria le está yendo bien en Chile, ésa es la industria de los supermercados.

Esta semana, un estudio publicado por el banco central da cuenta de ello. Según cuenta El Mercurio, entre 2006 y 2011 “las ventas mensuales del sector más que se duplicaron, pasando de $309.728 millones a $741.680 millones”.

      “El organismo también precisa que si las ventas promedio mensuales por establecimiento ascendían a $443 millones en 2006, en 2011 ese monto llegó a $602 millones, esto es, un incremento de 35,8%. El número de establecimientos también registró un comportamiento positivo: pasaron de ser 699 supermercados a 1.233 cinco años después.”

Desglosemos. Las ventas por supermercado subieron un promedio de 35,8%. Pero la cantidad de supermercados casi se duplicó. Los chilenos querían ir a comprar más y más al supermercado. Entonces los supermercados construyeron más y más establecimientos. No necesariamente porque no quisieran que la gente estuviera cómoda y no se apelotonara, sino para poder vender más y más.

Y la gente compró más y más.

Sumando las ventas totales, la estrategia de casi doblar el número de supermercados existentes pareció ser bastante exitosa: éstas más que se duplicaron, pasando de $309.728 millones a $741.680 millones.

Es un tercio de la meta de la Teletón para este año.

Pero por mes.

Entonces sí, el negocio es bueno.

Y es tan bueno que los mismos supermercadistas salieron de compras.

Durante la última década, Cencosud –la empresa que controla los supermecados Jumbo y Santa Isabel, pero además los Easy, las tiendas Paris y Johnson’s- amplió su participación en Argentina y abrió operaciones en Perú, Brasil y Colombia. Y hace un par de semanas la firma anunció la compra, en este último país, de la totalidad del negocio de la cadena francesa Carrefour por USD 1.500 millones.

Ojo, que no es que la empresa tenga ese flujo de caja para gastar. Pero el negocio es tan bueno que fue al banco de inversiones JP Morgan a pedir plata prestada para la operación, y le dijeron que sí.

¿Cómo cree  que le iría a usted si va a pedir un crédito al banco por USD 1.500 millones para comprarse una cadena de supermercados en Colombia?

Pero bueno, el punto es que a Cencosud se lo prestaron. Y el negocio es tan bueno que el fundador y controlador de la firma, Horst Paulmann, no lo suelta ni loco. Según cuenta El Mercurio:

       “’La familia tomó la decisión de que suscribirá el 100% de las acciones’. Con esa frase respondió Horst Paulmann a las dudas de algunos accionistas sobre el involucramiento que tendrá el controlador de Cencosud en el aumento de capital que materializará el grupo para costear la compra de Carrefour en Colombia.

       “Ayer, en junta extraordinaria de accionistas, el holding aprobó un aumento de capital por 332.987.717 acciones y se fijó un precio referencial de $2.507,6 por título. Considerando ese valor se alcanzaría un monto de US$ 1.670 millones, de ellos US$ 1.503 millones son para la capitalización propiamente tal y el resto se destinará a compensar a ejecutivos que cumplan con ciertos requisitos, pudiendo estos suscribir en un lapso de cinco años. La opción preferente se ejercerá sobre los US$ 1.503 millones.

     “Considerando que Paulmann tiene un 60% de la propiedad, el empresario deberá desembolsar en torno a US$ 901 millones para no diluir su participación.

     “’Hemos tomado esta decisión, porque consideramos que el precio está extremadamente bajo y que el futuro de la compañía está extraordinario. La compra de Carrefour fue algo excepcional’, puntualizó.”

Pum, a la mesa. Sin asco. Si el dueño le apuesta USD 900 millones es porque debe tener fe en el negocio. Es común que cuando una gran empresa compra una parte de otra gran empresa o su operación en un determinado país, como es este el caso, las acciones de la primera bajan y las de la segunda suben. El mercado lo toma como que la primera está comprando un problema, ya que siempre un desembarco implica conflictos y un periodo de ajuste que no está exento de sorpresas eventualmente desagradables.

Así sucedió tras el anuncio de la operación colombiana. Los papeles de Cencosud bajaron 6,1% en la Bolsa de Santiago y en Nueva York, los de Carrefour subieron 5,85% en París.

grafico Cencosud
Entonces, la jugada de Paulmann puede deberse a dos razones. La primera es que dice la verdad y efectivamente cree que las acciones de Cencosud están por debajo del precio que deberían tener. Por lo tanto, tienen espacio para subir. De ser así, los USD 900 millones gastados son una inversión de la que espera rentar en el futuro.

La otra opción es que debe decirle al mundo que cree que las acciones de la compañía están baratas, porque el 60% que ya tiene equivale hoy a USD 800 millones pero eran casi USD 900 millones a principios de octubre y no quiere que ese dinero se continúe esfumando.

De no haber suscrito las nuevas acciones, probablemente el mercado le habría dado otra bofetada a los papeles de la compañía.

¿SOCIO DE HORST?

“¿Y a mí qué me importa todo esto?” , se preguntará más de alguno.

Bueno, simple. El aumento de capital pondrá a la venta 333 millones de acciones, y a esta operación puede entrar cualquier hijo de vecino con una cuenta abierta en una corredora que opere en la Bolsa de Santiago.

Con unos pocos pesos se puede ser dueño de una pequeña parte de Jumbo, Easy o Paris. Y a partir de ello ver cómo su capital aumenta si la acción efectivamente tiene espacio para subir su precio, como aventura el empresario. Pero para eso tiene que saber un poco de qué se trata todo el asunto. Tal vez contactar a una corredora y hablar con un analista.

Acá un llamado de atención, y esto corre para todo lo relacionado al mundo de las inversiones: muchas veces los corredores le dirán que todo va a ir bien, que el mercado está fantástico y que el que se queda afuera es un tonto. Esto sucede, muchas veces, porque los corredores ganan comisiones cada vez que alguien compra o vende una acción, y por lo tanto siempre le van a decir al que está fuera del mercado que entre. Y al que está dentro, que compre y venda lo más posible. “Que opere”, como se dice en la jerga.

A más operaciones, más comisiones. Y si el mercado sube o baja es otro tema.

Sin embargo, hay razones para pensar en que las cosas deberían funcionar bien para Cencosud.

EL MUNDO A FAVOR DE AMÉRICA LATINA

La baja de las tasas de interés y la emisión de moneda en Estados Unidos y las principales economías del mundo están destruyendo el valor de las divisas que siempre fueron vistas como refugios de valor. Hablamos principalmente del dólar, pero también de monedas como el euro o el yen japonés.

Muchos de los grandes fondos e inversionistas del mundo están huyendo de estos países. Sacan su dinero para ponerlo en países emergentes, siendo muchas naciones de América Latina un destino frecuente de estos capitales. Vienen a países como Chile, Perú o Colombia porque confían en sus perspectivas de crecimiento. Porque ven que el consumo aumenta, que hay dinero para gastar. También porque sus divisas se aprecian debido al mayor ingreso de dólares producto de las exportaciones de commodities, como el caso del cobre para Chile.

Por eso Cencosud confía en su negocio en Colombia. Si Chile fue capaz de más que doblar el gasto en supermercados en cinco años, Colombia parece ser hoy el Chile de hace cinco años.

Ahora, un pequeño comentario sobre la disponibilidad de divisas.

Cuando muchas divisas fuertes, en este caso dólares, entran a la economía, esto tiende a apreciar la cotización internacional de la moneda local. ¿No se entendió? Veámoslo en simple: tengo $1.000 para comprar un helado (que justamente vale $1.000). Pero yo no soy el único que quiere helado. Tanto es así, que hay mucho menos helado que personas que quieren helado. Entonces, alguno de quienes sí quieren helado, para asegurarse, ofrece $1.100. Rápidamente los vendedores de helado se dan cuenta que existe una demanda insatisfecha y todos suben sus precios.

Pero la demanda sigue allí. Entonces, para ganar más dinero los fabricantes de helado fabrican más y más. Tanto, que ahora son más helados los ofrecidos que la cantidad de personas que quieren tomar helado.

Y sucede lo contrario. Para poder venderlos, comienzan a bajar el precio.

Ahora veamos a las monedas como un bien y no como un instrumento de intercambio y apliquemos la misma idea: si ayer necesitaba $550 para comprar un dólar, pero de pronto la cantidad total de dólares disponibles en la economía comienza a aumentar (sobre todo, por los altos precios internacionales del cobre, que aumentan el caudal de ingreso de divisas), quienes poseen esos dólares se ven de a poco forzados a bajar el precio para poder venderlos.

Y el otro lado del espejo es que la moneda local “aumenta” el suyo.

Y si hoy sólo necesita $480 para comprar un dólar, no sólo es que el dólar esté más barato, sino que al mismo tiempo el peso está más caro. Eso significa que ahorrar en pesos fue un mejor negocio, en el último par de años, que ahorrar en dólares.

¿POR CUÁNTO TIEMPO?

Hasta acá todo bien sólo que, como ya he mencionado un par de veces, nada es para siempre.

Y no lo digo sólo yo. Revisemos una nota de La Tercera sobre una charla dada por el ex ministro de Hacienda de Ricardo Lagos y ex director del Fondo Monetario Internacional para el Hemisferio Occidental, Nicolás Eyzaguirre, advirtiendo sobre los riesgos del actual contexto de crecimiento que vive la región:

      “’La macroeconomía estará sometida al exceso de facilidad para consumir y aumentar demanda, que nos puede llevar a situaciones que ya conocemos: los ciclos impulsados por no transables terminan siempre mal’, dijo Eyzaguirre.

      “Si bien en el ‘cortísimo’ plazo no ve riesgo alguno para la región y el país, tiene ‘miedo’ de que en un par de años una desaceleración de la economía china bote los precios de los commodities, en un contexto de cuentas corrientes deficitarias: ‘Ahí sí que lo pasaríamos mal (…). Sobrevivir con el cobre a US$ 1,50 no se ve tan fácil como ahora’.”

Por hoy las cosas van bien y probablemente aún es momento de aprovechar el boom de países como Chile o Colombia. Hoy vimos el ejemplo de Cencosud, pero éste es sólo uno entre muchos.

Y no es especialmente complicado concretarlo.

Pero hay ye hacerlo ya. Como dije, nada es para siempre.

Citando a Maradona, “que no se le escape la tortuga”.

Buen fin de semana,

Felipe.

Deja tu respuesta