La ilusión de la riqueza y sus peligros

Federico Tessore

La lucha continúa. Entretanto, los activos argentinos siguen destruyéndose.

La acción de la petrolera YPF perforó el piso emblemático de USD 10 por acción esta semana, ubicándose en USD 9,90 por acción. De esta forma, la empresa que antes de la confiscación valía USD 13.500 millones hoy vale sólo USD 3.900 millones.

Recordemos que YPF supo valer USD 28.000 millones en el año 2005 o USD 16.800 millones luego de la crisis de 2008. Una destrucción de riqueza asombrosa.

Además, los tardíos efectos “colaterales” del canje -mal terminado años atrás- están poniendo una vez más en jaque a la deuda argentina. 

Y eso no sólo se ve con los precios de los bonos que no dejan de bajar, sino también por el costo de asegurarlos ante un default. Este seguro alcanzó un nuevo récord, llegando a 2.521 puntos básicos, con una suba de más de 5% en la semana.

Por otro lado, el Discount con Ley Nueva York -que vence en 2033- pierde 35% desde fines de octubre. El cupón atado al PBI acumula una baja de 16% en el mismo período y lo más complicado es que no hay un parámetro de precios en el mercado. Es decir, casi no hay precios.

Lo mismo ocurre en otros mercados que el Gobierno se ocupó de destruir, como el inmobiliario. No sólo los precios bajan, sino que pasa algo mucho más preocupante: pocos quieren operar y por eso desaparecen los precios. Por eso desaparece el mercado.

¿Cómo piensa el Gobierno superar esta situación? Bueno, en el terreno de la economía y las finanzas, no parece haber mucha planificación. Se va improvisando sobre la marcha, a medida que las grietas son mayores. 

Lo que sí podemos arriesgarnos a decir es que la “batalla cultural” parece ser la estrategia más firme que tiene el Estado ante esta situación. ¿Qué implica esta batalla?

Primero, decir que el mercado y todo lo relacionado a éste es un sistema injusto y perverso de organización económica. Por lo tanto, todo aquel que defiende la economía de mercado es un ser malvado que sólo defiende sus intereses egoístas o los de un grupo de privilegio; y con base en esto se prepara el discurso y la división entre “malos” y “buenos”. ¿Esta perorata tiene algún efecto sobre la economía?

Bueno, sin duda que sí. El primer efecto es que los “malos” se van, lógicamente. Piense: los “buenos” tienen el poder, y este poder se usa en contra de los “malos”. Entonces, ¿por qué los “malos” se van a quedar si está claro que los “buenos” quieren sacarles el dinero?

Como vemos en forma recurrente en estas columnas semanales, los “malos” ya se fueron hace tiempo de la Argentina. Sin ir más lejos, cada vez son menos los argentinos que invierten sus ahorros en el país y esto es una forma de huir.

El segundo efecto es que con esta “batalla cultural” se logra mantener a los “buenos” unidos y, en el mejor de los casos, lograr que los “malos” se pasen a su equipo. Los subsidios y planes de ayuda que el Gobierno reparte por todo el país -a personas y organizaciones- son una forma de que los “buenos” que ayudan al Estado sean cada vez más.

Y los empresarios y dirigentes que se seducen por las ofertas de créditos baratos, subsidios y beneficios que los funcionarios de turno otorgan, se pasan de bando.

¿Qué implica estar en el equipo de los “buenos”?

Principalmente, no hablar mal de los “buenos”, ni de sus medidas ni de su Gobierno. Pueden hacerlo en voz baja y en privado, pero nunca en público. Mientras esto pase, los beneficios serán mantenidos. Si no ocurre, los beneficios se van.

Ahora, como sabemos y como vemos semana a semana, esto no puede durar para siempre. Lo paradójico de esta situación es que los “buenos”, tarde o temprano, van a ser las mayores víctimas de este extraño modelo kirchnerista. ¿Por qué?

Simplemente porque sus organizaciones, empresas o ingresos dependen en un gran porcentaje de la voluntad de los gobernantes de turno. Cuando ellos no estén o peor aún, cuando se queden sin dinero para regalar, estos beneficios caerán de un día para otro.

Y los “buenos” se darán cuenta de que ese Gobierno que tantos beneficios les dio durante tanto tiempo, en realidad sólo los hizo vivir una ilusión de crecimiento y prosperidad. Una ilusión, una burbuja que tarde o temprano estallará.

Algunos pensamientos adicionales

La semana pasada, el Banco Mundial publicó un informe donde dice que la clase media argentina se duplicó en el período 2003-2009. Esto fue utilizado por la actual Administración como una prueba de que su “modelo” es un éxito. La “batalla cultural” que le mencioné hace un rato se hizo una fiesta con este dato.

Ahora, lo que no dijo el Gobierno -ni le va a decir nunca-, es que el “pobre” Banco Mundial, para hacer este cálculo, tuvo que usar los números de la inflación del Indec. Y esto, por supuesto, provoca que los números del informe no terminen de reflejar la realidad. 

El economista Nicolás Cachanosky publicó un interesante artículo en el sitio Economía para todos, explicando este punto:

      “Es importante tener presente cómo se define ‘clase media’ en este informe. Pertenece a la clase media todo individuo que tenga un ingreso diario entre USD 10 y USD 50 al tipo de cambio de paridad de poder de compra. La cuestión a tener en cuenta es que los organismos internacionales no calculan sus propios indicadores domésticos, sino que utilizan los indicadores oficiales de cada país.

      “El tipo de cambio de poder de paridad de compra es el ratio del poder adquisitivo de cada moneda. Es decir, es el ratio de los niveles de precios domésticos respecto al nivel de precios internacional. Pero al evaluar el período 2003-2009 es necesario considerar cambios en los niveles de precios, es decir, es necesario considerar la inflación. Esto quiere decir que cuando el Banco Mundial transforma los pesos en dólares equivalentes lo hace a un dólar más barato (un peso más caro) del real.

      “En otras palabras, el Indec, al no calcular de manera eficiente la inflación, exporta errores de cálculo a investigadores en organismos internacionales que no tienen por qué presuponer que deben dudar de organismos oficiales.”

Está claro que si el Gobierno argentino no reconoce el problema, no lo va a solucionar. Peor aún, lo va a agravar. Cuando la ilusión estalle, los números empezarán a mostrar la dura realidad que el desmanejo de nuestros políticos provoca.

Mientras, olvídese de la lucha entre “malos” y “buenos”. Sólo ocúpese de sus finanzas personales y prepárese para cuando la burbuja explote. Una burbuja que cada día que pasa es más grande e inestable.

Le deseo un excelente fin de semana,

Federico Tessore.

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