La estrategia para saltar la trampa de la UF

El que no tuvo, tiene o tendrá deudas en UF… que tire la primera piedra.

Sería extraño encontrar a esta persona, ¿no?

Créditos universitarios e hipotecarios son las principales fuentes de endeudamiento en este tipo de unidad monetaria. Aunque también la encontramos en los préstamos bancarios o financieros, en los seguros, los contratos y pagos de las Isapres, en los acuerdos de pago de gastos comunes de los edificios y hasta en algunos contratos de pago de honorarios.

Son múltiples usos y lo cierto es que no conozco a nadie que, cuando menos alguna vez en su vida, no haya preguntado el valor de la UF para hacer un cálculo financiero.

Hasta aquellos desafortunados que se encuentran sin trabajo la siguen de cerca: la UF también es usada para calcular el monto final en pesos de los seguros de desempleo.

El 20 de enero de este año la Unidad de Fomento cumplió 45 años. En 1967 partió en 100 escudos y se cambió a pesos en 1975, ajustándose mensualmente respecto del Índice de Precios al Consumidor (inflación minorista) de cada mes, y desde 1990 su valor es determinado diariamente por el Banco Central de Chile.

Y en su carrera siempre ascendente, el año que viene la UF debería romper una nueva barrera: superar los $23 mil. Según lo informó El Mercurio el pasado domingo:

      “En el mes de mayo de 2008 se ubicó en $20.004,28, y -dos años más tarde- en abril de 2010, en $21.000,55. Este mecanismo de reajustabilidad es especialmente relevante para los créditos hipotecarios. 

“El 22 de septiembre de 2011, la unidad de fomento (UF) saltó a un valor de $22.000,96, y de acuerdo con las proyecciones del IPC de noviembre y diciembre de este año, cruzaría el umbral de los $23 mil en enero.

“De cumplirse los pronósticos de Consensus Forecast, que apuntan a un IPC de 0,2% tanto en noviembre como en diciembre, la UF superaría los $23 mil el 31 de enero de 2013.”

Recapitulemos: $20 mil en mayo de 2008, $21 mil en abril de 2010, $22 mil en octubre de 2011 y (de cumplirse el pronóstico citado) $23 mil en enero de 2013.

Entre el primer y el segundo piso pasaron 23 meses. Entre el segundo y el tercero, 16 meses. Ahora, de llegar a los $23 mil en enero, serían sólo 15 meses.

Entonces, un comentario cae de cajón: la UF acompaña al ritmo de aumento de los precios y las deudas contraídas en esta unidad suben al mismo tiempo, pero a un paso que viene acelerándose.

Veámoslo en porcentajes. Si usted contrajo, digamos, un crédito hipotecario en mayo de 2008, pasaron 23 meses para que el valor total del préstamo aumentara en un 5%. Pero pasaron sólo 16 meses para que la misma deuda creciera otro 5%.

Si seguimos sumando porcentajes, la deuda en pesos crece, crece y crece.

Y como la mayoría de las veces los salarios no lo hacen al mismo ritmo, entonces la deuda aumenta, superando la proporción del presupuesto familiar destinada originalmente a su cumplimiento.

Esto genera que fondos que eran destinados a otros menesteres deban ser redireccionados para pagar la deuda en UF, cambiando hábitos y costumbres, tanto personales como familiares.

¿Es posible salir de esta maraña?

Creo que sí. Veamos el siguiente gráfico:

gráfico

 

No es una línea perfecta, pero hay una muy buena correlación. Durante los últimos diez años el movimiento ascendente en el valor de la Unidad de Fomento guarda una interesante y cercana relación con la evolución del IPSA, el principal índice accionario de la Bolsa de Comercio de Santiago.

No se adelante, tiene razón: si el 10 de enero de 2003 hubiéramos invertido siguiendo al IPSA buscando, con las ganancias, pagar el crecimiento de una deuda en UF, hoy nos encontraríamos levemente por debajo. Pero de haber manejado bien ciertos momentos del mercado (como en 2006-2007 y durante 2010) habríamos sacado una buena diferencia.

Y por supuesto, este es un ejemplo “cerrado” donde le invertimos al índice como si jugáramos a la ruleta, apostando con los ojos vendados al todo o nada.

Pero esta no es la manera correcta de invertir.

PENSANDO EN UNA INVERSIÓN

Como decía, no es la ruleta. A la hora de pensar en una inversión es necesario investigar, analizar. Buscar asesoría, pedir consejo y, con todo este trabajo a cuestas, armar una cartera de inversión en la cual colocar los ahorros que se busca capitalizar.

Esto se puede hacer por dos caminos. El primero es pagar altas comisiones a un asesor de inversiones para que maneje el dinero en cuestión. Puede ser un gestor o un agente de las corredoras de Bolsa. Es probable que el rendimiento sea positivo, pero sumando y restando las comisiones, si el fondo que manejamos no es demasiado abultado, es probable que éstas terminen opacando la rentabiliadad obtenida.

El otro camino es el de la capacitación personal. Aprender por uno mismo, como miles de inversionistas en Estados Unidos o Europa, a manejar los fondos de forma personal e individual.

Para eso hay varias formas y no es tan difícil como parece. El tema es tener a alguien que le dé una mano.

Saludos,

Felipe.

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