De las “relaciones carnales” al divorcio con separación de bienes

El sentido común indica que en las elecciones que se celebran  hoy en Estados Unidos, a la Argentina la favorecería un triunfo de Barack Obama. Los analistas coinciden en que el lineamiento ideológico criollo sería más cercano al demócrata que al republicano. Sin embargo, aquel relanzamiento de la relación bilateral que se anunció con optimismo desbordado –tras la llegada al poder del por entonces senador de Illinois- se quedó en las buenas intenciones.

De acuerdo con el último sondeo del blog especializado Nate Silver, Obama vencería a Mitt Romney con poca diferencia de votos, pero sumaría un 10% más de electores (es una democracia indirecta), debido a que tiene una gran ventaja en el estado clave de Ohio.

Más allá de los pronósticos, y pese a las buenas intenciones iniciales, el enfriamiento de las relaciones de Argentina con el gigante del norte tiene su génesis en la relación económico-comercial. Siendo Estados Unidos un país conocido por su pragmatismo, las ideologías quedan de lado cuando se trata de los fríos números.

Una nota de la consultora Analytica recuerda que la relación de Obama con América Latina “no fue exactamente lo que se esperaba”. “En su primera campaña electoral, la de 2008, prometió ‘recuperar a América Latina, abandonada por Bush’, y en una entrevista periodística llegó a hablar de relanzar una ‘alianza para el desarrollo’, similar a la que en los sesenta proponía John F. Kennedy. Pero eso no sucedió. Se explica, al menos en parte, por la crisis económica que Obama tuvo que enfrentar desde que asumió la presidencia, que eliminó del menú de alternativas la posibilidad de que Estados Unidos asuma nuevos gastos en su política exterior”, agrega la nota de Julio Burdman.

Además de este punto, Argentina y Estados Unidos tuvieron sus propios roces, que hicieron de esta relación algo difícil de describir. El caso de la valija de Antonini Wilson, los juicios ante el CIADI, la requisa del avión, las trabas a las importaciones, los títulos que no entraron en el canje y que se encuentran en los tribunales de Nueva York y la reciente cercanía de Argentina con Irán, son sólo algunos de los conflictos que se registraron.

A esto hay que sumarle el hecho de que el país no permite auditar sus cuentas por el FMI, ni sanear su deuda con el Club de París. Puede parecer un acto de independencia, pero es uno de los factores que hace que la Argentina no pueda financiarse a menos de dos dígitos, mientras que países de la región como Bolivia lo hacen al 4%.

Si bien en la Argentina parece que cada vez que hay un cambio de Gobierno se refunda el país, porque nada de lo que hizo la anterior administración se considera rescatable, los procesos del país del norte son algo más largos. Un analista estadounidense reconoció a Inversor Global que el primer revés con Obama tiene sus raíces en la era Bush.

De acuerdo con esta fuente, por más de que fueran adversarios políticos, el actual mandatario entendió como una falta de respeto a la investidura presidencial el trato que recibió Bush en la Cumbre de las Américas de Mar del Plata, en 2005. Allí, no sólo no encontró acogida a su plan del ALCA, sino que fue criticado por Néstor Kirchner en el discurso inaugural y sufrió una “contracumbre”, liderada por Hugo Chávez, en la que participaron 40 mil personas, entre ellas Diego Armando Maradona. En el norte entendieron los argumentos, mas no las formas.

De la ideológico a lo numérico

Ya en la era Obama, las disputas migraron de los hechos a los números: business are business. En el medio, un hecho de ribetes cinematográficos.

Así lo describió La Nación en una nota de febrero de 2011:

Un avión C-17 Globemaster de la fuerza aérea de los Estados Unidos llegó a Ezeiza con personal y material destinado a un entrenamiento de la Policía Federal, acordado entre ambos gobiernos. En un operativo liderado por (el Canciller) Héctor Timerman, las autoridades argentinas detectaron “material que no figuraba en el memorando que se había aprobado” para el curso. Estados Unidos reconoció que había equipos y material médico no declarados.

El equipo fue incautado, el curso cancelado y, desde entonces, ambos gobiernos vienen cruzando reproches, en una inédita crisis diplomática, jalonada con el reclamo norteamericano para que nuestro país le restituya “lo que es de propiedad estadounidense.”

Volviendo al ámbito numérico, la gota que rebalsó el vaso fue la decisión del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, de imponer trabas a las importaciones. Este año, Estados Unidos presentó una queja ante la Organización Mundial del Comercio (OMC), por las Licencias No Automáticas, que a su juicio “limitan las importaciones de bienes y establecen una discriminación entre productos importados y nacionales”. Algo similar hicieron Japón y la Unión Europea.

Argentina respondió ante el organismo internacional con una queja similar por las medidas aplicadas a la importación de carne del país del norte. Estados Unidos alegó razones sanitarias que la Argentina rechazó.

Algunos meses antes, la administración Obama había retirado al país de la lista de naciones con beneficios arancelarios por no cumplir con el pago de USD 300 millones a dos empresas norteamericanas que ganaron un juicio ante el Centro Internacional para la Resolución de Controversias (CIADI). En la previa, el embajador argentino en EE.UU., Jorge Argüello, reconocía que existían ciertos “ruidos” en la relación y que algunos estaban vinculados a estos fallos. Si bien esta salida del grupo de privilegio le significará la pérdida de apenas USD 18 millones al país, la señal política fue contundente.

La relación con Irán no mejora las cosas

Los detalles más recientes son conocidos por todos. La justicia de Nueva York confirmó un fallo a favor de los fondos “buitre” por los títulos que no entraron en el canje. La calificación de la Argentina fue rebajada por las calificadoras y el riesgo país se disparó a tal punto que sólo nos supera Grecia.

En la parte política, el coqueteo con Irán no mejora las cosas. La teocracia es sumamente cuestionada por su plan nuclear. Estados Unidos y la Unión Europea instauraron un bloqueo a las compras de su petróleo. China –a través de sus importaciones de crudo iraní- ayuda a que el ahogo económico no sea tan duro para la República Islámica.

Mientras tanto, en la Argentina, el canciller Timerman dice que la negociación con Irán es “positiva”. Más allá de las charlas entre Buenos Aires y Teherán para esclarecer el atentado de la AMIA, también hay un trasfondo comercial que involucra negocios bilaterales por más de USD 1.000 millones.

En este contexto, si bien la mayoría de las encuestas dan como vencedor a Obama, parece que el futuro de la relación con Estados Unidos no responde a coincidencias ideológicas. En caso de que los negocios con el país del norte ocupen un lugar importante en la agenda del Gobierno, habrá que revisar las formas y los desencuentros. No se trata de perder soberanía y transformarse en un cipayo del imperio, sino de elegir mejor las batallas.

Un saludo cordial,

Ignacio.

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