Bienestar económico vs el peso de la deuda

El viernes, mientras la mayoría de los chilenos descansaba aprovechando el fin de semana “XL”, seguramente muchos se entretuvieron leyendo una nota de El Mercurio sobre los resultados de una encuesta hecha por Adimark en conjunto con la Universidad Católica.

“Chilenos son más felices con su relación de pareja y muy complacientes con su salud”, fue la forma en que el diario resumió, en su titular, los resultados del estudio. 

Se trató de un sondeo hecho a 2.010 hombres y mujeres mayores de 18 años entre el 25 de junio y 25 de julio de 2012 mediante entrevistas personales en hogares de todo el país.

Y sus resultados no me dejan de sorprender.

      “Satisfechos y felices se declaran mayoritariamente los chilenos con su vida familiar, social y material. (…) En comparación con versiones anteriores del estudio, incluso manifiestan un alza significativa en su bienestar económico.

      “Considerando su vida en general, el 81% dice sentirse bastante feliz o muy feliz (44% y 37%, respectivamente). Y los más felices son los jóvenes de 18 a 24 años (42%), los pertenecientes al estrato alto (40%), quienes habitan en regiones (38%) y los que practican religiones distintas a la católica (42%).

      “La positiva evaluación que hacen los chilenos en la Encuesta Bicentenario coincide con los resultados del informe ‘Bienestar Subjetivo’ del PNUD, divulgado en agosto pasado, y donde el 78% de los encuestados se considera feliz. Y un mes antes, al indagar sobre el bienestar subjetivo en la encuesta Casen, el 63% de los chilenos se declaró ‘alta o completamente’ satisfecho con la vida.”

En resumen, los chilenos son gente feliz.

“Si no está roto, no lo arregles”, reza una expresión estadounidense. Siendo así, los chilenos no deberían modificar en nada su manera de hacer las cosas. Las políticas gubernamentales son las correctas, el modelo país es el correcto, la forma en la cual las personas manejan sus vidas es la correcta. Todo el mundo está feliz. 

Pero, ¿deberíamos estarlo? 

Discúlpeme, pero yo no estoy tan seguro. 

De partida, porque actualmente Chile es uno de los países con mayor desigualdad del mundo, algo que debería hacernos, cuando menos, un poco de ruido. Medido por el coeficiente de Gini -el principal índice usado por economistas y políticos cuando se habla de desigualdad-, en estos términos Chile está peor que países como Ruanda, la República Democrática del Congo o Timor Oriental. 

Si cree que estoy siendo tendencioso, nombrando a lejanos países subdesarrollados, le aclaro que Chile está ÚLTIMO entre todos los países desarrollados y/o ricos reunidos en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, OCDE, a la que se ingresó orgullosamente hace un par de años. 

Si no me cree, dele un vistazo al siguiente gráfico:

gráfico
Entonces, ¿por dónde pasa la satisfacción? Acá hay dos cosas en las que me gustaría profundizar.

Veamos un detalle de la nota que pasé un poco por encima: 

      “En comparación con versiones anteriores del estudio, incluso manifiestan un alza significativa en su bienestar económico”. 

SATISFACCIÓN ECONÓMICA Y ENDEUDAMIENTO

A la hora de entrar específicamente en el tema de la percepción propia respecto de la situación económica, la encuesta muestra que la satisfacción con la situación económica personal ha aumentado en relación a los años previos:

      “El 41% dice estar muy satisfecho con su situación, una diferencia significativa respecto del 33% que opinaba lo mismo en 2010 y el 37% en 2008. Esta mejor percepción se registra en todos los grupos socioeconómicos.”

Y pone un acento importante en un tema que me gustaría comentar:

      “En tanto, el alto endeudamiento de la población (7,6 veces el sueldo) también se refleja en la encuesta. El 41% de los encuestados dice que con frecuencia se siente agobiado por las deudas que tiene en la casa, situación que en el estrato alto identifica a 19% de los consultados, en el medio a 38% y en el bajo a 50%.”

Por un lado tenemos satisfacción económica. Por otro tenemos endeudamiento. Y a mi juicio ambas no son más que dos caras de la misma moneda. Porque para muchos la satisfacción material pasa justamente por el endeudamiento. Es decir, hoy es posible acceder a bienes y servicios a los que hace diez o quince años eran impensables para una buena parte de la población.

Pero el precio a pagar es el precio de la deuda. El peso de la deuda. 

Y eso nos puede envolver con la ilusión del bienestar. Digo ilusión, porque cuando a este bienestar se accede a través de la deuda, no es algo con lo que se pueda vivir para siempre.

Por ejemplo, ¿sabía usted que sólo el 18% de los chilenos tiene un sueldo superior a $ 525 mil? ¿O que el promedio del sueldo en Chile es de sólo $ 325 mil? 

Con estos niveles de ingreso, en los sectores de menores recursos se destina alrededor de un 60% de los ingresos a pagar deudas relacionadas al consumo, cuando la proporción no debería superar el 35%. Y acá le pido que redoble la atención porque esto no es algo exclusivo de aquéllos con presupuestos más ajustados. La clase media padece el mismo problema. La tele nueva, el computador del año, el viajecito en cuotas… todo suma. 

Y a fin de mes, resta.

Porque si consumimos más de lo que tenemos, la única salida es la deuda. Y la deuda, que al comienzo parecía tan pequeña, tan abordable, nos estrangula.

¡En Chile hay gente que debe el equivalente a 17 veces sus ingresos mensuales! 

Eso tarda 8 años y medio en pagarse.

Pero volvamos al estudio:

      “Una de las percepciones que llaman la atención de los especialistas es la autoevaluación que hacen los encuestados cuando se les consulta sobre su alimentación diaria. El 64% de las personas responde que su dieta es saludable o muy saludable, mientras que el 17% la califica como poco o muy poco saludable.

      “‘Esto es bastante contradictorio con lo que vemos en la práctica’, advierte Isabel Zacarías, nutricionista del INTA y presidenta de la Sociedad Chilena de Nutrición. ‘Contestaron de súper buena crianza’, coincide la doctora Paula Bedregal, académica de la Escuela de Salud Pública de la UC y especialista en medicina familiar.”

Creo que lo mismo se podría decir a la hora de evaluar el bienestar económico. Si el 38% de los encuestados de sectores medios dice sentirse agobiado por la deudas, en una población que debe 7,6 veces su sueldo, me parece que el 62% restante vive en una ilusión. 

Ahora, un comentario final. Si cuando hablamos de nutrición el diario le pregunta a especialistas en el tema, quienes ponen en duda la mirada que las personas tienen sobre su propia situación, ¿por qué no hace lo mismo cuando los chilenos dicen sentirse económicamente cómodos?

¿Para que todo siga como está?

Piénselo. 

Que tenga una linda semana. 

Felipe.

Deja tu respuesta