Los 15 defectos del mal inversor

Invertir no es tan difícil, aunque así parezca desde afuera. Aquellos alejados del mundo bursátil tienden a pensar que el mercado es sólo para grandes teóricos de las ciencias económicas, pero lejos está de ser así. Además de la capacitación pertinente, como en toda disciplina que requiere un estudio conceptual, hay algunas cuestiones básicas que hacen a formar el sentido común del inversor.

El gran problema que tiene un ahorrista es que muchas veces se deja guiar por prejuicios y corrientes, y a veces esa actitud no rendirá los mejores frutos.

En ese sentido, desde IG detectamos quince pensamientos que, en caso de aplicarlos en la práctica, sólo lo llevarán a ser un mal inversor. En esta primera entrega analizaremos detenidamente los primeros TRES.

El prejuicio de la confirmación (y de la cabeza dura)

Quizás recuerden la película Titanic, cuando varios tripulantes alertaban al capitán y a los fabricantes del barco de que estaban navegando en aguas donde habitaban grandes icebergs. Pero el capitán, cegado por su “optimismo” se dio cuenta de su error cuando ya era tarde.

Y lo que le pasó al capitán del Titanic les ocurre a muchos inversores, que desde una premisa a veces se ciegan a ver la realidad. Es que a veces un inversor, convencido de que un papel puede subir por un determinado hecho, apuesta fuerte a él, incluso frente a posibilidades que no crezca. Ve que la acción cae frente a la verdadera realidad, pero sostiene que la tendencia deberá revertirse en el corto plazo por algún factor. El final de la historia: el inversor, al igual que el capitán, termina aceptando que se equivocó y vende su participación en la empresa con una pérdida enorme.

El prejuicio del optimismo absoluto

A veces lo que ocurre en el presente tiende a nublar la vista para lograr una mejor percepción del futuro. Es que uno, convencido de que una tendencia de mercado puede continuar sin cesar, quizás empieza a invertir fuertemente y se encuentra con que un día el Dow Jones o el S&P 500 tienen una baja de 20%, algo muy parecido al crash de 1987. Los mercados crecían vertiginosamente y los precios de los commodities subían, pero la economía había entrado en un proceso de ralentización. En agosto de 1987 el Dow Jones llevaba una suba acumulada interanual de 44%, pero en octubre vino la corrección y el índice industrial cayó 22,61% en una sola jornada: el famoso “Lunes Negro”.

Si traemos este escenario al presente parecería que hablamos de una radiografía de lo que ocurrió en 1987 quizás. Con el S&P 500 en picos históricos pero con una economía estadounidense que no despega, no sería descabellado pensar que el mercado podría despertarse un día con una caída abrupta. En ese sentido, recomendamos que los toros de hoy soslayen pensar que algunos osos hambrientos podrían aparecer en el futuro.

El efecto contraproducente

En este tercer caso, hay que citar un factor que traspasa la cuestión financiera para ir al campo de la psicología. Es normal que cuando a una persona le niegan algo o le dicen que no haga una determinada cosa, no sólo no va a cambiar su opinión, sino que va a doblar su apuesta frente a su idea.

Es por eso que en el campo de las finanzas uno está permanentemente expuesto a analistas y asesores que le dicen “no compre ni venda aquí, sino que compre y venda allá”. En ese sentido, si usted es de aquellos que mantienen a rajatabla sus ideas, estará expuesto a ir contra la corriente, atentando quizás contra sus ahorros frente a un viraje del mercado.

En caso que prefiera ser un llanero solitario y quiera enfrentar al mercado usted solo, es necesario que tenga los recursos necesarios para hacerlo. En ese sentido, la capacitación es un punto clave.

Para ello, le recomendamos que vea nuestro Programa Acelerado Para Invertir Como un Experto y que empiece a dar los primeros pasos sólidos en el mercado. 

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