La nueva guerra del siglo XXI

El 13 de septiembre de 2012 fue un día clave para los mercados bursátiles: Ben Bernanke no defrauda y anuncia una nueva ola de expansión monetaria en Estados Unidos. No sólo que el QE3, como se conoce a esta nueva ronda de relajamiento monetario, fue recibido con beneplácito por los inversores, sino que la magnitud del programa en sí también sorprende a propios y extraños.

La Reserva Federal emitirá mensualmente hasta USD 40 mil millones, sin fecha estimada de finalización de este mecanismo. En el largo plazo, tras la recuperación de la principal economía del mundo, nadie duda cuál será el efecto sobre el valor del dólar: bajará.

En el corto plazo, los mercados de fiesta y los inversores agradecidos. No se trata de que la solución a la crisis global esté a la vuelta de la esquina, pero garantiza que se harán todos los esfuerzos posibles para sobrepasar las actuales dificultades y, encima, tasas de interés en niveles irrisoriamente bajos hasta el 2015.

Precisamente estos niveles de interés extraordinariamente deprimidos en las economías desarrolladas es lo que obliga a los capitales a comenzar a migrar en busca de mayores rendimientos a costa de tomar una carga de riesgo adicional. Estos activos están principalmente asociados a los países emergentes.

Y son precisamente estas naciones las que se están rebelando contra las políticas monetarias aplicadas desde los centrales y que tienen efectos colaterales sobre la periferia, desatando tensiones crecientes entre las partes.

Uno de los abanderados del mundo emergente que muestra a viva voz su disconformidad con el último gran movimiento de la Fed es Brasil, país que cuenta con el apoyo implícito de otros pesos pesados como China, India y Rusia.

El ministro de Economía brasileño, Guido Mantega, acusó a las economías desarrolladas de iniciar una verdadera “guerra de monedas”en septiembre de 2010, con la intensificación de la emisión monetaria descontrolada. También recientemente la propia presidente de Brasil, Dilma Rousseff, durante su exposición en la Asamblea anual de la Organización de las Naciones Unidas, acusó a los países más poderosos de generar desequilibrios en el orden económico global.

Pero, ¿cuál es el gran problema detrás de esta acción coordinada entre bancos centrales del mundo desarrollado para impulsar la actividad?

Es simple. El influjo de capitales hacia estas economías generó burbujas importantes en torno a la valuación de las monedas de estos países. Y un caso elocuente y paradigmático es el de Brasil.

Entre enero de 2009 y julio de 2011, el real brasileño se apreció un 40% -en términos nominales- respecto el dólar estadounidense, generando graves problemas de competitividad sobre la industria de ese país. Este fenómeno estuvo fuertemente influenciado por el aluvión de capitales que ingresó a Brasil durante ese período, en busca de rendimientos extraordinarios.

Adicionalmente, este proceso se vio retroalimentado por un elemento interno de Brasil: la tasa de interés de ese país es una de las más altas del mundo en términos reales.

Evolución de la Bolsa de Caracas

De todas formas, más allá del caso particular de Brasil, la afluencia de nuevos capitales a los mercados emergentes es una realidad innegable. De acuerdo a datos concretos del Fondo Monetario Internacional, sólo en el último trimestre de 2010, los mercados emergentes recibieron un flujo de capitales de USD 200 mil millones.

Evolución de la Bolsa de Caracas

Estos masivos flujos de capital y sus potenciales efectos están siendo materia central de debate entre los economistas internacionales, con voces a favor y en contra de la imposición de restricciones.

Quienes tienen una visión positiva de la libre movilidad de capitales destacan -entre las principales bondades- la posibilidad de que los fondos se canalicen para su uso más productivo, que las economías en desarrollo puedan beneficiarse de la experiencia extranjera, y que garantizan el acceso al crédito más barato para el empresario y mayores oportunidades de inversión para los ahorristas.

Quienes se muestran a favor del control de capitales señalan que el crecimiento económico mundial fue considerablemente más alto en la etapa donde se utilizaron los controles sobre la movilidad del capital (Bretton Woods), respecto a los años posteriores, y que la restricción al acceso de activos externos para residentes de un país aumenta el crédito disponible a nivel interno a un costo más propicio para el desarrollo productivo.

La evidencia empírica reciente comprobó que un exacerbado influjo de capitales puede ser gestor de burbujas que actúan como bombas de tiempo para las economías en cuestión. Hasta el propio FMI advierte que una limitación “suave” a la movilidad del capital puede ser beneficiosa en algunas situaciones específicas a fin de evitar colapsos inesperados.

En la actualidad, algunos paradigmas que hasta hace un lustro parecían intocables comienzan a trastabillar, al tiempo que se gestan las bases para nuevos conflictos, más específicamente, la nueva guerra del siglo XXI.

Buen fin de semana,

Diego.

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