JP Morgan, ¿un banco a prueba de balas?

Si rebobinamos a 2008, el primer recuerdo que asoma en la cabeza de los inversores seguramente es el de la crisis financiera, con varios bancos de renombre siendo rescatados por el Gobierno estadounidense o la Reserva Federal.

De todas formas, hay que ver las dos caras de la moneda. Con esto nos referimos a que, por un lado se tienen a firmas como Bank of America o la compañía de seguros AIG, que tuvieron que ser rescatadas por Barack Obama, pero -por el otro- aparece una entidad como JP Morgan, cuyos ingresos resistieron la hecatombe.

Reconocido como un megabanco de primera línea a nivel global, además de contar con una reputación mejorada, una hoja de balance sólida y contactos políticos de envergadura, tiene una mesa directiva que, en relación a las de la competencia, se muestra más dinámica y efectiva frente a las crisis.

En el mercado muchos analistas y gurúes concuerdan con que los líderes que manejan JP Morgan son los mejores. The New York Times ha calificado a Jamie Dimon, CEO de la compañía, como “la voz más creíble dentro de un mercado desacreditado”.

No obstante, en los últimos meses los titulares de medios financieros se han visto algunos escándalos que protagonizaron nada menos que directivos de JPMorgan. Sumado a esto, hay algunos puntos desconocidos de la banca de inversión y que podrían hacer cambiar la mentalidad respecto a la mesa chica del banco.

En ese sentido, Morgan Housel, columnista de The Motley Fool, detectó dos puntos flojos que ha demostrado la gerencia de JP Morgan en el último tiempo.

Jugando con el trading

Durante 2012 JP Morgan aceptó que había tenido un error fatal en el manejo de CDS o activos sintéticos, que le costó al banco una suma de 6 mil millones de dólares. Este movimiento fue llevado a cabo por un trader de Londres que actuaba bajo el ala de Ina Drew, la gerente de inversiones de JP Morgan.

Dos empleados desconocidos de JP Morgan –no aparecían sus nombres en reportes anuales de la empresa- hicieron perder a la institución y sus accionistas una montaña de dinero. Esto enciende las alarmas en el sentido de que su dinero puede estar manejado por empleados que no figuran en la plana principal y que los costos por esta “falta de transparencia” son elevados.

Dimon está teniendo problemas para crear valor a los accionistas

Muchos halagan a Dimon como uno de los zares bancarios más importantes del sistema estadounidense, incluso Warren Buffett, quien lo ha calificado como “uno de los mejores banqueros del mundo”, porque “entiende de de instituciones financieras y riesgos”.

Y quizás este título se lo ganó porque logró mantener, a través de una técnica defensiva y conservadora, la fortaleza del balance de JP Morgan, considerado como uno de los movimientos más inteligentes de la historia financiera.

No obstante, cuando se trata de invertir y lograr retornos atractivos para los accionistas, el conservadurismo no es la mejor alternativa en estos casos. Desde que Dimon está al frente del banco, el retorno sobre activos de la compañía ha sido de apenas 0,8%, lo que lo ubica en el puesto 31 dentro del ranking de las 50 instituciones financieras más grandes de Estados Unidos. Sumado a esto, desde que Dimon asumió, la empresa lleva un rendimiento acumulado negativo de 7%.

Y como si fuera poco, frente al poco dinero que les está rindiendo el banco a sus accionistas, las compensaciones anuales al CEO son enormes, alcanzan los 149 millones de dólares.  

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