¿Se podría venir un “corralito” en Grecia?

Los principales síntomas del cataclismo financiero europeo empezaron en los países periféricos, que terminaron siendo apodados como PIGS. Este acrónimo, que comprendía a Portugal, Irlanda, Grecia y España, fue una forma peyorativa de llamar a los países más complicados de la Eurozona. A este grupo se sumó Italia en 2011, luego que su deuda se ubicara en un 150% de su PBI.

El caso más crítico y que tiene repercusión diaria en los mercados es Grecia y su enorme déficit. En mayo se conoció que los griegos empezaron a sacar vertiginosamente sus depósitos bancarios, tal como ocurrió en Argentina en 2001.

El medio británico The Economist decía:

Un griego racional con un depósito de 10 mil euros tiene miedo que se transformen en 6 mil euros ante una eventual salida del la moneda comunitaria y una conversión a dracmas”. A esto agregaba que, al igual que los argentinos, los griegos están prefiriendo guardar el dinero bajo el colchón o transferirlo a otros países, como Italia o Chipre. Algo similar a lo que los ahorristas locales hacen con Uruguay.  

En la década del 90 surgió la medida del por aquel entonces Ministro de Economía, Domingo Cavallo, la cual establecía que todo peso argentino circulante equivalía a un dólar estadounidense. Se buscaba establecer un cerco anti inflación. Caso parecido ocurrió en Europa, ya que varios países con economías frágiles accedieron a la moneda única para resguardarse en la credibilidad y la solvencia alemana.

No obstante y como todos sabemos, estas políticas requerían prácticas fiscales que a la larga no pudieron ser mantenidas, al menos en el caso de Argentina. Esto generó el congelamiento de los depósitos bancarios, el famoso “corralito”, y gatilló la famosa pesificación asimétrica, a partir de la cual los bancos pesificaron los plazos fijos en dólares. Mientras que a las entidades financieras la deuda se le pesificó a un tipo de cambio de 1 peso por dólar, a los depositantes de plazos fijos en moneda extranjera se les tomó un tipo de cambió devaluado de 1,40 pesos por dólar.

Siguiendo con el análisis de The Economist, el medio también agregaba lo siguiente:

“La crisis argentina demostró que hay un pobre conocimiento de que la devaluación es una manera de recortar los estándares de vida de las personas. Es como tener un recorte salarial con el objeto de mantener el empleo. Las importaciones cuestan más y el Gobierno recibe menos dólares por ellas, porque el gasto es mayor. Las naciones han preferido la devaluación antes que los recortes -al estilo eurozona-  debido a que es una manera de, en cierta forma, licuar la deuda. Esto siempre y cuando un país se endeude en su misma moneda”.

En ese sentido, Grecia, tomó deuda en una común como es el euro. Para el caso de los que tienen deuda en dólares, como Estados Unidos, una depreciación en la divisa motorizada por los planes de estímulo monetarios y una eventual inflación podrían en cierta manera licuarla.

Frente a las soluciones que podría aplicar Grecia frente a una corrida bancaria de mayor envergadura, el medio deja en claro su postura:

“Grecia se verá forzada a seguir a Argentina, ya que deberá congelar las cuentas bancarias e imponer controles de extracción de capital para las personas, teniendo en cuenta una posible ‘dracmatización’ de depósitos en euros”.

La cuestión es que, frente una posible vuelta al dracma de Grecia, ésta se vería obligada a realizar una expansión monetaria que le permita pagar su deuda, algo que –como bien conocemos los argentinos- puede traer riesgos inflacionarios.   

 

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