Qué nos dejó la temporada de balances en Argentina

Guillermina Simonetta

Con las empresas esperando señales de la macro y microeconomía, el análisis de escenarios puede exponer a los inversores los riesgos de ir demasiado rápido o demasiado lento en la toma de decisiones. El manejo de los tiempos sigue siendo sustancial a la hora de manejarse en el mercado de renta variable local.

La temporada de presentación de resultados de las empresas es por lejos uno de los momentos más intensos para los mercados financieros. Los analistas establecen sus directrices y estimaciones, y los resultados conocidos a menudo tienen gran influencia en la valuación de mercado de las cotizantes, tanto por los resultados en sí como por lo que los precios ya tenían incorporado como valor descontado.

Las últimas decisiones de política económica –que no volveremos a detallar acá- ya promovían un debilitamiento de las expectativas de empresarios y consumidores y en ese sentido ya se esperaban efectos sobre los balances de las compañías por el lado de mayores costos en un escenario de alta inflación. Por ejemplo, la disminución de lo vendido en comercios minoristas, relevado por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) mostró una desaceleración importante en el segundo trimestre del año y volvieron a caer en el mes de julio: un 6,3% en relación al mismo mes de 2011. De la canasta relevada por la CAME, todos los sectores muestran caídas interanuales, siendo los más afectados la actividad inmobiliaria y el subsector de neumáticos, estrechamente ligado al rubro industrial más dinámico de 2011: la industria automotriz.

Observando otros indicadores de la macro, también teníamos señales de alerta en el crecimiento: a junio el indicador líder de la Universidad Torcuato Di Tella había acumulado 8 meses consecutivos de caída, llegando ahora al 17,7% en relación al mismo mes de 2011. Por otra parte, desde su máximo alcanzado el pasado septiembre, el Índice de Confianza del Consumidor venía mostrando una sustancial baja, que se acrecentó en este año a valores que sólo habíamos observado en la crisis de 2008-2009 y, previamente, en 2001. Estos estudios subrayan una alta probabilidad que la economía argentina entre en recesión, lectura que muchos analistas ya consideran cumplida y que tiene su correlato en las finanzas de las principales empresas argentinas.

Si nos centramos en los balances corporativos del primer trimestre de este año, el consumo interno y los incrementos de precios en algunos sectores habían redundado en una continuidad de expansión de las utilidades de la mayoría de las empresas, de aproximadamente 44% en relación al primer trimestre de 2011, considerando 75 cotizantes. La comparativa 2011-2010 había arrojado un 51% de variación, y 2010 frente a 2009, 113%. Estos porcentajes surgen de las comparaciones de utilidades en pesos y nominales, ya que si tenemos en cuenta la depreciación del tipo de cambio, la brecha cambiaria oficial y paralela y la inflación real, las ganancias empresariales reales y medidas en dólares van mostrando una disminución más sustancial.

Además, esos porcentajes salen de un promedio de compañías, por lo que la realidad por sectores dista mucho de la media.

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