¿Fue Facebook la peor IPO de la historia?

Son muchos los que recuerdan el frenesí de marzo y abril por la Oferta Pública Inicial de Facebook, cuando todos estaban obnubilados con la red social, avaluada por entonces en poco más de 100 mil millones de dólares. No obstante, llegó el 18 de mayo y desde ese día todo fue penumbras para la empresa de Mark Zuckerberg, que vio el precio de su acción derrumbándose paulatinamente hasta romper la barrera del 50% a la baja.

Sí, leyó bien. Aquella empresa que todos ponían la cuenta regresiva para abalanzarse sobre sus acciones hoy vale menos de la mitad del precio al que salió a cotizar. “Para ponerlo en perspectiva, perdió más valor de mercado que el mismo Lehman Brothers en su último año antes de la quiebra”, escribió The New York Times.

Sumado a lo expuesto por el medio neoyorquino, un columnista de The Motley Fool cita titulares que a simple vista les causarán gracia. El primero hace alusión a un par de días antes de la salida a Bolsa: “Los inversores individuales hacen fila para comprar acciones”, mientras que el otro encabezado es de unos días después de la IPO: “Los abogados hacen fila para demandar a Facebook por su IPO”. No hay mucho para analizar, simplemente la diferencia entre los escenarios que se vivieron antes de la oferta pública y después de ésta.

De todas maneras el mercado en algunos puntos advirtió que este escenario podía llegar a dar. Una empresa como Facebook no podía valer 100 veces sus ganancias por acción del último año, o poder comprar a Ford y General Motors con su capitalización bursátil. Era algo insólito, más teniendo en cuenta que el negocio de Facebook es sensible a modas y tendencias, ya que como hoy está en boga usar esta red social, mañana puede desaparecer, tal y como le ocurrió a otros productos 2.0, como el Messenger de Microsoft. Sumado a esto, su principal fuente de ingresos, la publicidad, está perdiendo terreno frente a Google en este campo, ya que las compañías consideran más eficiente el sistema del buscador en cuanto a difusión publicitaria.

En ese sentido, lo que ocurrió con Facebook podría verse como una fotografía de la mentalidad cortoplacista, ignorante del riesgo y obsecuente de las valuaciones alocadas que están teniendo los mercados.

Que Facebook haya tenido una caída de semejante envergadura no significa que el mercado vaya a tambalear. La lectura de esto es que varios inversores se dejaron llevar por las emociones y por la opinión popular del mercado, abalanzándose sobre activos que terminaron decepcionándolos.

El S&P ha tenido un retorno muy bajo en la última década, lo cual ha alejado, o al menos prevenido a una gran cantidad de inversores. Los efectos post-Facebook parecerían estar empezando a emerger. No obstante, esto deja una moraleja: no se crea el cuento del tío, o mejor dicho, el cuento de Facebook. 

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