El agua es vida… y un buen negocio

Marcos S. Dolce

A pesar de la creencia popular, el 75% del territorio argentino es árido o semi-árido. Para cultivar estos suelos, es necesario trabajar sistemas de regadío que, para todos aquellos que no pudieron acceder a los campos baratos de los 90, podrían ser una oportunidad de entrar al mundo agropecuario. 

Es común decir que Argentina posee un clima y suelos excepcionales para la agricultura, pero la realidad es que el país tiene 75% de su territorio bajo condiciones de aridez o semi-aridez. De los aproximadamente 278 millones de hectáreas continentales, sólo 35 millones corresponden a la pampa húmeda. Es decir, únicamente un 12% del territorio continental recibe precipitaciones suficientes para lograr rendimientos que brinden sustentabilidad económica en la actual relación de precios.

De ahí la importancia del riego, más allá del imaginario nacional. La disponibilidad de agua para riego no sólo permite complementar los requerimientos de algunos cultivos de secano como arroz, papa o maíz, sino también poner en producción tierras áridas suministrando el 100% del agua que requieren los cultivos. Financieramente hablando, las tierras áridas, de bajo valor, pueden ponerse en producción y generar un fuerte aumento del valor específico. Esto, a través de una inversión que implementa sistemas de riego, siempre y cuando exista una fuente y reserva de agua suficiente en cantidad y calidad.

Historia del riego

Las principales obras de racionalización del uso del agua en Argentina comenzaron a partir del año 1898 con la construcción de diques y obras de derivación en la provincia de Mendoza. En 1909, el Gobierno Nacional dictó la Ley Nacional de Irrigación N° 6.546, que impulsó la realización en el país de gran número de obras hidráulicas de derivación y la creación de nuevos sistemas de riego.

Durante la década del 50, gracias a la importación de equipos de riego, hubo una ampliación en la superficie bajo riego, así como mejoras en la sistematización de la tierra, preparación del suelo, aplicación del agua, mejora en las eficiencias, diversificación en los cultivos y posteriormente la introducción de técnicas de aspersión y riego localizado, debido al mayor costo del agua y la necesidad de recuperar las inversiones realizadas mediante la producción de cultivos de alta rentabilidad. En la Argentina el riego no sólo fue un instrumento para mejorar la productividad de la tierra sino también una herramienta concreta para impulsar la ocupación y posterior desarrollo de extensas áreas de todo el territorio nacional.

Sin embargo, en la mayor parte de las regiones áridas y semi-áridas, donde la actividad agraria necesita el riego para su desarrollo, la superficie bajo riego ha permanecido constante e incluso ha disminuido, mientras que en la región húmeda, donde se lleva a cabo un riego de apoyo especialmente dirigido a cereales y oleaginosas, se ha producido un importante aumento.

De riegos y riesgos

A la hora de sopesar pros y contras, entre las principales razones que podrían encontrarse a favor de la inversión en riego se pueden identificar tres: …

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