A 11 años del 9/11, ¿qué cambió para los inversores?

Previo a lo que fue el peor atentado terrorista de la historia estadounidense, en el año 2000 los inversores habían sufrido un duro golpe con el colapso del índice Nasdaq tras el derrumbe de la burbuja tecnológica.

Un año después, más precisamente el 11 de septiembre de 2001, los ataques terroristas a las Torres Gemelas en Nueva York también tuvieron un impacto negativo sobre las inversiones de portafolio de los ahorristas globales.

Desde el momento del atentado, los mercados de Wall Street suspendieron inmediatamente sus negociaciones y las reanudaron recién el día 17 de septiembre. En los cuatro días siguientes a la reanudación del mercado, las expectativas eran sumamente negativas respecto al efecto contractivo que podían tener los hechos terroristas sobre el nivel de actividad y eso se vio reflejado en los mercados accionarios, cuando el índice S&P 500 mostró una caída de 9,89%.

Si bien luego los mercados lograron morigerar parte de las pérdidas, mucha agua ha corrido bajo el puente hasta la fecha.

Los atentados llevaron a un rápido accionar por parte de la Reserva Federal para intentar sostener la actividad económica. Para ello, se implementó una agresiva política monetaria expansiva que llevó la tasa de interés de referencia desde el 3,5% a un récord histórico de los últimos 50 años de 1% en menos de 18 meses.

Precisamente este extremo abaratamiento del dinero, liderado por ese entonces por Alan Greenspan al frente de la Fed, fue una de las principales causas que fogonearon la espectacular suba en el precio promedio de las propiedades en Estados Unidos.

La revalorización de los inmuebles, sumado a una política de aplicación de préstamos hipotecarios desmedida por parte de los bancos comerciales, gestó la gran burbuja en el sector de real estate que terminó por explotar en 2007, cuando se agotó el ciclo alcista de subas de precios y se verificó una masiva cesación de pagos de hipotecas de baja calidad por parte de los ciudadanos.

Los efectos colaterales de la implosión del mercado inmobiliario estadounidense, que puso en jaque al sistema financiero de ese país, se han sentido alrededor del mundo, iniciando una etapa de debilidad de las economías centrales que aún persiste.

En términos de acciones, el índice S&P 500 ha subido un 31,2% desde los atentados a la fecha, es decir, en los últimos doce años. Si bien es una performance aceptable considerando que el índice no sólo ha lidiado con los atentados terroristas sino con la crisis económica más importante desde la Gran Depresión de los años 30, hubo otros activos que han rendido mucho mejor.

Dos ejemplos de ellos son las acciones de Apple, con una suba de 7.630%, y el oro, con una mejora más moderada, pero no despreciable, de 506%.

Como vemos, a pesar de las dificultades, el inversor siempre encuentra una doble chance cuando de manejar sus ahorros e inversiones se trata.

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