Merkel, la Canciller de la austeridad

El fin de semana estuve leyendo bastante sobre Angela Merkel. La nota principal de la revista The Economist (una obligación de cada fin de semana) si bien no era sobre ella específicamente, sí era sobre su trabajo, probablemente una de las posiciones más ingratas que le tocó a ningún líder europeo desde la Segunda Guerra Mundial.

La Canciller democristiana llegó al poder prometiendo responsabilidad fiscal y una recuperación de la actividad económica tras el periodo de estancamiento y alto desempleo (que superó el 10% de la fuerza laboral en 2005) de los últimos años del Gobierno del socialdemócrata Gerhard Schöder, Canciller entre 1998 y 2005.

Y le iba muy bien. Llegó en una época de intensa actividad, con una Europa boyante donde Alemania jugaba un rol clave como gran locomotora económica, creciendo a un 3,5% en 2006 y un 2,8% en 2007. La inclusión de una serie de países en la zona euro en 2004 dañó la competitividad de muchas  de las industrias locales de esos países, pero estas economías se volcaron al turismo y los servicios que atendía, justamente, a los trabajadores de las industrias alemanas. Como contracara, allí bajaron los costos, empujando con fuerza su producción y exportaciones hacia los demás países del bloque económico más grande del mundo. Aunque carga con una realidad específica al haber trampeado sus cuentas fiscales para unirse al grupo Grecia es, sin duda, el principal ejemplo de lo anterior.

Pero vino la crisis de las hipotecas subprime en Estados Unidos, un mazazo que remeció todos los mercados financieros alrededor del mundo. Después de la caída de Lehman Brothers, todos, bancos, empresas, personas, decidieron dar una cuidadosa revisión a sus libros de cuentas, gastos, ingresos y proyecciones, y en Europa las sospechas de que los números griegos no eran los presentados inicialmente se transformaron en una dura realidad. De a poco se empezó a hablar de los PIGS: Portugal, Irlanda, Grecia, España. Y los creadores de acrónimos han tenido mucho trabajo. Como PIIGS no pegaba, para incluir a Italia se inventó la sigla GIPSI (que de paso desnuda mucha de la intolerancia y prejuicios históricos de los europeos, ya que es como “gitano” con una intencional falta de ortografía) y ahora ya varios están pensando en cómo incluir a Chipre. Veo un PSICGI, SIGICS, SCIPGI o algo así en el futuro cercano.

Entonces, casi de un día para otro, Merkel se vio a sí misma embarcada en una cruzada de austeridad fiscal y liderando el bloque hacia “lo que debería hacerse”. En los últimos cuatro años contó con la venia del ex Presidente francés Nicolas Sarkozy, pero la salida del Palacio Elíseo del galo descendiente de húngaros cambió el panorama.

Los problemas económicos provocaron un cierto viraje hacia la izquierda y ahora son varios los países que cuestionan cada una de las cosas que Merkel hace o dice, quitándole mucho margen de maniobra. Su llamado a la austeridad cae cada vez menos simpático y, volviendo a la nota mencionada al comienzo, los planes de un “fin ordenado del euro” podrían ser un oxímoron cada vez más real.

En la ilustración que acompaña la nota de The Economist aparece Merkel sentada en la mesa de un bar, con un café, un vaso y una botella de whisky, probablemente para pasar lo que está leyendo. Es un libro rojo, tiene el sello del Gobierno alemán con un encabezado que dice “estrictamente confidencial” y se titula “Cómo quebrar el euro”.

“Para lo que sabemos, en este momento Angela Merkel está contemplando terminar con el euro. Seguro que el extenso sufrimiento de la Canciller de Alemania  la debe tentar, dada la interminable discusión en torno al euro sobre rescates que luego resultan ser inadecuados. Cómo debe estar cansada de pelear desde la esquina de su país, sólo para ser etiquetada como débil por los críticos de su país. Cómo debe resentir el sacrificar la riqueza alemana, sólo para ser retratada como nazi en algunos de los mismos países que está tratando de rescatar.”

Y esto es cierto. Tengo un amigo en España que repite constantemente que todo esto es una especie de plan de Alemania para dominar Europa, “que es lo que siempre han querido”, dice. Un argumento que saca de los mismos medios españoles, rápidos a la hora de culpar a otros por los problemas propios. Las cosas no vienen de la nada y hay responsabilidades compartidas, pero de ahí a que Merkel tenga una especie de plan para fundar un Cuarto Reich (como vi en una viñeta de un diario francés) hay un gran trecho.

Sigue The Economist:

“Pero para esta muy práctica mujer existe una práctica razón para empezar a delinear un plan de contingencia para un quiebre: éste se ve cada día más probable. Grecia está tambaleando. Gran parte de sur de Europa está sufriendo, mientras que los países acreedores del norte están menos condescendientes: en una encuesta reciente una pequeña mayoría de alemanes favoreció el regreso del marco alemán. Una desintegración caótica sería una calamidad. Incluso con Merkel peleando por una solución, sus asesores también están bosquejando un plan que los prepare para lo peor.”

Entonces, Angela. Hija de un sacerdote luterano nacida y criada en Alemania Oriental, donde se formó como científica y aprendió a hablar ruso con fluidez (dato curioso: como Vladimir Putin fue espía en Alemania, habla alemán perfecto, lo que permite que las reuniones a puertas cerradas entre ambos sean realmente a puertas cerradas, ya que no necesitan traductores), es para los alemanes ejemplo de disciplina, trabajo y superación personal. Eso me lo explicaba un poco burlándose en Hamburgo un colega de Die Spiegel hace un par de años. “Oh, Angela, tan esforzada”, decía mientras movía las manos junto a la cabeza. Él decía que los alemanes deberían trabajar menos y divertirse más, y que Merkel era, en ese sentido, un mal ejemplo. Claro, lo decía con comodidad en una de las dos ciudades más ricas de Alemania, una especie de sueño latinoamericano donde era un grave problema que el colectivo no pasara a las 14:37, como decía el cronograma, sino a las 14:38.

Entonces, Angela. Con esa idea de “humanizar” que tienen muchas veces los medios, como si las personas de las que hablan todos los días fueran extraterrestres, o si las actividades de las personas que retratan no fueran “humanas”, junto a la nota sobre el euro The Economist reescribió una publicación del Süddeutsche Zeitung, el diario más importante de Múnich y uno de los más influyentes de Europa. El diario reunió a varias personalidades de la política, la cultura, el deporte y más, y envió a la Canciller una larga lista de preguntas elaboradas por ellos.

Algunas respuestas la retratan a cabalidad:

“El orgullo precede a la destrucción, y un espíritu altanero a la caída” dijo –citando el libro de los Proverbios- al líder del Partido Pirata, Johannes Ponader, quien le había pedido algunos consejos por si se convertía en su sucesor.

La que titulaba es mi favorita. “No hago cenas”, respondió con sequedad ante la pregunta de Boris Becker sobre a quién la gustaría invitar a cenar, un poco dejando en claro que la austeridad parte por casa. Luego dijo que si tuviera que hacerlo, invitaría a Vicente del Bosque, el entrenador de la selección española de fútbol.

Si nos guiamos por la viñeta que ilustra esta nota, probablemente el mediterráneo Del Bosque se sienta más a gusto con el Presidente francés, Fracoise Hollande.

Pero eso queda para otra nota.

Buena semana,

Felipe.

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