La tentación de los dividendos crecientes para invertir en acciones

El reparto de dividendos ha sido uno de los tópicos que han ganado más terreno en los últimos años dentro de la mentalidad inversora. Sus bondades a la hora de generar una mejor ecuación de retorno y riesgo los transforman en un valor agregado en tiempos de alta incertidumbre económica.

En ese sentido, los manuales dicen que aquellas compañías que tienden a acrecentarlos frecuentemente son las que denotan un baluarte financiero, a partir del cual muestran su solidez y sus cualidades para generar flujos de caja crecientes con el paso del tiempo.

Otro punto a considerar es el compromiso de la gerencia de la empresa con esta política, ya que funciona como una manera de controlar riesgos. Si debe incrementarlos frecuentemente, se asume que existe un menor margen para inversiones y operaciones de alto riesgo, tales como grandes adquisiciones o excesivas tomas de deuda, ya que requiere de un manejo consciente de los fondos de la firma.

Tampoco podemos hablar del contexto de bajísimas tasas de interés que se ve actualmente en los mercados. Estados Unidos, la Eurozona o Japón, tres potencias mundiales, vienen estableciendo programas monetarios claramente expansivos para encausar a sus economías, bajando las tasas a mínimos históricos. Esto ha significado una merma en el atractivo de sus bonos para los inversores. Frente a este escenario muchos inversores han decidido salir del mercado de bonos para ir a la caza de mejores rentabilidades, por lo que se mudaron a acciones con dividendos. No obstante, es una opción en la que uno debe sortear la volatilidad que representan aunque, a los precios actuales, muchas de estas acciones ostentan retornos más que atractivos.

Sumado a esto, desde el punto de vista psicológico o emocional, invertir en empresas con un pago recurrente en efectivo que ayude a asegurar una determinada rentabilidad a pesar de las fluctuaciones es algo que relaja a cualquier inversor.

Yendo a cuestiones legales, los dividendos están más latentes y muestran una cierta transparencia a comparación de otras medidas como podrían ser las ganancias de la empresa. Es que, en el caso de los dividendos, hablamos de pagos en efectivo que están menos sujetos a interpretaciones regulatorias o maniobras contables, sino que están establecidos por políticas de la empresa.

Otro problema que emerge actualmente es la falta de confianza de los inversores en los titulares de las compañías y organismos regulatorios. No obstante, estos desembolsos de dinero son una herramienta para tratar de virar este panorama.

Las empresas que logran acrecentarlos paulatinamente con el paso del tiempo, más allá de las circunstancias económicas de cada momento, tienden a lograr un mayor prestigio. Además son excelentes candidatas para comprar por sus bajos precios en tiempos de debilidad transitoria, ya que las respalda su fortaleza fundamental de largo plazo.

Ya sea por el rendimiento de los dividendos o por lo que representan respecto a la confianza y la  estabilidad de un negocio, existe un abanico de razones para prestar atención a esta política a la hora de aventurarse en una empresa.

Fuente: Sala de Inversión

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