La imprevisibilidad no es sólo una costumbre criolla

Elecciones en Estados Unidos. Un evento que cada cuatro años sacude al sistema político no sólo de ese país, sino que también pone en vilo al resto del mundo. Esta semana será clave, ya que el Partido Republicano se encuentra en medio de su ceremonia de nominación de la fórmula presidencial, que arrancó ayer y termina este jueves, en la ciudad de Tampa, estado de Florida –ciudad que por estos días está bajo la amenaza del Huracán Isaac, lo que podría añadir un condimento extra a la convención.

Hace un par de semanas el candidato republicano, Mitt Romney, dio a conocer a su compañero de fórmula, el joven congresista Paul Ryan. De 43 años, Ryan entró a la carrera un poco como hace cuatro años lo hizo la entonces compañera del senador John McCain, la gobernadora de Alaska, Sarah Palin. La apuesta de los estrategas republicanos es pelearle a Obama con el carisma y la juventud del congresista, algo de lo que el robótico Romney carece bastante.

Y no sólo eso. El giro hacia el ala más conservadora va más allá de una cuestión de formas –muchos miembros del Tea Party comulgan con la teoría del Creacionismo para explicar la presencia del Hombre en la Tierra, o son contrarios al matrimonio entre parejas del mismo sexo, abogando por la llamada “Ley de Defensa del Matrimonio”- sino que también es una cuestión de fondo, ya que Ryan es presidente del Comité de Presupuestos de la Cámara de Representantes, con lo que Romney busca convertir la política fiscal y los recortes al gasto por parte del Gobierno en un eje central de la recta final de la campaña presidencial.

Un ejemplo de este giro está en el discurso de Romney al presentar a su compañero, acá en un extracto del diario El País de España:

“Con energía y visión de futuro, Paul Ryan se ha convertido en un líder intelectual del Partido Republicano. Entiende los desafíos fiscales a los que se enfrenta América: los déficits explosivos y la deuda aplastante, además de la catástrofe que nos aguarda si no cambiamos de rumbo”, dijo Romney al presentar al elegido en Norfolk, Virginia, frente al portaaviones USS Wisconsin.

Y lo cierto es que la pelea está mucho más cerrada de lo que se veía hace un par de meses. Si bien el tema de la estabilidad fiscal es importante para los republicanos, el americano de a pie lo que quiere es una economía estable, con trabajos y crecimiento. Ésa es su mayor preocupación, y en un contexto semi recesivo a Obama se le está haciendo difícil explicar por qué en cuatro años se ha avanzado tan poco.

Haciendo click acá se puede ver cómo ambos candidatos han acortado diferencias.

Sí, el Presidente estadounidense entró a la Casa Blanca en medio de la peor crisis financiera de la historia del país en 80 años, pero Jim Wilson, de Portland, o Sophie García no saben de eso. Jim y Sophie quieren un trabajo estable.

(Como en casi cualquier parte, por lo demás.)

Bueno, es en ese contexto que esta semana se reúnen los republicanos en Tampa, blandiendo una enorme tijera con la que prometen recortar el gasto del Gobierno y bajar el déficit fiscal.

Hasta ahí el mercado, como suele hacerlo, se supone que bendeciría al candidato republicano. Al Señor Mercado no le gustan los impuestos y si las cuentas se pueden arreglar sin que el Tío Sam le meta la mano en el bolsillo, mejor que mejor, piensa.

En la edición de septiembre de la revista InversorGlobal llevaremos una nota sobre la forma en que el mercado se comporta en los meses previos a las elecciones y cómo esto podría predecir el resultado electoral. Y al revés, la forma en que el probable resultado electoral podría ir definiendo el comportamiento del mercado…

Un tema que los inversores globales deben seguir de cerca.

Pero de eso ya sabrán.

Dime qué haces y te diré quién eres

Atención, que ahora es cuando introducimos la trampa. Porque si bien la jugada de Romney de cara a sus partidarios más radicales es ideal, para otros es la gota que podría rebalsar el vaso de los cambios de postura del ex gobernador de Massachusetts.

Romney hizo carrera en ese estado liberal de la costa este de Estados Unidos como un republicano moderado que compartía muchas cosas con el Partido Demócrata. Siendo gobernador hizo una reforma de salud muy parecida al Medicare de Obama que hoy critica, y mantenía posturas liberales en una serie de temas que incomodaba a los republicanos.

Pero a la hora de pelear entre los suyos, se ha tenido que mover cada vez más hacia sitios nunca antes visitados en su carrera política.

The Economist fue enfático el viernes pasado:

“Cuando Mitt Romney era gobernador de la liberal Massachusetts, apoyaba el aborto, el control de armas, combatir el cambio climático y el hecho de que todos deberían tener un seguro de salud, apoyando con generosos subsidios a aquellos que no pudieran pagarlo. Ahora, mientras se prepara para volar a Tampa para aceptar la nominación del Partido Republicano para Presidente este 30 de agosto, se opone a todas esas cosas. Hace un año estaba de acuerdo con mantener los impuestos al ingreso en sus niveles actuales, ahora quiere recortarlos para todos, con la tasa cayendo de 35% a 28% para los estadounidenses más ricos.

“Todos los políticos cambian de tiempo en tiempo, pero Romney podría ganar una medalla olímpica por ello. Y es una lástima, porque esta revista encuentra muchas cosas positivas en la historia de este poco carismático pero obstinado hombre, desde sus obvios logros como hombre de negocios a la manera en que trabajó a través su aislamiento político como gobernador para pasar su reforma sanitaria y bajar el déficit fiscal.”

Es interesante que el influyente The Economist no se concentre en los temas que propone, si no en el cambio transitado por el republicano. Si cambió tanto en tan poco tiempo, ¿qué le impide cambiar así de rápido mañana?, parece decir.

Entonces, los problemas acá con la credibilidad y la previsibilidad.

¿Qué se saca con votar por un político que promete tal o cual cosa cuando no estamos seguros de que siquiera trabajará en la dirección que dice seguir para obtenerlas?

“En todos lados se cuecen habas”, decía mi abuela.

Buena semana,

Felipe.

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