El populismo y la destrucción de una industria emblemática

Federico Tessore

Reportando desde Buenos Aires, Argentina.

A todas las personas, sin excepción, les gusta vivir bien. Pero, por supuesto, esto implica diferentes cosas para cada uno de nosotros. Algunos disfrutan de tomar su vino o bebida favorita. Otros son amantes del deporte y quieren vivir siempre cerca de la naturaleza. Y así, existen infinitas maneras de “vivir bien” dependiendo de cada uno.

Los Gobiernos que buscan ganar elecciones saben muy bien esto. Por ello, es usual el caso de gobernantes que intentan facilitarle esta “buena vida” a la mayor cantidad de habitantes posibles. Y eso está muy bien. El problema surge cuando esta “buena vida” implica hipotecar nuestro futuro. 

Le voy a dar un ejemplo, antes de mostrarle un caso asombroso que está pasando justo en este preciso momento.

Supongamos que una familia es fanática de los autos y que los hijos mellizos, imaginemos, aman puntualmente los deportivos último modelo por lo que siempre soñaron con tener uno. El mes que viene los mellizos  “fierreros”  cumplen 18 años y están esperando ansiosos el regalo que el padre y la madre les van a dar…

Las expectativas son altas, por lo tanto, los padres toman una decisión importante: deciden hipotecar su casa para comprar dos autos último modelo y satisfacer los deseos de sus hijos.

Al principio todo es alegría. Imagine la cara de los hijos cuando ven llegar dos autos impresionantes, con un moño en el techo y con sus nombres en los costados…

Y esta alegría se mantiene por varias semanas, quizás meses. Pero, a medida que pasa el tiempo, el tema se empieza a complicar. 

Omití decirle que los padres decidieron hipotecar su casa para comprar los autos porque el padre estaba sin trabajo y la madre tenía un negocio, pero éste sólo permitía mantener el estilo de vida de la familia sin grandes gastos adicionales.

El primer problema que tuvo que enfrentar esta familia vino cuando llegó la primera cuota de la hipoteca. Los padres empezaron a hacer malabares para gastar menos y poder pagarla todos los meses. Ellos pensaban que el tema iba a mejorar más adelante y que el padre de familia seguramente encontraría trabajo y así todo cambiaría.

Pero él nunca encontró empleo y los gastos de mantenimiento de los autos no dejaban de crecer. Esto provocó que las cuotas de la hipoteca no se pudieran solventar más. Por ello, el matrimonio optó por no pagar estas cuotas y seguir manteniendo los autos lo mejor posible. Ellos querían conservar la alegría de sus hijos viva…

La situación, luego de un par de años, llegó al límite: el banco remataría la casa si los padres no pagaban la próxima cuota. Pero el matrimonio no querían sentarse con sus hijos y contarles la verdad, es decir: que no podían mantener más los autos. Temían por el enojo y la desolación de ellos.

Cada uno de los lectores puede armar su propio final del relato. Aunque seguramente cualquiera que imagine, no tendrá un final feliz.

Las políticas populistas tienen la misma dinámica que la historia que le acabo de contar. El problema es que en el caso de una familia podemos detectar este tipo de conductas muy fácilmente. Y en general, las condenamos, las evitamos. 

Pero en el caso de los países es mucho más difícil identificar este tipo de conductas. Generalmente éstas están escondidas en discursos grandilocuentes y en grandes objetivos o batallas. Y esto hace mucho más complicado su descubrimiento.

Aunque el siguiente caso, relatado por el diario El Cronista en el día de ayer –tituladoCarne: en siete años las exportaciones cayeron 75% y cerraron 121 frigoríficos”-  es un poco más claro y simple de entender:

“La Argentina exportará este año sólo un cuarto del volumen de carne vacuna que envió en 2005, el último año en el que esas operaciones estuvieron liberadas antes de que el gobierno nacional impusiera, primero, un cierre total y luego, una cupificación de esos envíos al exterior.

“Según un informe elaborado por el ex vicepresidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Néstor Roulet, las exportaciones proyectadas para 2012 arrojan un total de 189.000 toneladas (res con hueso) contra las 775.000 toneladas comercializadas hace siete años. 

“Según Roulet, por este control en las ventas la Argentina ‘no sólo exportó menos, sino que desaprovechó el enorme aumento que tuvo la tonelada de este alimento’.

“En 2005, el valor promedio de la tonelada de carne vacuna exportada desde la Argentina rondaba los u$s 1.790, mientras en la actualidad ese valor es tres veces mayor, ubicándose en u$s 5.260 por tonelada.

“Si se hubiese mantenido el volumen de exportaciones de 2005 en los años siguientes, los ingresos totales entre 2005 y 2012 hubiesen alcanzado los u$s 22.517 millones. El cálculo resulta de multiplicar 775.000 toneladas por los precios promedio de cada año.

“Pero por la baja de los volúmenes de venta, los ingresos del período, según Roulet, alcanzaron los u$s 11.575 millones. Es decir que, la pérdida de ingresos de divisas por intervención de los mercados cárnicos por parte del gobierno nacional a partir del 2005 fue de alrededor de u$s 11.000 millones, concluye el informe.”
¿Cuál fue la justificación del cierre y posterior control del mercado de la carne, siete años atrás?

La lógica fue muy similar a la del ejemplo de la familia “fierrera” que le conté unas líneas antes. Los argentinos son amantes de la carne, por lo tanto, el Gobierno les iba a asegurar a los habitantes del país el acceso a la carne barata.

Para lograr esto, el Gobierno tenía que combatir a los “codiciosos” comerciantes del rubro. Estos empresarios “inescrupulosos” estaban vendiendo la carne al exterior porque la demanda de países como China o Estados Unidos crecía cada vez más. Por lo tanto, era cada vez más rentable el negocio de venderla fuera del país. Esto, por supuesto, provocaba que los precios de la carne en Argentina subieran y que los mejores cortes de la vaca fueran caros. 

Mirando aquella realidad, el Gobierno pensó que esto podía “frustrar” a los argentinos. Por lo tanto, decidió directamente prohibir la posibilidad de exportar carne. 

A las autoridades no les importó si este negocio generaba ingresos millonarios para la Argentina. Eso no era importante: sólo era trascendental asegurar la “buena vida” para los argentinos. Y a un costo bajo…

Populismo a la máxima expresión: la búsqueda de la satisfacción inmediata sin importar el mediano y largo plazo. 

Ahora, pongamos en perspectiva esta medida del Gobierno y pensemos lo siguiente.

Darse el lujo de no exportar nuestro producto más conocido y prestigioso en el exterior es una conducta propia de un país al cual le sobra todo y que no necesita generar mayores ingresos. 

Volviendo al ejemplo de la familia “fierrera” que le contaba al principio sería algo equivalente a  que el padre desempleado hubiese rechazado un trabajo diciendo que él quería estar más tiempo con los autos deportivos de sus hijos…

¿A usted le parece que Argentina es un país que puede, sin ningún problema, darse tal lujo?

¿Es Argentina un país sin pobres? ¿Sin problemas de educación? ¿Sin problemas financieros ni económicos?  ¿Sin problemas de salud, en donde sobran los ingresos y hay superávit fiscal? ¿Un país en donde no hay deudas y hay una moneda fuerte y estable?

Desde mi punto de vista la respuesta a todas estas preguntas es un no rotundo. Por lo tanto, en ese contexto, ¿los argentinos no deberíamos hacer un pequeño sacrificio en el corto plazo para intentar resolver todos esos problemas?

¿Qué contestaría usted si el Gobernante de turno le explica este problema de la carne claramente?

Es decir, le dice que el mundo le está dando una oportunidad enorme a la Argentina, ya que éste demanda un producto que nosotros, como uno de los mejores proveedores mundiales, podemos satisfacer. Y que por lo tanto si nos ponemos a trabajar fuertemente para satisfacer toda esta demanda podemos generar ingresos extraordinarios para el país, que ayudarían a resolver muchos de los problemas que tenemos hoy los argentinos. 

En ese contexto, ¿usted no estaría dispuesto a hacer un sacrificio y pasar de hacer un asado por semana a hacer dos por mes o, inclusive, uno sólo?

Yo no tendría ningún problema. E imagino que la mayoría de los argentinos tampoco. Porque, de hecho, la mayoría de nosotros hacemos sacrificios de este tipo constantemente en nuestras familias. ¿Hay alguna manera de construir un futuro financiero sustentable para nuestro hogar sin hacer estos esfuerzos? 

¿Hay alguna manera de proyectar un futuro prospero y sustentable para un país si uno no está dispuesto a hacer sacrificios y vender los mejores productos y servicios que tiene al exterior?

Pero esto no es lo más grave. Porque lo paradójico de este tipo de políticas populistas es que generalmente producen los efectos contrarios a los que los gobernantes buscaban.

Por ejemplo, a pesar de esta política de control en el mercado de la carne, el consumo de ésta bajó un 20% en los últimos 7 años. Cuando comenzaron los controles los argentinos consumíamos un promedio de 68 kilos por habitantes al año. Hoy, este número bajó a un promedio de 57 kilos.

¿Por qué paso esto?

Simple: los precios de la carne subieron más de un 150% en el período. Y no por los efectos de la exportación, que en todo caso hubieran implicado fuertes ingresos para nuestro país. Sino que subieron porque los empresarios del rubro de la carne dejaron de apostar a este negocio. Por lo tanto, ellos dejaron de invertir y a partir de esto la oferta de carne bajó bruscamente.

Según marca el informe publicado por El Cronista, en estos 7 años cerraron 121 frigoríficos, hay 12,5 millones de cabezas de ganado menos y se produjo una caída del 30% de la faena. Todo esto, por supuesto, generó menor oferta de carne. Por lo tanto, también una suba de precios y un menor consumo de los argentinos. 

Estamos hablando de los mismos argentinos que el Gobierno quería “cuidar” o “mimar” con esta medida proteccionista. 

Como mencionamos al principio de la nota, en la mayoría de los casos estas políticas populistas generan los efectos contrarios. Y en el caso de la industria de la carne tenemos los números concretos para poder comprobarlo.

¿Por qué me parece que este gran problema actual implica una enorme oportunidad de inversión futura?

Porque Argentina sigue teniendo y siempre tendrá una “marca” muy potente en el negocio de la carne. Todos los extranjeros que vienen a la Argentina lo primero que quieren hacer es comer carne. Y este producto en el exterior tiene precios astronómicos.

Por lo tanto, si en algún momento llega a Argentina un Gobierno que se dé cuenta de esta situación y toma la simple medida de liberar nuevamente este mercado, el crecimiento puede ser explosivo. 

Imagino empresarios creativos comprando campos en todo el país. Trayendo las últimas innovaciones para producir cada vez mas carne de la mejor calidad. Lanzando empresas a la Bolsa, donde inversores como nosotros podamos contribuir con nuestros ahorros a este crecimiento y recibir una buena rentabilidad a cambio. Generando miles de nuevos empleos. Millones de pesos en nuevos impuestos. Millones de dólares que vienen a la Argentina con motivo de las nuevas ventas y de inversores de todo el mundo que quieren participar del promisorio negocio de la carne en Argentina.

Sueños, sólo sueños por el momento…

Aunque no tengo dudas de que tarde o temprano, éstos se podrán convertir en realidad. En la medida en que cada vez más argentinos conozcamos cuál es la lógica detrás del crecimiento sustentable de las naciones, el cambio estará más cerca. 

Mientras, hay que seguir invirtiendo, creciendo y avanzando. Un mal contexto, uno adverso, no puede ser la excusa para que no seamos los dueños y responsables de nuestras finanzas personales. 

Le deseo una excelente semana de inversiones,

Federico Tessore.
Para Inversor Global

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