¿Cuánto nos dicen los dividendos sobre la salud de una acción?

En épocas turbulentas como la actual, los asesores financieros tienden a recomendar carteras de tipo defensiva, donde la renta fija predomine por sobre la variable. En ese sentido, entre el menú de opciones aparecen los bonos –corporativos y soberanos-, obligaciones negociables, acciones preferidas y dividendos. Este último punto es quizás uno de los más buscados por los inversores, ya que poseer acciones de una empresa que reparte ganancias entre sus socios no es cosa menor, sumado al rendimiento que pueda llegar a tener la acción en la oscilación de su precio.

Las decisiones de las compañías de repartir dividendos no son unívocas, por lo que se han desarrollado una multiplicidad de teorías que explican como una gerencia determina esta cuestión. Las variables que determinarán este punto constarán incluyen el grado de estabilidad en las ganancias, las políticas de dividendos de la competencia, repartos pasados, entre otros. Respecto a sus formas de pago, este puede ser saldado en efectivo, en acciones o en bonos, aunque por lo general se tiende a desembolsar en cash.

Entendiendo la lógica de los dividendos

Las decisiones respecto al pago de dividendos se toman seriamente, de esto no cabe duda, ya que a fin de cuentas a nadie le gusta regalar dinero porque sí. Ver cuánto dinero paga una compañía en dividendos nos dirá, entre otras cosas, en qué estado financiero está la compañía y cuáles son las perspectivas del directorio de cara al futuro. En pocas palabras, la repartición de utilidades entre accionistas va más allá del dinero en sí, sino que también tienen una carga informativa que hay que saber percibir.

Un punto a tener en cuenta es que 72 horas antes del pago de dividendos, surge lo que se denomina “fecha de ex dividendo”. Es decir, si un inversor compra esa acción durante esos tres días no gozara del derecho de recibir utilidades. Para los que ya tienen la acción antes de esas 72 horas, verán una baja proporcional al dividendo en el precio del papel. Un ejemplo es: si usted es accionista de la empresa A que cotiza a 3,72 dólares, que a su vez paga un dividendo de 0,10 dólares por acción, tres días antes el papel pasará a valer 3,62 dólares, es decir, se ve una baja equivalente al tamaño del dividendo.

Un fundamental estudio hecho en 1985 por Merton Miller y Kevind Rock fue la base para asentar que los anuncios de las empresas respecto a los dividendos dicen mucho sobre el futuro de una compañía. Principalmente se aprecian las condiciones actuales de una determinada firma y además cómo los directivos creen que su empresa se desenvolverá en el tiempo. Otros estudios han mostrado que mostró que luego de un anuncio de pago de dividendos las acciones tienden a operar con bajas y alzas en forma de tándem al mismo anuncio.

Otro punto a tener en cuenta es que el sector de la empresa también es una arista clave a la hora de leer el mensaje de los dividendos. Por ejemplo, un banco, si bien repartirá dividendos onerosos, tiene restricciones por el banco central del país donde opera en cuanto al colchón que debe tener en efectivo para cubrir eventuales corridas bancarias. Por su parte, una empresa de consumo masivo, que genera toneladas de efectivo, seguramente pagará muchísimo dividendo, con mucho menos monitoreo.

De todos modos, en el régimen de pago de dividendos a veces se presenta un escenario que es un tanto paradójico. Esto es porque los inversores tienden a sacar varias conjeturas respecto a un anuncio sobre desembolso de utilidades para accionistas: si la empresa lo aumenta, puede ser una buena señal porque significa que la empresa está generando caja pero a la vez es una alerta porque ese dinero podría estar siendo mejor destinado a inversiones para hacer crecer la compañía. Por otro lado, si la empresa en cuestión baja su régimen de dividendos, los inversores también entran en un dilema, porque no saben si es porque la compañía no anda bien o porque tiene pensado derivar ese dinero a futuras inversiones que mejoren su negocio de cara al futuro.

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