Llamemos las cosas por su nombre

El panorama es cada día un poco más sombrío. No sólo a nivel global, donde muchos países se encuentran atrapados en la dinámica de deuda pública elevada, altos costos de financiamiento y estancamiento económico, sino también a nivel local.

La economía argentina ha ingresado en un tobogán más empinado de lo inicialmente planeado. Antes de las elecciones presidenciales, la actividad se expandía a un ritmo de 9% anual, mientras que tan sólo 8 meses después la tasa de crecimiento es menos de la mitad, con perspectivas de seguir cayendo.

Se trata de un escenario difícil de explicar, al menos desde lo político ya que la presidenta ganó las elecciones con el 54% de los votos, lo que presumía que ese respaldo político implicaba confianza y estabilidad. No fue así.

¿Se puede culpar al mundo? Parcialmente. Cuando las elecciones presidenciales tuvieron lugar, la Unión Europea ya se estaba debatiendo su supervivencia, el efecto negativo “Grecia” estaba plenamente instalado, la economía china mostraba signos de cansancio y hasta la economía brasileña había dado señales de desaceleración significativa.

Es decir, todos los problemas existentes en la actualidad, ya los teníamos a fines del año pasado. Es cierto que en los últimos meses se acentuaron, pero también es verdad que la soja está en US$ 600 la tonelada, suavizando el efecto negativo.

Entonces, lo que nos queda pensar es que algo mal se está haciendo en el ámbito interno como para justificar la gran erosión de la credibilidad y, con ello, el consecuente impacto negativo sobre la economía.

A mi entender, se han cometido muchos errores estratégicos en el manejo de la política económica últimamente, siendo el cepo cambiario el que más impacto negativo ha tenido sobre las expectativas de los agentes económicos.

Lo que comenzó en la última semana de octubre de 2011 como una restricción superficial se convirtió en una peligrosa bola de nieve difícil de frenar y que ha tenido su estocada final el jueves último con la publicación de la Circular A 5318 del Banco Central de la República Argentina donde se oficializa y formaliza lo que venía ocurriendo en la práctica que es el hecho de que “no se podrán comprar más dólares para el atesoramiento o ahorro personal”.

Aludiendo a la crisis financiera mundial, el Gobierno volvió a cercenar la libertad del individuo argentino de disponer y hacer libremente lo que le parezca con los ingresos que gana dignamente a través de su actividad laboral.

No nos podemos sorprender ya que este Gobierno ha demostrado que es capaz de tomar las medidas más impredecibles, sin hacer un análisis significativo de cuáles son los costos a los que Argentina se expone cuando se toman ciertas determinaciones.

No desconozco el hecho de que cualquier medida económica que se ejecute siempre tendrá “beneficios” y “costos”, pero la lógica indica que cuando los últimos son mayores a los primeros, entonces no se debería avanzar con la acción en cuestión.

Rebautizando algunas instituciones

El Mercado Único y Libre de Cambios (MULC) es (o era) la denominación del mercado cambiario en la Argentina y sobre la base en la cual el BCRA registra los ingresos y egresos de moneda extranjera en el país.

Es decir, si usted compraba un dólar o lo vendía en el mercado formal de cambios, su operación aparece registrada en este mercado. Lo mismo cuando un empresario exportaba o importaba un bien o servicio.

Sin embargo, a raíz de los últimos acontecimientos, el MULC ha perdido su razón de ser. Pasemos a analizar detalladamente cada uno de sus conceptos:

MERCADO

Según Wikipedia: “un mercado es cualquier conjunto de transacciones o acuerdos de negocios entre compradores y vendedores. En contraposición con una simple venta, el mercado implica el comercio formal y regulado, donde existe cierta competencia entre los participantes”.

Claramente el mercado cambiario argentino ya no es un mercado. Para que éste exista deben convivir muchos compradores y vendedores. En el caso del mercado de cambios, existen en la actualidad muchos compradores (y vamos a tener cada vez más) mientras que los vendedores (llámese bancos y casas de cambios) ya no están a partir de que la actual regulación impide vender su mercadería libremente (en este caso, monedas extranjeras).

Entonces, hay muchos compradores, pero no hay vendedores. Conclusión: NO hay mercado.

ÚNICO

Según la  Real Academia Española, el significado de único es “sólo y sin otro de su especie“.

El MULC no sólo que dejó de ser un mercado, sino que tampoco es único. Las últimas medidas oficiales han potenciado el surgimiento de mercados informales para el intercambio de divisas, llámese el dólar blue, el informal, el dólar celeste o el dólar de contado con liquidación, entre otros.

LIBRE

La definición de libre dice que “Libre es aquel que toma sus propias decisiones con libertad al obrar, o aquello que da opciones o quita restricciones a quien lo usa“.

¿Hace falta alguna aclaración al respecto? Creo que todo lo descripto anteriormente nos da una acabada cuenta de la pérdida de libertad de los ciudadanos argentinos en materia de manejar su dinero e invertirlo según le parezca pertinente siempre y cuando no esté traspasando los límites de la ley.

Como vemos, muchas instituciones están mutando y sus nombres han perdido la razón de ser o pecan de falta de coherencia cuando se los contrasta con la realidad vigente.

¿A quién le tocará en las próximas semanas? No lo sabemos, pero lo que sería interesante es que los encargados de tomar futuras decisiones de política económica tengan en consideración la siguiente frase de un autor anónimo:

 “Si no está roto, no intentes arreglarlo”

Buen fin de semana.

Diego.

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