Italia sufre y no sólo por la Euro

Este año la Eurocopa tuvo un sabor especial. Tal como para muchos el partido entre Argentina e Inglaterra en México 86 fue una forma de lavar la derrota en Malvinas, en una Europa sumida en una de sus peores crisis económicas, cada encuentro tenía un sabor especial. Lo comentamos cuando Alemania enfrentó a Grecia en cuartos de final, un enfrentamiento que los griegos veían como la oportunidad de desquitarse con los teutones, que desde Berlín gritan “ajuste” de forma casi diaria. Al final les fue mal y salieron derrotados 4 a 2.

En realidad, todos querían ganarle a Alemania y borrar la sonrisa de una Angela Merkel que cada tanto se dejaba caer en Polonia o Ucrania para ver a su selección. Y era interesante ver que en semifinales, además de Alemania, los otros tres equipos eran “PIIGS”.

Italia lo consiguió, y dejó fuera al equipo del Rin, quienes no se supieron reponer a un marcador de 2 a 0 al promediar el primer tiempo.

“Habrá mucha planificación, mucho trabajó, pero ahí faltó corazón”, dijeron muchos.

Fue un festejo para Italia, uno de los países con más problemas dentro de Europa. Tal vez, el último bastión del euro. Porque Italia es otra “bomba de tiempo”, como analiza con dureza un reporte de Capital Economics. Aunque a primera vista el país parezca encontrarse en mejor estado que muchos otros países de la región, en el sentido que, por ejemplo, sus bancos parecen mucho mejor capitalizados que otras grandes instituciones financieras del Viejo Continente, de todos modos los problemas de deuda del país, y por extensión, la estabilidad financiera de Europa, sigue en entredicho.

Según se lee en la edición de The Economist del pasado viernes, ninguno de los líderes europeos tenía tanto para perder, a partir de los resultados de la última cumbre europea, como Mario Monti: “Incluso en el caso de que todo terminara en un fiasco, ni la Canciller alemana o el Presidente del Gobierno español enfrentaban la posibilidad de perder sus trabajos. Monti, sí”, dice la revista inglesa.

En noviembre pasado, el entonces Primerio Ministro Silvio Berlusconi dejó el cargo debido a la presión de los organismos de crédito, el Banco Central Europeo y los líderes más duros de la Eurozona, encabezados por Angela Merkel. El consenso de los mercados –por cierto, no de los italianos, que jamás lo votaron- fue llamar a Mario Monti. Ex comisario de Competencia de la Unión Europa (una suerte de ministro de Economía y Comercio), su trabajo era ciertamente ingrato: llegar con un machete a recortar el presupuesto, afilar el lápiz para subir los impuestos y reformar el sistema de pensiones.

Y los cambios parecen haberle funcionado. Se espera que el déficit presupuestario de este año en Italia llegue a “sólo” 2,4% de su PBI, siendo uno de los pocos países que respeta las directrices del Tratado de Maastricht de 1992, de mantener un déficit fiscal no superior al 3% de su producción.

Por ejemplo, este año el Reino Unido llevará su déficit al 8% de su propio PBI. El problema es que, por mucho que el nivel de gastos baje respecto de su producción, la deuda total sigue por encima del 120% del producto total, por lo que los problemas en el largo plazo continúan, sobre todo con los bonos italianos rindiendo por casi un 5% más que sus pares alemanes.

“No podemos dejar que los mercados abran el lunes sin entregar algo sustancial”, fue la dura frase con la que Mario Monti abrió los fuegos el pasado jueves en Bruselas, tal vez envalentonado con el triunfo deportivo contra Alemania. Y aunque parecía una imposición, al mismo tiempo era una especie de súplica. Y ésta fue escuchada. Como nos cuenta Diego Martínez Burzaco en su blog del viernes pasado, Angela Merkel pareció despertar de su siesta:

“(…) el alivio llegó este viernes temprano, cuando se anunció un acuerdo en la UE no sólo para impulsar políticas de crecimiento de largo plazo, sino también para tomar medidas inmediatas relacionadas con la capitalización de los bancos españoles y la intervención del banco Central Europeo en el mercado de bonos para reducir los costos de endeudamiento de Italia y España.

“De todas formas el arribo hacia un entendimiento no fue fácil ya que nuevamente Alemania postulaba la no intervención del Banco Central Europeo queriendo focalizarse simplemente en las políticas de largo plazo.

“La contundente negativa de Mario Monti, Hollande y Rajoy ha avanzar en este tipo de anuncios sin una solución contundente a los problemas urgentes terminaron por ‘doblar’ el brazo alemán y dar vía libre a un espaldarazo a las medidas que estaba esperando el mercado.”

Y los mercados festejaron. El viernes el S&P 500 subió 2,49%, el DAX alemán trepó 4,33% y el IBEX de Madrid dio un salto de 5,66%.

El problema es que, plantean los medios especializados, si Europa se ve en la necesidad extrema de rescatar a España, no quedarían fondos para hacer lo mismo con Italia. Y aunque por ahora las esperanzas han vuelto a aparecer, ya sabemos que a los mercados no les tiembla el pulso a la hora de cobrar sus deudas.

Forza Italia.

Saludos.

Felipe.

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