El costo de no hacer nada

Federico Tessore

Reportando desde Vancouver, Canadá.

Los lectores de InversorGlobal están en todo el mundo. A los pocos minutos de entrar al imponente salón donde se realizaba la conferencia, en el tradicional Fairmont Hotel de Vancouver, escucho que alguien me grita. 

“Federicou, Federicou…”

No, no escribí mal mi nombre. Es que la persona en cuestión era estadounidense y era así como pronunciaba mi nombre…

Ed vive en North Dakota, Estados Unidos y había viajado a Vancouver para la conferencia. Pero además, y más importante, es suscriptor de IG desde hace dos años. Fanático de América Latina, le recomendaron IG cuando estaba estudiando español en Perú. Y de esa forma, lee todo nuestro material como una manera de mejorar su español y, además, saber qué está pasando en el mundo de las inversiones en América Latina para poder detectar alguna alternativa de inversión.

Sin poder salir de mi estado de asombro al encontrarme con un fiel lector de IG en Vancouver, fue un gusto hablar con Ed, en la conferencia, sobre los temas que nos interesan a los dos.

Pero este no fue el único encuentro que tuve. Ya que en la misma mañana del martes, día que llegué a Vancouver, un inversor argentino me contactó porque supo que estaba allí, gracias al newsletter del martes pasado. En el mail me decía que estaba en la misma conferencia y que le gustaría que nos encontráramos.

La magia de Internet y la globalización nuevamente pidiendo permiso…

Marcos vive en Buenos Aires y vino a la conferencia con su hijo a buscar inversores que quieran invertir en propiedades inmobiliarias y negocios en Argentina.

“¿Justo en este momento?”, le pregunté.

“Sí, ¿por qué  no?, si bien los estadounidenses conocen nuestros problemas muy bien, Argentina sigue enamorando a los extranjeros, nuestros atractivos siguen siendo los mismos, a pesar de los políticos, y la gente invierte”, me replicó.

Es realmente fantástico lo que está haciendo Marcos en esta conferencia, que reúne a más de 800 inversores de Estados Unidos y Canadá. Tiene un stand donde muestra sus proyectos, que van desde viñedos en Mendoza a forestación en Corrientes, hasta un hotel boutique en Buenos Aires o departamentos en Montevideo. Y además, él genera reuniones con los potenciales inversores en degustaciones de vinos y almuerzos.

En el stand, Marcos y su hijo venden sus proyectos y responden una de las preguntas más generalizadas que les hacen los inversores de Estados Unidos: “¿Qué pasa en Argentina con los controles que están implementando, van camino a ser Venezuela?”.

A lo que Marcos responde muy inteligentemente, “Ustedes tienen a Obama, nosotros a Cristina, no hay mucha diferencia realmente…, a pesar de los problemas, la vida y los negocios continúan”.

Algunos le creen… otros no, pero después de estas charlas, de las degustaciones de vinos y de los almuerzos con los inversores, varios terminan invirtiendo y justificando el viaje que desde hace cinco años Marcos hace con su hijo a Vancouver.

Aunque en realidad, me explicaba Marcos, “convencer a los inversores que inviertan no es fácil, pero una vez que se convencen, es mucho más difícil lo que se viene”.

¿Por qué?

“Verá”, me explicaba Marcos, “si transfiero el dinero de Estados Unidos a Argentina directamente, de banco a banco, me dan la plata en pesos, tomada a AR$ 4,50 por dólar. Para evitar esto tengo que comprar bonos argentinos en Nueva York y venderlos en Buenos Aires. Pero ese proceso, que es perfectamente legal, lo tengo que hacer despacio y después de firmar muchísimos papeles y hacer un montón de trámites.”

“Impresionante”, y le pregunto, “¿y finalmente cómo te haces del dinero y en qué moneda?”.

“En pesos, pero a un tipo de cambio un poco superior a AR$ 6, después de pagar todos los gastos de Sociedades de Bolsa, Bancos y abogados…”. 

Es admirable el esfuerzo que hace Marcos para poder llevar inversores a la Argentina. Más teniendo en cuenta que esta misma operación que en el país lleva 30 días y muchísimo esfuerzo, en Uruguay, por ejemplo, lleva sólo 24 horas. Desde una plataforma de Home Banking de un banco internacional se hace la transferencia y listo.

Pero Marcos y su hijo son apasionados por sus proyectos y hacen todo este trabajo con mucho gusto. 

Lo que siempre me pregunto cuando veo estas situaciones es, “¿qué sería de la Argentina si el Estado no pusiera trabas y controles para que los emprendedores argentinos hagan negocios libremente con todo el mundo?”.

Ya no pido ni siquiera ayuda del Estado…, sólo me conformo con la no intervención.

¿Sabe cuántos emprendedores de América Latina había en la conferencia? Sólo dos y ambos argentinos. Marcos, el inversor que le mencioné, y quien les escribe esta columna todas las semanas. Y le aseguro que esto es una constante en todos los eventos que fui durante los últimos siete años.

Las ganas de emprender, de hacer negocios, de progresar, de relacionarse con el mundo que tienen los emprendedores argentinos, la tienen muy pocos países del mundo. Que el Estado argentino tenga la habilidad de “matar” estas ganas de conquistar el mundo, que nos sale naturalmente, es realmente asombroso…

¿Por qué digo “matar”? Bueno, si nos acompaña todas las semanas con nuestras columnas entenderá a que me refiero: controles, trabas, impuestos, prohibiciones, autorizaciones y muchos obstáculos más son los que tiene que vencer un emprendedor para hacer negocios con el mundo.

Aquellos a los que no se le colma la paciencia lo hacen. Y muchos otros se van a hacer negocios a otros lados…

Pero bueno, la idea no era hablar de la Argentina en este newsletter, sino de Vancouver y lo que pasa en el mundo.

Antes de entrar a los temas “serios” déjeme decirle que Vancouver es una ciudad asombrosa. En esta época del año el tiempo es muy agradable, sol y temperaturas en el orden de los 22 grados. Turistas de todo el mundo visitan la ciudad.

Especialmente de Asia. Me explicaban que muchos ciudadanos de Hong Kong y China compran propiedades en Vancouver como una forma de proteger su patrimonio de las “garras” del Gobierno chino y también, porque les gusta como un destino para pasar sus vacaciones. Sería una especie de Punta del Este para los argentinos.

Aunque Vancouver tiene actividad todo el año y una actividad comercial intensa y diversificada, por supuesto que está todo excesivamente ordenado, moderno y limpio. Para que se dé una idea de la realidad de Vancouver, el jueves pasado alrededor de las 8 de la noche estaba corriendo por el “Stanley Park”, un parque fantástico que mezcla montañas y una inmensa bahía que lo bordea, y a pesar de la hora, todavía era de día.

De repente me topé con una gran aglomeración de gente. “¡Un piquete!”, pensé. “No puede ser que en Vancouver existan piquetes…”.  Aunque cuando me acerqué un poco más me di cuenta que en realidad se trataba de una protesta de “dueños de perros” que estaban en el parque. Cada uno junto a su canino, gritaba cosas que en el momento no entendí muy bien. Los canales de televisión filmaban la protesta y entrevistaban a los “indignados” dueños de las mascotas.

Cuando llegué al hotel, prendí el canal de noticias y justo vi al presentador contar el problema que había provocado que los vecinos se juntasen en el “Stanley Park” a protestar con sus perros. 

Aparentemente había aparecido un can muerto, apuñalado, en el parque. Y nadie sabía cómo había pasado eso. Por eso, los dueños de las mascotas pedían mayor seguridad y castigo al culpable. La policía canadiense había actuado rápido y había arrestado al dueño del perro inmediatamente. Los medios mostraban la casa del dueño del animal muerto por televisión…

El noticiero finalizó la cobertura entrevistando a un policía canadiense que decía que estaban investigando en profundidad lo que había pasado y que esperaban tener novedades pronto…

Pero eso no fue todo en las noticias del día de Vancouver. La próxima implicó a una señora en silla de ruedas y a un joven de unos 20 años. Las cámaras de seguridad del moderno subte, que conecta a Vancouver con su aeropuerto, habían detectado el momento en que el joven le había robado el iPad de la señora en silla de ruedas.

El centro de monitoreo de la policía lo había visto y a los pocos minutos este joven y arriesgado ladrón estaba preso. La televisión mostraba las imágenes del robo una y otra vez y se indignaba con la insensibilidad del joven ladrón de robar algo a una persona discapacitada.

Luego de estas noticias “policiales”, el programa de televisión pasó a la cobertura de los Juegos Olímpicos, que por esos lugares generan pasión. 

Le prometo que no exageré ni una sola coma de los “policiales” canadienses…

Sí, yo terminé tan sorprendido como usted. Pensé que la seguridad no era un problema grande en todo el mundo. Pero la evidencia es clara, la globalización y sus problemas también llegaron a Vancouver: aquí también hay inseguridad…

Titulamos la columna de este día sábado de finales de julio como “El costo de no hacer nada”. 

Y ése en realidad fue el título de una de las presentaciones de la conferencia sobre inversiones organizada por la empresa Agora Financial en Vancouver. 

Juan Enríquez es el CEO de una empresa llamada Biotechonomy LLC, especializada en investigaciones sobre ciencias de la vida en temas relacionados al genoma humano y todos sus derivados. Además, él tiene un fondo de inversión que invierte en estas empresas y escribió un libro llamado “Transformando las vidas, transformando los negocios: la revolución de la ciencia de la vida”.

Enríquez habló sobre algo que en esta columna abordamos en algún momento y es el tema de las patentes farmacéuticas y el difícil proceso que tienen que pasar para lanzar nuevas drogas. La creencia generalizada es que cuantos más controles, mejor.

Bueno, este especialista cree que el asunto es inverso. En su presentación mostró un dato escalofriante: veinte años atrás, el promedio de gasto que una farmacéutica tenía que hacer para lanzar un nuevo remedio estaba en el orden de los US$ 100 millones. Hoy, las farmacéuticas tienen que gastar US$ 1.000 millones para lanzar una nueva droga. 

¿Por qué aumento diez veces este costo? La FDA, la agencia que regula este mercado en Estados Unidos, tiene cada vez más requisitos y trabas que las farmacéuticas tienen que cumplir, por lo tanto, el costo no para de subir.

Según Enríquez, muchas farmacéuticas tendrían la respuesta a varias de las enfermedades que hoy siguen amenazando y matando a millones de personas en todo el mundo. Pero debido a los altos costos, estas empresas no invierten el dinero suficiente para lanzar la nueva droga porque simplemente no es un negocio rentable en estas condiciones.

Esto está provocando que las farmacéuticas inviertan cada vez menos en investigación y desarrollo y, en cambio, usen todo ese dinero para fusiones, adquisiciones y marketing.

Y esta situación es mucho peor para los países pobres, que tienen que enfrentar enfermedades que no tienen los más desarrollados. Esto se debe a que las farmacéuticas van a poner más foco en lanzar remedios para los países ricos y no tanto para los pobres, ya que en éstos últimos no existe un mercado que pueda hacer rentable un remedio que sale US$ 1.000 millones lanzarlo al mercado.

Ante esta situación, Enríquez, se pregunta, “¿no es peor el remedio que la enfermedad?. La FDA, con todos estos controles, quiere evitar que los nuevos remedios maten gente. Y eso está muy bien. ¿Pero qué pasa con todas las millones de personas que mueren en el mundo por enfermedades que podrían tener cura?”.

El famoso costo de no hacer nada. El costo por no actuar o actuar despacio. Según Enríquez, este costo debería ser calculado por la FDA. Y según su experiencia, este cálculo podría tener resultados sorprendentes y reveladores. En su opinión el Gobierno estadounidense está “matando gente por no actuar”.

Ante este panorama uno se pregunta, ¿no sería mejor una industria farmacéutica con menos controles? ¿Son realmente eficientes para nosotros, los consumidores, las patentes y estas medidas que teóricamente nos protegen?

Es difícil tener una respuesta. Pero el sólo hecho de planteárselo es un avance. Lo difícil de estos temas es que muchas veces la respuesta más intuitiva es una equivocada. 

Volviendo al mundo de las inversiones, no tenga duda de que este tema del “costo de no hacer nada” está directamente relacionado al mundo de las finanzas personales. La mayoría de las personas posterga el “problema” de ocuparse de sus ahorros hasta el final. Hasta cuando llega el momento de retirarse. Pero cuando eso ocurre, puede ser tarde.

Nuevamente, el costo de no hacer nada cuando somos jóvenes no lo medimos. Pero es muy alto, no tenga duda.

Otra de las presentaciones que me impactó fue la de un profesor de Historia de la Universidad de Harvard, llamado Niall Ferguson. Recientemente escribió un libro llamado “Civilización: El Occidente y el resto”, que no sólo fue un éxito de ventas, sino que también inspiró una serie de documentales muy populares que produjo la televisión inglesa. 

Empezó su presentación citando el famoso libro de Francis Fukuyama llamado “El Fin de la Historia” donde el autor predice el fin de la “guerra fría”, el fin del comunismo y el comienzo de una nueva era capitalista, donde estas tensiones entre comunismo y capitalismo desaparecían y el liberalismo democrático se convertía en la corriente principal y única. 

La caída del muro de Berlín en cierta manera confirmó esta “predicción” de Fukuyama.

Ahora, lo que nadie predijo, según Ferguson, es el fin del predomino del mundo occidental.

Nadie se imaginó el crecimiento en importancia económica y política que tuvieron los países emergentes liderados por China e India, durante la última década. Y nadie predijo la decadencia económica que Occidente, Estados Unidos y Europa, están viviendo en este momento.

Según Ferguson, Estados Unidos no entró en una recesión peor a la de 1929 en el año 2008 por dos razones:

1 – La Deuda: Se gastó una cantidad de dinero inconmensurable para rescatar a los bancos y sacar la economía de la depresión. Según Ferguson, en el año 2055, sólo los intereses de la deuda estadounidense van a implicar todo el presupuesto del país… Es decir, de seguir esta tendencia la deuda no se va a poder pagar…

2 – Emisión: Se pasó de una emisión anual del 10% del PBI al 20% en la actualidad y esto, al igual que la deuda, sacó a Estados Unidos de la depresión total.
La gran pregunta que todos esperan contestar es si esto no va a general inflación, tarde o temprano. Aunque en realidad, Ferguson afirma que de alguna manera la inflación ya se está dando por la pérdida del predominio estadounidense versus los países emergentes.

Una de las cifras que el historiador mostró es el ratio de producto per cápita de Estados Unidos sobre China. En el año 1978 el PBI per cápita de Estados Unidos era 22 veces mayor que el de China. Mientras que hoy esa diferencia se achicó a sólo 4 veces. Y China sigue creciendo y en pocos años tiene todo para superar a Estados Unidos.

Luego Ferguson se focalizó en hablar sobre cómo habían hecho los países emergentes para crecer tanto y discutir la hegemonía occidental. En su opinión, estos países se habían bajado las siguientes “6 aplicaciones (apps)” para crecer, comparando esto con las aplicaciones que las personas se bajan hoy en los teléfonos celulares inteligentes:

1.La Competencia 
2.El método científico 
3.La vigencia de la Ley 
4.La medicina moderna 
5.La sociedad de consumo 
6.La ética de trabajo

Estas seis costumbres, prácticas o “apps”, como las llama Ferguson, antes sólo eran llevadas a cabo por los países occidentales. Pero hoy, muchos países emergentes están superando a esos países en estos seis aspectos.

Por ejemplo, los países asiáticos son muy superiores en matemáticas y ciencias que lo que puede ser Estados Unidos y Europa. China ya registra más patentes por año que países como Alemania. 

Además, trabajan muchísimas más horas. Consumen cada vez más, los mayoresShoppings Centers están en Asía, ya no están más en Estados Unidos. Y tienen una expectativa de vida que se niveló entre el mundo emergente y occidental.

Y eso por supuesto, genera crecimiento, empleo, mayores ingresos, en definitiva: progreso. Un progreso que hasta hace poco sólo era posible en el mundo occidental.

Ferguson terminó su magnífica presentación realizándose seis preguntas relacionadas a pensar hacia dónde va el mundo:

1.¿Puede Estados Unidos detener su caída o el imperio se derrumbará finalmente? 
2.¿Puede Europa evitar la desintegración? 
3.¿Podrá llegar alguna vez la vigencia de la Ley y la democracia a China? 
4.¿Puede el mundo musulmán terminar sus reformas? 
5.¿Puede África vencer a Malthus? Por el desafío que implica alimentar a una población que crece en forma exponencial.

Si uno se toma en serio el desafío de invertir su dinero, sus ahorros, no sólo para su futuro, sino también para el de nuestras futuras generaciones, estas preguntas que plantea Fergunson son de vital importancia.

La respuesta a estos interrogantes puede afectar temas tan básicos como ser en qué moneda ahorrar. Cómo proteger nuestro patrimonio. Dónde invertir, entre muchos otros asuntos relevantes.

Hay muchas cosas más para contar sobre lo que pasó en estos 4 fabulosos días hablando sobre el mundo de las inversiones, la innovación y el progreso. Pero por ser un día sábado, creo que ya le conté bastante…

En otras entregas prometo relatarle más sobre otros aspectos que me llamaron la atención de la conferencia. Por lo pronto, esta noche estaremos viajando a Bogotá, Colombia, donde estaremos la próxima semana.

Verá, la Bolsa de Colombia fue la que creció más en el mundo durante los últimos 10 años, un 30% anual desde 2001 a 2011. Aparte, su Bolsa ya pertenece al MILA, la asociación de Bolsas que realizaron Chile, Colombia y Perú. Y a la que próximamente se unirá México, creando la segunda Bolsa más grande de Latinoamérica, discutiendo el hoy cómodo liderazgo brasilero en la región.

Esto va a cambiar el mundo de las inversiones individuales del continente. No tengo dudas. Y por ello, queremos estar allí. No sólo para acercarle cada vez más ideas y recursos a nuestros clientes latinoamericanos, sino también para seguir acercándoles las mejores inversiones a nuestros lectores argentinos.

Le deseo un excelente fin de semana,

Federico Tessore.
Para Inversor Global.

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