Guía del inversor ético, parte I: Un estilo que gana popularidad

Los conceptos de sustentabilidad y ética están cada vez más presentes en el mundo de las inversiones, aunque en esta guía nos centraremos exclusivamente en el segundo. En primera instancia uno se preguntará qué es un inversor ético. Al ser un concepto que tiene un alto grado de subjetividad, es difícil arribar a una definición de manual al respecto. Todo dependerá de lo que en realidad signifique para cada inversor que una compañía actúe de manera ética y los diferentes puntos que se priorizarán a la hora de apostar su capital.

No obstante, a pesar de la subjetividad que mencionamos previamente, podríamos intentar trazar una definición de inversión ética como “la decisión de algunos inversores de apostar a empresas que lleven a cabo actividades para crear un mundo mejor o que por lo menos no están empeorándolo”.

Un inversor ético va a querer que sus finanzas personales vayan de la mano con sus valores humanos, no apostando a empresas que, por más que tengan cajas enormes, sus productos generan conflictos o puedan eventualmente hacer mal al mundo. En ese sentido, un inversor de este tipo no invertiría en los fabricantes de cigarrillos Phillip Morris International o en la firma de armamento militar Lockheed Martin. Son compañías que, si bien venden productos y pertenecen a una determinada industria como cualquier empresa, no son reconocidos por mejorar la calidad de vida de las personas. En pocas palabras, un inversor arma su porfolio inversor en función a determinados postulados de vida.

Cada vez hay más éticos

Según datos del Foro para la Inversión Sustentable y Responsable de Estados Unidos, la tasa de inversiones éticos en ese país subió 13% de 2007 a 2010 y en la primera economía del mundo que uno de cada ocho dólares están destinados a inversiones de este tipo. Entre otras cifras, las inversiones socialmente responsables comprenden actualmente US$ 3 billones de los US$ 25 billones que circulan en el mercado estadounidense actualmente.

Ahora, la pregunta es cuáles son las características más representativas de un inversor éticamente responsable. Principalmente, son personas que están sumamente involucradas en sus inversiones. Toman muy en serio su papel de accionistas de la empresa, ya que leen todos los prospectos, participan en las reuniones de accionistas, proponen ideas para la firma, velan por la transparencia contable y apuntan a tener el mejor management, entre otras. Asimismo, en donde más énfasis hacen estos inversores es en las políticas de la compañía respecto al trato con el medio ambiente, los derechos humanos y al manejo del capital humano.

El estilo ético de inversión siempre ha sido subestimado por el común del mercado, ya que consideran que va en contra del perfil de un ahorrista, que acude a todo instrumento que le signifique bonanza. En cierta manera se busca desmitificar que un inversor ético obligatoriamente sacrificará sus ganancias por el bien de la humanidad.

Ahora, la otra pregunta es cómo puede considerarse que un inversor no es ético en términos financieros. Que una persona no tome este estilo para invertir no necesariamente significa que su conducta no sea ética. Por ejemplo, mencionamos anteriormente que este tipo de ahorristas son sumamente exhaustivos en el análisis de los prospectos de las compañías, por lo que una persona que tiene una jornada laboral extensa no tiene tiempo físico para realizar esa tarea. Es por eso que pone sus ahorros en un fondo que apueste a un índice o un activo que le asegure una ganancia. Si bien este inversor no es ético, puede tener motivos sumamente dadivosos por los cuales invertir. Por ejemplo, puede entrar a apostar en Bolsa para juntar dinero para pagar la educación de su hijo cuando éste deba ir a la universidad.

No obstante, si bien es una tendencia que crece cada vez más, hay que analizar a fondo una empresa para determinar si realmente se trata o no de una inversión ética. Esto se debe a que tal vez una empresa vende un producto socialmente responsable, pero a costas de desarrollar un sistema de negocios polémico. Quizás una compañía que atiende exitosamente cuestiones ambientales tiene descuidadas las temáticas sociales. O una firma puede donar enormes cantidades de dinero en materia de beneficencia pero tiene una fábrica donde tiene operarios trabajando en condiciones laborales precarias.

Incluso hay espacio para inversores no éticos e interesados en esta tendencia. Esto se debe a que si uno apuesta a empresas sustentables o éticas, tiene menos probabilidades de tener pérdidas por un litigio con la ley. Además, una compañía con una buena imagen pública, tiene más probabilidad de vender sus productos y aumentar sus márgenes.

En ese sentido, esta primera entrega muestra una introducción a este estilo inversor que, si bien aún está madurando, podría tener mucho potencial de cara al futuro. 

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